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La India rural y colorista de Cristina García Rodero

Caixaforum Barcelona expone 80 fotografías de su trabajo sobre los más desvalidos de este país asiático

Garcia Rodero, junto a una de sus fotografías.rn
Garcia Rodero, junto a una de sus fotografías.

Cristina García Rodero (Puertollano, Ciudad Real, 1949) es una de las grandes de la fotografía española. Sus trabajos en blanco y negro están asociados, en gran parte, a reflejar cómo han perdurado de fiestas españolas que hunden sus raíces en siglos y siglos de tradición. Pero la fotógrafa de Magnum (la primera mujer española que consiguió trabajar para esta agencia) también nos ha mostrado otras realidades más lejanas, como los conflictos bélicos y sus efectos en Georgia y Armenia, la difícil realidad cotidiana de Cuba bajo los efectos del bloqueo comercial o los rituales del agua y el carnaval en Haití. Ahora, García Rodero nos lleva un poco más lejos, a la zona india de Anantapur, en el estado de Andhra Pradesh, una de las más pobres del país y las aldeas rurales en las que trabaja la Fundación Vicente Ferrer. Allí ha estado haciendo fotografías durante mes y medio para mostrar cómo transforma esta ONG las comunidades donde actúa. Su trabajo, en enormes fotografías en color, puede verse en Tierra de sueños,la exposición que se inaugura hoy en CaixaForum de Barcelona (luego viajará a Madrid y al resto de sedes españolas), ya que su trabajo fue un encargo que recibió por parte de Fundación La Caixa hace dos años.

“Cuando acepté el encargo pensé que sería fácil, pero cuando llegué a la ciudad vi que era horrible, los paisajes horrorosos y la luz espantosa, además no conseguía que la gente dejara de perseguirme por lo que pensé, cómo voy a hacer un buen trabajo”, comienza a relatar la multipremiada fotógrafa, entre ellos el Nacional de Fotografía en 1996. “Pese a eso, realicé 67.000 imágenes de las que he seleccionado 80, escogidas tanto por su valor artístico como por la historia que hay detrás de cada una de los fotografiados”, explica sin dejar de mirar al interlocutor con sus enormes ojos.

“Gracias a la fundación todo el mundo me abrió sus puertas, porque generaba confianza”, asegura mientras desgrana multitud de historias que le han dejado mella. Como la de Nagamani, un pequeño de seis años con glaucoma congénito, una enfermedad poco común que causa ceguera irreversible si no se trata a tiempo. La de Nandini, la joven albina que estudia en la escuela de primaria para personas con discapacidad visual de Bukaraya Samudran de la Fundación Ferrer o la de la bella Shirvani, apenas una niña, retratada, con mirad asustada, el día de su boda que porta un saco de arroz como ofrenda a la familia del novio como muestra de confianza de que no faltará comida al nuevo matrimonio. “Me enamoré de ella, por eso decidí que fuera la imagen de la exposición”, explicó la fotógrafa. “Me colé en siete bodas, es uno de los momentos más importantes de la mujer india, porque te juegas el 80% de tu vida. La mayoría no conocen a sus maridos. También visité los hospitales que regenta la fundación por donde pasan donde me sorprendió la alegría de la familia cuando nace un niño y la desilusión de una madre cuando se entera de que ha parido a una hija a la que tendrán que pagar la dote a su futuro marido. De hecho, a las embarazadas no les muestran las ecografías para que no aborten si saben que están gestando una niña”, relató con gran pesar la fotógrafa.

Las imágenes cargadas de colores saturados parecen alegres y vitalistas, pero con una mirada más atenta descubres que sus protagonistas son, en su mayoría, los más desfavorecidos: enfermos de polio y de sida, mujeres víctimas de maltrato o afectados por algún tipo de deficiencia, personajes todos muy vulnerables, en una sociedad ya de por sí vulnerable que muchas veces son abandonadas por sus familias que deciden no hacerse cargo de ellos.

Empatía

Satisfecha con su experiencia que sin duda le ha marcado “tanto como los trabajos que hice en Georgia y Armenia”, agradeció el respaldo para poder materializarlo de las dos fundaciones. “Nos interesaba su mirada, su visión y su empatía hacia personas de comunidades rurales de las que se desprende esperanza”, explicó Elisa Duran, directora general adjunta de la fundación La Caixa.

“¿Qué será de todos ellos cuando sean mayores, cuando ya no puedan acudir a los centros de la fundación?”, preguntaba ayer García Rodero a Jordi Folgado Ferrer, director general de la Fundación Vicente Ferrer, que trabaja en 3.260 pueblos y beneficia a más de tres millones de personas en la India. “Sus imágenes nos ayudarán a concienciar a la sociedad, porque la pobreza y el sufrimiento no están para ser entendidos, sino para ser resueltos”, aseguró Folgado citando a su tío y fundador Vicente Ferrer. Por ahora, la fotógrafa tiene previsto volver a la India: “Tengo que llevarles a muchos de ellos sus fotografías, porque ellos no tienen imágenes para recordar, ni tan siquiera del día de su boda”.