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El jurista que ultima la ley de desconexión

Carles Viver Pi-Sunyer, exvicepresidente del Constitucional, ha diseñado la norma que amparará el referéndum y que ya está casi lista

Carles Viver Pi-Sunyer, en un acto oficial
Carles Viver Pi-Sunyer, en un acto oficial

Carles Viver Pi-Sunyer, magistrado del Tribunal Constitucional entre 1992 y 2001 (los últimos cuatro como vicepresidente) es desde 2013 el timonel jurídico del proceso independentista. Suyo es el diseño de la ley de transitoriedad jurídica que ha de amparar el referéndum y que, según desveló ayer la CUP, está ya redactada en un 95 %, aunque se desconoce su contenido, más allá de que los anticapitalistas y Junts pel Sí la han pactado.

El secretismo es la característica de muchos de los informes elaborados por Carles Viver en los últimos años desde diversos organismos de la Generalitat y que reflejan la evolución ideológica de este jurista, que ha abrazo la secesión al considerar que el autonomismo ha fracasado.

“He llegado a la conclusión, ya hace años, de que la única salida que tiene Cataluña es la de la independencia. Lo único que me sabe mal es no haberme dado cuenta antes, pero no renuncio a nada de lo que he hecho profesionalmente, lo mantengo”, aseguró este constitucionalista cuando compareció en la Comisión de Asuntos Institucionales del Parlament el pasado 14 de diciembre.

“Dejaré mi cargo en el momento en que Cataluña sea independiente, que espero que sea pronto”, añadió Viver,que desde 2004 está a sueldo de la Generalitat: primero para ensanchar la autonomía catalana con la redacción del Estatuto y después entregado a la causa secesionista desde su particular interpretación del derecho que cuestionan muchos colegas.

Libro blanco

En marzo de 2013 Artur Mas le nombró presidente del Consejo Asesor para la Transición Nacional, desde el que dirigió la redacción del libro blanco en el que explica cómo ha de ser el nuevo Estado catalán y, lo que es más importante, cómo llegar a él desde una nueva legalidad.

“He llegado a la conclusión de que la única salida es la  independencia. Lo que lamento es no haberme dado cuenta antes”

En febrero de 2015 la Generalitat redobló su confianza en él como Comisionado para la Transición Nacional. El Gobierno del PP recurrió y el Constitucional suspendió ese organismo en julio de 2015. Pero ni eso, ni el relevo en la presidencia fue obstáculo para que Carles Puigdemont volviera a confiar en Carles Viver y le designara a principios de 2016 director del Instituto de Estudios del Autogobierno, un organismo que sustituyó al Instituto de Estudios Autonómicos que ha dirigido Pi-Sunyer desde 2004, cuando lo nombró el gobierno tripartito de Pasqual Maragall.

Diversos colegas cuestionan la interpretación del derecho que ha venido haciendo estos años Carles Viver. Entre ellos Xavier Arbós, catedrático de derecho constitucional de la Universidad de Barcelona, que confiesa un respeto intelectual por él, tan grande como la discrepancia jurídica que les separa.

“Nos guste o no, en la Constitución no cabe de ninguna manera la secesión de Cataluña. Eso no lo puede sostener ningún jurista y no se puede decir que se pasará de la legalidad española a la catalana sin más, como se pasó de la dictadura a la democracia. Esa analogía no es posible y no es una cuestión de interpretar el derecho”, dice Arbós.

El constitucionalista Francesc de Carreras también se muestra crítico. “Si se quiere la independencia ha de saltarse la ley, no se puede hacer de otra manera. No cabe un referéndum de autodeterminación, salvo que se reforme la Constitución y todos los españoles voten que España pasará a tener 16 comunidades autónomas y no las 17 actuales”.

Carles Viver ha rechazado explicar sus tesis a requerimiento de EL PAÍS. En su comparecencia en el Parlament explicó que si ha abrazado el independentismo como jurista es porque su biografía coincide con la de miles de catalanes que ven en la secesión la única salida tras varios ver frustrada la mejora del autogobierno. Según explicó, intentó hacer una relectura de la Constitución para ampliar las competencias de las autonomías cuando era magistrado del Constitucional y fracasó. Lo volvió a probar con una reforma del Estatut y también pinchó, y más tarde propuso una reforma jurídica del sistema de financiación y volvió a fracasar.

Los colaboradores que han trabajado con Carles Viver coinciden en que la sentencia del Estatuto marcó un punto de inflexión y que ayuda a explicar su evolución como jurista. El fallo le produjo un doble efecto negativo: profesional y personal. “La sentencia le afectó mucho porque se sintió desautorizado por sus compañeros del Constitucional. Estaba convencido de que el Estatuto reformado en el que había puesto el alma se mantendría y no fue así", explica una persona que le conoce desde hace décadas y que reclama el anonimato.

El factor humano

Otro de los estrechos colaboradores que tampoco quiere identificarse habla del “factor humano” de la sentencia. “El Estatuto era un hijo intelectual suyo. El fallo del Constitucional le hizo cambiar su visión de las cosas. Llegó a decir que, al final, lo que importa es la política. Él, un hombre que recelaba de los políticos y que defendía que lo importante eran los juristas”.

“Nos guste o no, en la Constitución no cabe de ninguna manera la secesión de Cataluña", dice otro constitucionalista

En esa misma línea se expresó Carles Viver en el Parlament. “La experiencia histórica demuestra que cuando hay una situación de bloqueo la política desplaza al derecho e inmediatamente se ha de volver a reconstruir, en el mismo instante, un nuevo orden constitucional. Y aquí nos encontraremos posiblemente", dijo a los diputados.

“Su opción política no es la mía. No creo que pretenda dar una justificación jurídica del salto en el vacío que representa la ley de transitoriedad jurídica”, añade Arbós. Carles Viver justifícó ante los parlamentarios que no trascienda el contenido de esos textos “por prudencia”.

El exmagistrado del Constitucional admitió sin reparos que lleva tiempo preparando las llamadas “estructuras de Estado” antes de que los catalanes se hayan pronunciado si desean o no la independencia. “Si no lo estuviésemos haciendo ustedes nos harían una crítica” y dirían que “somos unos inconscientes. Pues no lo somos, lo estamos preparando a fondo [la independencia] como preparamos también otros escenarios”.