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Demoledora ‘Elektra’

Un elenco vocal de lujo protagoniza la ópera de Richard Strauss bajo la batuta de Josep Pons

La soprano Evelyn Herlitzius interprera a Electra en la ópera de Strauss. Ampliar foto
La soprano Evelyn Herlitzius interprera a Electra en la ópera de Strauss.

Velada histórica en el Liceo con el estreno en España del montaje de Elektra firmado por Patrice Chéreau. El director de escena, cineasta y actor francés murió apenas tres meses después de su triunfal estreno, en julio de 2013, en el Festival de Aix-en-Provence; desde entonces, despierta pasiones por donde pasa. En una lección de teatro y vida musical que deja huella, Chéreau explora la psicología de los personajes de Elektra con una mirada inquietante, perturbadora en su capacidad de humanizar el mito y renovar la lectura de la genial ópera de Richard Strauss y Hugo von Hofmannsthal. Y el Liceo vibró tras la memorable función dirigida por Josep Pons, con la demoledora Electra de Evelyn Herlitzius al frente de un gran reparto.

Un escenario mínimo, una iluminación, un vestuario moderno. No necesita nada más Chéreau para ambientar una lectura de implacable tensión de un drama que, bajo su sabia mirada teatral, se acerca a la sensibilidad del espectador de hoy; lejos de los estereotipos, vemos en el escenario personas de carne y hueso que viven en un mundo real, sin coartadas mitológicas.

Elektra, de Richard Strauss

Libreto de Hugo von Hofmannsthal.Evelyn Herlitzius, Waltraud Meier, Adrianne Pieczonka, Thomas Randle, Renate Behle, Roberta Alexander, Franz Mazura. Coro y Orquesta Sinfónica del Gran Teatro del Liceo. Director de escena: Patrice Chéreau.

Director musical: Josep Pons. Dirección de escena de la reposición: Vincent Hughet. Coproducción: Liceo, Scala de Milán, Metropolitan Opera House (Nueva York), Festival de Aix-en-Provence, Staatsoper Unter den Linden (Berlín), Finnish National Opera (Helsinki),

Liceo. Barcelona, 7 de diciembre.

La dirección de actores -pura filigrana- aporta matices novedosos. Chéreau aprovecha la geometría del espacio y el movimiento de los personajes para hacer gran teatro: ver a las sirvientas barriendo antes de que estalle la música al abrirse una gran puerta crea de entrada una tensión que jamás decae; los gestos muestran rescoldos de lazos afectivos entre Electra y su madre, que acaricia sus cabellos en un destello de ternura. Y el final es sobrecogedor: tras una danza primitiva, orgiástica, Electra extenuada, vacía ya en su ansia de venganza, no cae muerta sino que permanece sentada ante la desesperación de Crisótemis y el silencio distante de Orestes.

Sin rebajar la tensión dramática y la violencia de la partitura, Pons realiza un trabajo notabilísimo al frente de la orquesta del Liceo, evita excesos, cuida el equilibrio con las voces y perfila refinados colores en una partitura de asombrosa maestría orquestal. Los músicos se entregaron a fondo y cosecharon merecidamente atronadores aplausos.

Ver a Evelyn Herlitzius meterse en la piel de Electra es una experiencia operística que no se olvida. La identificación con el personaje es tan honda que deja hipnotizado al espectador en un derroche de medios como cantante y actriz. Voz de amplio volumen, con fisuras en los ataques a ciertas notas, pero de una fuerza demoledora en la dicción, los gestos y la danza, porque en esta partitura -y Pons los subraya en el foso con placer- late el espíritu decadente del vals vienés como motor de ideas musicales.

La angustiada y temerosa Clitemnestra que Waltraud Meier recrea lejos de los excesos histriónicos es tan apasionante como la intensa, bien calibrada y emocionante Crisótemis de Adrianne Pieczonka. Magnífico Orestes de Alan Held y correcto Egisto de Thomas Randle, en un cohesionado reparto con comprimarios de lujo, con Renate Behle como celadora, Roberta Alexander como quinta sirvienta y Franz Mazura, que a sus 92 años da vida al preceptor de Orestes. Al experimentado reparto, casi el mismo que estrenó el montaje, se suma con acierto Mariano Viñuales como viejo sirviente.

Gran noche de ópera, en todos los aspectos, incluida la presencia en el palco de autoridades de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, en su primera función de estreno en el coliseo lírico de la Rambla, todo un gesto que evidencia cierto deshielo en la relación del consistorio con el Liceo. Colau ha podido comprobar in situ la pasión que, cuando está bien hecha, despierta la ópera; cobran especial valor las muestras de entusiasmo ante el rendimiento de la orquesta y la dirección de su titular: cuando mejor sea la orquesta, mejor será el teatro y elevar su nivel de calidad exige el máximo apoyo institucional.