ANÁLISIS

Una ciudad del siglo XXI

El cierre al tráfico de Gran Vía invita a reflexionar sobre la ciudad queremos y cómo organizamos su movilidad

Zona habilitada para los peatones durante la Operación Navidad en la Gran Via.
Zona habilitada para los peatones durante la Operación Navidad en la Gran Via. SAMUEL SANCHEZ

En estos días estamos asistiendo a un importante debate a propósito del cierre al tráfico de coches en la Gran Vía y otras calles de Madrid. Un debate que debemos aprovechar para reflexionar sobre la ciudad queremos y cómo organizamos su movilidad.

Las grandes ciudades del siglo XXI son espacios donde las personas trabajan, pasean, hacen deporte, compran, conversan, disfrutan de tiempos de ocio, y por supuesto descansan…. La organización de todas estas actividades, junto a la apuesta por un modelo de movilidad sostenible, es el mayor reto que tenemos. A ello debemos dar respuesta desde el Ayuntamiento de Madrid.

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Esperanza Aguirre defiende una Gran Vía abierta al tráfico alegando que se ideó en el siglo XIX para resolver los enormes atascos de carruajes en nuestra ciudad. Su recurso al pasado y su permanente insistencia en negar el peligro que supone para la salud de los ciudadanos y el medio ambiente nuestro actual modelo de movilidad, nos alerta sobre que la resistencia de la derecha a los cambios no es al algo nuevo, viene de lejos.

Obviamente, el debate del siglo XXI no es coches sí o no, y mucho menos carruajes sí o no. El debate es movilidad sostenible y limpia o atascos, ineficiencia energética e insostenibilidad medioambiental.

En el caso de esta actuación, aún es pronto para hacer balance, pero algo es evidente: la medida va en la dirección correcta. Siempre es mejor planificar el cierre de algunas vías que hacerlo de manera improvisada cuando se saturan. Por tanto, el único debate real es sobre cómo se ha puesto en práctica esta iniciativa. Una vez más, la gestión. La llave que puede transformar buenas ideas en pesadillas ciudadanas o en avances consolidables.

El gobierno de Ahora Madrid ha cometido fallos destacables. El primero, la falta de información y la ausencia de una comunicación que explique a la ciudadanía los motivos y ventajas de esta decisión y haber tenido en cuenta a vecinos, comerciantes, profesionales, etc.., para aplicarla con inteligencia y flexibilidad. Además, habría que tener prevista la mejora del transporte público.

Con propuestas cómo esta se trata de hacer una ciudad para las personas y no para los vehículos, que planifica la movilidad, que busca accesibilidad y prioriza la salud, que impulsa el transporte público. Por eso la compartimos, aunque creemos que debería haberse gestionado mejor, y sobre todo con la ciudadanía.

Madrid necesita cambios que sólo serán posibles con la complicidad y el compromiso del conjunto de la sociedad. Hoy podemos perder esa oportunidad si las actuaciones puntuales que se llevan a cabo se hacen de manera improvisada y provocan el rechazo de los ciudadanos, aunque procedan de buenas ideas y tengan las mejores intenciones.

Purificación Causapié es portavoz socialista en el Ayuntamiento de Madrid.

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