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Un crudo retrato de Venezuela

Casa de América proyecta un ciclo de documentales sobre la industria petrolera del país

Pozo petrolífero en el Estado venezolano de Zulia, en diciembre de 2015.
Pozo petrolífero en el Estado venezolano de Zulia, en diciembre de 2015. Reuters

La historia de un país se puede contar de muchas maneras y con diferentes enfoques. El cineasta Carlos Oteyza (Caracas, 1951) ha retratado Venezuela a través de uno de sus bienes más preciados: el petróleo. Esta prospección al siglo XX de su país se podrá ver mañana y el 24 de enero en Casa de América, donde se proyectarán los tres “reventones”: El Reventón I y II el primer día y el III el martes de la próxima semana. Además, el día 30 se celebrará una mesa redonda en la que varios expertos —como el economista venezolano Pedro Palma, el profesor del IE Business Scholl Juan Carlos Martínez y el propio Oteyza— profundizarán en el impacto de la producción de crudo en este petroestado.

Oteyza, que habla por teléfono desde su casa en Caracas con EL PAÍS, explica que lo que los madrileños van a encontrar en estos documentales es la transformación y el descubrimiento de una nación con datos y hechos que facilitarán el entendimiento de lo que es hoy Venezuela. Incide tanto en la conversación como en los documentales que eso también es lo que descubren los venezolanos. Oteyza repite la palabra paradoja varias veces en la charla: “La paradoja de ser uno de los mayores productores mundiales de petróleo y que la mitad de la población viva en condiciones de pobreza”; “la paradoja de que el imaginario colectivo venezolano es que somos un país rico, durante la segunda mitad del siglo XX estábamos en la punta del consumo de productos tecnológicos y hoy yo no te puedo llamar con mi móvil a Madrid, y es solo un pequeño ejemplo”. Y la paradoja más recurrente: “La de que el venezolano de a pie vive de espaldas a la industria petrolera, como si no fuera con él”.

Asegura Oteyza que fueron educados en que el petróleo era algo que se iba a acabar, lo que generó una distancia. “Era pasajero, de empresas extranjeras”, afirma. Esto se dejó ver en la cultura como cuenta en el tercer documental: no había manifestaciones artísticas que reflejaran la revolución que la producción de hidrocarburos estaba suponiendo para Venezuela. Algunos escritores hablaron de ello creando una leyenda negra, donde el petróleo es el culpable de romper la tradición del país ligada al campo, al café... Pero en otros ámbitos el país prosperó. En los Juegos Olímpicos de 1952, Venezuela ganó su primera medalla, la de bronce en triple salto para Asnoldo Devonish, un trabajador de Shell. Un significativo número de los deportistas venezolanos venían de la industria petrolera, ya que en las zonas donde vivían tenían más comodidades que en otros lugares: áreas deportivas, seguro médico, cine, economatos...

Tráiler de El Reventón I.

Todo esto, que Oteyza divide en tres etapas —cada una corresponde a uno de los documentales—, es la maceración de lo que será el cuarto reventón. “Todavía no lo podemos hacer porque no se ha acabado un ciclo, los otros están muy marcados: hasta 1943 no había orden y por fin el Estado promulgó una ley para poder vivir del petróleo. Luego, en 1976, el Estado acabó con las concesiones a empresas extranjeras, determinación que tomaron también los países productores de petróleo de Oriente Próximo. El último ciclo se cierra con la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999, que generó una industria de hidrocarburos acomodada al Gobierno, no al Estado”.

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