La partida de dados

Lo dijo Tolstói: todas las derechas se parecen entre sí, las izquierdas lo son cada cual a su manera

Els diputats del PP es queixen abans de la votació.
Els diputats del PP es queixen abans de la votació.Massimiliano Minocri

Jordi Turull, que no ha podido con la refundación de su partido, le ha recriminado este miércoles a Coscubiela lo siguiente: “Mucho puño en alto, mucha pancarta, pero sois incapaces de una revuelta”. Ha sido en pleno debate sobre una votación que ha supuesto en toda regla un acto de desobediencia. Pero no es la misma la desobediencia de la clase media (o de sus representantes) que la de las clases populares, pues ambas obedecen a cosas diferentes. Es cierto que la CUP también ha apoyado la votación, pero ésta también es otro tipo de desobediencia. Lo dijo Tosltói: todas las derechas se parecen entre sí, las izquierdas lo son cada cual a su manera. Albiol y Arrimadas coincidieron esta vez en querer poner a Puigdemont contra las cuerdas. En sus respectivas intervenciones le exigían que se posicionase como President ante el hecho, ya a todas luces inevitable, de que la Mesa admitiera a trámite la votación. Y Puigdemont se ha escudado una y otra vez en la soberanía del Parlament. Era un ping-pong absurdo, porque desde primera hora todo el mundo sabía lo que iba a pasar, que la votación saldría adelante. La tribuna de invitados estaba a rebosar con un montón de gente en pie, al fondo, mirando expectante, y en los palcos de primera fila, hombro con hombro, los presidentes de Òmnium y de la ANC.

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Los portavoces se sucedían solicitando cada uno a la Mesa que antes de votar se leyera tal o cual ley, artículo, el informe al respecto de los letrados de la casa... Y así transcurría la mañana con la languidez errática de la procesionaria del pino, por ilustrarlo gráfica y semánticamente. La presidenta del Parlament, con la determinación de quien se peina con raya a un lado, hacía como si fuese a impedir que se leyeran los artículos en cuestión, pero al final eran leídos, de modo que la cosa se alargaba aún más. A Turull, que fue quien pidió que se sometiese a votación las conclusiones de la comisión (contra lo ordenado por el Tribunal Constitucional), se le ocurrió decir también que con el Estatut pasaba igual que con el Quijote, que todo el mundo lo tiene pero nadie se lo ha leído entero. Pues precisamente, ayer martes, se había visto a Iceta en la librería La Central comprando Para leer el Quijote, de Martín de Riquer. Lo dicen los escépticos, la política es más una cuestión de azar que de estrategia. Y ahora los dados de nuevo están echados. En realidad, toda la sesión de esta mañana consistió en una interminable partida de dados donde lo único que se juega es seguir jugando.

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