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Riesgo de incendio extremo pese a la lluvia en Comunidad Valenciana

La superficie quemada ya convierte 2016 en uno de los peores años de la última década

Un hidroavión en el incendio de Artana (Castellón). Ampliar foto
Un hidroavión en el incendio de Artana (Castellón).

Las lluvias que han caído esta semana durante buena parte de la Comunidad Valenciana no han disminuido el riesgo de incendios, que sigue siendo extremo, advierten los expertos. La segunda mitad de agosto y el arranque de septiembre suele ser peligroso. A ello se suma el puente del 15 de agosto, en el que las salidas a las zonas rurales elevan la probabilidad de imprudencias, la entrada de aire de poniente que se espera para el inicio de la semana, y una situación "atípica" en los bosques, con aumento de superficie forestal combinada con la sequía.

Los fuegos registrados hasta principios de agosto ya convierten 2016 en uno de los peores años de incendios de la última década. Solo al concluir 2007 y 2012 —año en que los incendios arrasaron 57.500 hectáreas en Valencia— se quemó una superficie mayor.

"En lo que va de 2016 hemos tenido incendios de gran intensidad. ¿Qué está siendo diferente este año? Que están siendo fuegos en los que existe una gran cantidad de combustible natural disponible. Tienen gran virulencia, una propagación rápida y explosiva y se han producido en unas condiciones meteorológicas que no eran especialmente de alto riesgo", afirma Jorge Suárez, subdirector general de la Agencia de Emergencias de la Generalitat valenciana.

"Estamos en el centro de la campaña y una de las partes con más riesgo es la que empieza ahora. Estas lluvias no deben hacer que nos confiemos", señala Raúl Quílez, técnico forestal del Consorcio de Bomberos de Valencia, y uno de los mayores expertos en la Comunidad Valenciana.

"La masa forestal está en expansión. Crece a un ritmo de 3.300 hectáreas al año debido a los cambios sociológicos de las últimas décadas, con el paso de una sociedad basada en la agricultura a otra de servicios. Eso hace que los incendios sean cada vez más complejos, se acerquen más a las poblaciones y nos obliguen a centrarnos en asegurar a las personas", afirma Quílez.

La sequía hace que los grandes fuegos no precisen de condiciones especialmente adversas, que suelen resumirse en días de poniente con vientos de más de 30 kilómetros hora, menos del 30% de humedad relativa y más de 30 grados de temperatura, explica.

La vegetación aumenta pese a la ausencia de precipitaciones. "Si una característica tiene la vegetación mediterránea es su capacidad de adaptación. Incluso con sequía genera mucha biomasa, que es el combustible de los incendios", dice Suárez. "Y aunque aumenta, tiene muy poca humedad. Si cogemos una mata de romero en el monte notaremos que enseguida cruje y se deshace entre los dedos. Está en una situación de máximo estrés hídrico".

La abundancia de madera facilita el aumento de los llamados incendios "convectivos". Aquellos que generan "su propio ambiente de fuego para propagarse", señala Quílez, y no requieren fuertes vientos. El que arrasó algo menos de 1.500 hectáreas en Artana (Castellón) tuvo en parte ese componente, además de otros, como la intrincada topografía de la zona de la Serra d'Espadà. "Las dinámicas convectivas crean incendios de alta peligrosidad, con muchísima energía y muy complejos. En Artana en muy poco tiempo nos fuimos a 500 hectáreas quemadas", añade Suárez.

Por sus condiciones naturales, la valenciana es una de las tres comunidades españolas con más incendios de España. También se ha convertido en un referente en las tareas de extinción, con un mando único que dirige a equipos de distintas Administraciones. "El problema es que hay incendios que están fuera de nuestra capacidad de extinción. Si empiezan propagándose a 200 metros por minuto lo único que podemos hacer de entrada es conducirlos", afirma Quílez.

El técnico forestal, autor de una tesis doctoral sobre los incendios, concluye después de haber analizado lo sucedido entre los años 1968 (el primero del que se conservan estadísticas) y 2015 que lo normal en la Comunidad Valenciana es que se produzcan entre uno y tres grandes incendios al año. Lo segundo más habitual es que se registre un "megaincendio" como el del año 2012. Y el tercer escenario, el menos típico, es que no haya ningún gran incendio al año. La preocupación de Quílez es que, debido al cambio climático, los megaincendios aumenten.

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