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Colau cede ante los vecinos para salvar la ‘supermanzana’

El Ayuntamiento ensanchará los carriles en los giros, mejorará la señalización y las zonas de carga y descarga

Se han ampliado los carriles de circulación en los giros para facilitar el paso de vehículos, se mejorará la señalización de las zonas de carga y descarga y la frecuencia semafórica, y se reforzará la presencia de Guardia Urbana. Dos semanas después de la implantación de la supermanzana del Poblenou, en Barcelona, el gobierno de la alcaldesa Ada Colau ha comenzado a implantar los ajustes con los que busca salvar la prueba piloto de uno de los proyectos centrales de su mandato: sacar coches de las calles para reducir la contaminación y mejorar el espacio público.

La ‘supermanzana’ del Poblenou es la primera que se implanta en Barcelona.
La ‘supermanzana’ del Poblenou es la primera que se implanta en Barcelona.

El gobierno de Colau también informará de la oferta comercial en los accesos a las nueve manzanas donde se ha restringido el tráfico; se sincronizará el nuevo sistema en los navegadores y mejorará la coordinación con los servicios municipales y de emergencias. “Son ajustes que nacen de las propuestas de los vecinos y el entorno en los primeros 15 días desde la puesta en marcha”, explican fuentes municipales.

 Pese a que había informado de la supermanzana en el pleno del distrito de Sant Martí, en órganos como el Consejo de Barrio, con una campaña de buzoneo y que tenía la complicidad de la Asociación de Vecinos del Poblenou, el Ayuntamiento tuvo que organizar dos reuniones en plena calle el pasado lunes y también el viernes. Unas sesiones que capitaneó la máxima responsable política del proyecto, la teniente de alcalde Urbanismo y Movilidad, Janet Sanz. Los encuentros continuarán en los próximos días y el 28 de septiembre está prevista una “diagnosis colectiva” en el edificio MediaTic.

La prueba piloto que se quedó en Nueva York

AMANDA MARS

En Nueva York, lo que empezó como una prueba, se convirtió en algo permanente. El exalcalde Michael Bloomberg cortó en 2010 dos importantes puntos de la avenida Broadway —que cruza casi de arriba abajo, en diagonal, Manhattan— para crear plazas peatonales, con sillas y meses. Era una prueba piloto que duró ocho mesas y buscaba que crear en dos puntos neurálgicos de esa gran arteria, Times Square y Herald Square, dos zonas de recreo donde la gente puede almorzar o tomarse un descanso.

Durante ese tiempo de experimento, el ayuntamiento constató, por una parte, que el tráfico no se colapsó en el Medio Manhattan, ya que junto a Broadway seguían circulando los coches por la Sexta y la Séptima avenida; por otra parte, el número de atropellos e incidentes con los peatones se redujo drásticamente. No lograron en aquel primer momento otros objetivos de acelerar el tráfico de coches por las calles paralelas, pero el balance de esos meses convenció a las autoridades de convertir las isletas peatonales en algo permanente.

Tanto Times Square, la famosa zona de luces de neón que atrae a los turistas de todo el mundo, como Herald Square, que está unas 10 calles más abajo y alberga los grandes almacenes Macy’s, son dos puntos de enorme trasiego en una ciudad agitada. Cada día, en la primera, entran unas 300.000 personas a pie, lo cual hace que muchas veces se colapse y cueste avanzar por ella, aunque ya no pasen coches por la zona central.

La prueba no requirió grandes obras, el ayuntamiento simplemente puso vallas y pintó el suelo por donde no podían pasar los coches de otro color, si bien ahora sí que hay trabajos de construcción en Times Square. Manhattan es, no obstante, un distrito de la ciudad de tráfico intratable, donde son minoría los profesionales que se desplazan en su propio coche.

A partir del diagnóstico, el consistorio que dirige Ada Colau decidirá si hace también ajustes en la ubicación de las paradas de autobús, una de las cuestiones más polémicas desde la puesta en marcha del proyecto. En paralelo, la Agencia de Salud Pública de Barcelona ha comenzado a medir parámetros como la contaminación y el nivel de ruido dentro y fuera del perímetro de la supermanzana.

La supermanzana del Poblenou es la primera que se implanta en Barcelona en la trama urbana cuadriculada que diseñó Cerdà en el Eixample. Las anteriores las implantaron sobre cascos antiguos: hace una década en Gràcia y en mandato de CiU en les Corts. Colau ha apostado por replicar el concepto en la trama Eixample. Más complejo, porque la dificultad reside en que todas las calles soportan tráfico. No ocurre igual en otras ciudades o en los cascos viejos, donde el grueso del tráfico lo soportan apenas un 10% de las calles: en la cuadrícula de Cerdà, para llegar de un punto a otro se pueden hacer muchos recorridos, de ahí que haya tráfico en todas las calles.

Salvo experiencias en ciudades holandesas como Róterdam o Groningen, el modelo de supermanzana de Barcelona no tiene precedentes, aparte de la peatonalización de parte de Broadway en la cuadrícula de Manhattan, en Nueva York. Allí se intervino como en Barcelona: con apenas inversión.

En vez de grandes obras de reurbanización, como la de la calle de Enric Granados, se ha apostado por limitar el tráfico con señalización, pivotes y pintura. Y el espacio para uso ciudadano se irá definiendo. La experiencia demuestra que los cambios en movilidad levantan polvareda —recuérdense peatonalizaciones o el área verde de aparcamiento— pero a la larga todo el mundo aplaude y nadie estaría dispuesto a revertirlos.

El consultor en movilidad Màrius Navazo señala que “cualquier cambio en movilidad, y sobre todo si afecta al coche genera polémica”. “Sabemos que es una vaca sagrada y estamos en terreno embarrado, pero hay que tocarlo. Se puede defender en términos de espacio público y calidad de vida, un parámetro subjetivo; pero también está la normativa, los estándares de ruido, calidad del aire y accidentes, que solo se pueden cumplir con menos coches", argumenta.

Navazo enumera entre los aciertos de la supermanzana que “sea una actuación sin obra, con menor coste y más flexible”. "No cambiamos el tablero, sino las reglas", defiende. El experto augura que en el Eixample "pide a gritos" la implantación de supermanzanas: “Puede suponer una disminución muy significativa del tráfico en una zona que tiene todos los índices disparados”.

 

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