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Rescatando a Modest Cuixart

Una exposición reivindica la memoria y obra del pintor y fundador del movimiento vanguardista Dau al Set fallecido hace nueve años

‘Nines. Sense nom’, una de las obras de Modest Cuixart en la exposición de la sala Mayoral.
‘Nines. Sense nom’, una de las obras de Modest Cuixart en la exposición de la sala Mayoral.

Un vídeo refleja el proceso de creación de una de las obras del pintor Modest Cuixart, fallecido hace nueve años. Se ve al artista golpeando con una maza varias muñecas y aplastándolas. La imagen, violenta y destructiva, es impactante. El resultado final no se ve en el vídeo pero está colgado justo al lado de la televisión que lo proyecta: es uno de los cuadros de la serie Nines.Sense nom, y forma parte de las 27 creaciones del artista que se pueden contemplar en la galería Mayoral de Barcelona dentro de la exposición Cuixart.Geometría experimental.

Se trata de la primera exposición desde la muerte del pintor y uno de los impulsores del movimiento vanguardista Dau al Set y de la revista del mismo nombre. Una exposición que pretende rescatar del olvido en el que ha caído un artista cuya obra tuvo un amplio reconocimiento —tuvo la Medalla de Oro de Bellas Artes del Ministerio de Cultura, entre otras distinciones—y colgó de las paredes más codiciadas, como las del MOMA de Nueva York, el Guggenheim Museum de la misma ciudad o la Tate Gallery de Londres.

Por eso, la exposición tiene bastante de reivindicación de la memoria de Cuixart, algo que dejaron meridianamente claro en su presentación su viuda, Victòria Pujodevall, presidenta de la Fundación Cuixart, su hijo Joan y el comisario de la muestra, Arnau Puig, el único miembro vivo de la corriente Dau al Set. Filósofo y crítico de arte, Puig subrayaba que Cuixart fue, probablemente, el más contestatario de aquel movimiento.

El vanguardismo de Cuixart era una tendencia común en todos los miembros que impulsaron la revista Dau al Set que, aunque se creó formalmente en 1948, tuvo unos años previos de gestación, tal como explicó Puig: “Joan Brossa y yo nos conocimos en 1944 y por azar coincidimos con Joan Ponç en una extraña exposición que se hizo en un piso de Sarrià. Dos años después se unieron al grupo Cuixart y Antoni Tàpies y publicamos la revista Algol, en 1947 —que tuvo una breve vida—. Poco después, y también por casualidad, conocimos a Joan Josep Tharrats, cuyo padre tenía una imprenta y eso fue decisivo para lanzar la revista Dau al Set en un tiempo en el que hasta el papel estaba racionado”.

Sostiene Puig que no es de recibo que un pintor de la categoría de Cuixart no sea merecedor de atención de centros de arte de Barcelona a los que, veladamente, les reprocha la falta de interés en la difusión internacional del legado de Cuixart: “Los que tienen algo de su obra, como el MACBA, la tienen por fondos que han recibido”.

La exposición se puede ver en la galería Mayoral hasta el 26 de mayo y pretende volver a poner el nombre de Cuixart en circulación. Lo hace con una selección de 27 de sus obras, entre las que hay óleos, dibujos y esculturas, de las etapas más trascendentes del artista. La primera de ellas —desde los 40 a finales de los 50—- es la faceta del pintor más ligada a la música —además de estudiarla era una apasionado melómano— y es en ella donde están algunas de sus pinturas que dejan ver sus particulares anotaciones musicales.

La segunda sección, de 1959 a 1961, fue la etapa de Cuixart de los reconocimientos y exposiciones internacionales. “También una época de reivindicaciones y de guerras que se apreciaba en su obra”, comentaba Puig. Una de las pinturas de ese periodo que se puede ver en la galería es Paix en Argelia: “tal vez sea uno de los ejemplos más claros del arte contemporáneo, es estallido, rupturismo”, añadía el comisario. Y la última parte abarca algunas de las creaciones del artista en su etapa más transgresora, a partir de 1963. La de trabajos un tanto tenebrosos y destructivos como la serie de las Nines. Sense nom , con muñecas destrozadas y quemadas. Con una mezcla de colores constante que, explica su viuda, era un reflejo de otra mezcla que Cuixart vio en su casa; la de las medicinas en la farmacia familiar: “en el taller los solía clasificar y colocar en frascos que una asistenta creyó que eran explosivos y avisó a la Guardia Civil”.

La exposición se complementa con otras actividades paralelas durante el mes de abril como la posibilidad de visitar la Fundación Cuixart en Palafrugell y al estudio y casa del artista.