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Toni Catany, poeta de la fotografía

La Pedrera inaugura la primera gran exposición del artista mallorquín tras fallecer en 2013

Algunos de los objetos que utilizó para la serie 'Barcos y peces', en 2013. Al fondo, tres de los retratos de 'Miradas fortuitas'.
Algunos de los objetos que utilizó para la serie 'Barcos y peces', en 2013. Al fondo, tres de los retratos de 'Miradas fortuitas'.

Pocas veces una exposición póstuma puede contar con el visto bueno del autor. La que abre sus puertas en La Pedrera hoy que muestra las fotografías de Toni Catany (Lluchmajor, 1942 - Barcelona, 2013) sí. Durante los últimos años de su vida, Catany seleccionó de entre sus 90.000 negativos y casi 4.000 copias en papel, las que él consideraba dignas para representar su trabajo y, por así decirlo, de sobrevivirle. Con ellas se editaron una veintena de libros de los cuales se editaron uno, dos o, como máximo, tres ejemplares; una especie de catálogo razonado que han utilizado los comisarios Antoni Garau y Alain D’Hooghe para seleccionar las 160 fotografías, un 70% inéditas, para Toni Catany, de ida y vuelta, la primera gran muestra del fotógrafo tras su fallecimiento hace dos años. A juicio de los comisarios, la revisión que proponen de la obra de Catany, permite sumar a los tradicionales calificativos de su obra de clásica, tradicional, neopictorialista, incluso nostálgica, los de audaz y moderna. “En todo caso, temas clásicos de la historia del arte, fotografiados con una sensibilidad y estética muy personales”, asegura Garau, mientras D’Hooghe aclara que “entre las imágenes inéditas no se han incluido ninguna que él no hubiera aprobado”.

Retrato de Toni Catany realizado por Humberto Rivas en 1987.
Retrato de Toni Catany realizado por Humberto Rivas en 1987.

La muestra, pese a tener un carácter antológico, no es una retrospectiva definitiva. “Es todavía pronto, porque hay que revalorizar muchas partes del conjunto y muchos proyectos esperan ser realidad”, explica Garau, amigo del fotógrafo desde 1982, que describió ayer la muestra como un “viaje de ida y vuelta, de Llucmajor a Barcelona, donde descubrió el Mediterráneo, y de ahí al Caribe, al sudeste asiático”.

La primera imagen que recibe al visitante es una de las más icónicas de Catany; la del retrato de un niño de Ibiza en primer plano con dos ancianas detrás de él. La realizó en 1967 y Catany la consideraba su primera fotografía. Le siguen muchas de las imágenes y series que le han dado fama internacional; como las calitipias en blanco y negro que creó tras comprarse una antigua cámara de madera; muchas de ellas poéticos desnudos englobados bajo el nombre de Soñar los dioses. Paisajes, naturalezas muertas con jarros y fruteros de la década de los años ochenta, tanto las más conocidas, como nuevos bodegones de granadas o frutas tropicales. Le siguen otras series como Miradas fortuitas, con retratos captados en Venezuela, Cuba, Bangladesh, la India o Etiopía, donde todos miran a la cámara de forma insidiosa; la deliciosa Barcos y peces, realizada en su taller barcelonés en 2013 con los objetos recogidos en sus viajes por Venezuela entre 1991 y 2008. En la Pedrera pueden verse las obras junto a los objetos, unos pocos de los miles que siguen en su piso barcelonés.

El globo terráqueo de Catany y la fotografía que realizó en 1984 junto a los mapas con los lugares que visitó.
El globo terráqueo de Catany y la fotografía que realizó en 1984 junto a los mapas con los lugares que visitó.

Tras “amortajar y enterrar” las cámaras analógicas, colocándolas en un armario, Catany comenzó su andadura en el mundo digital que le permitió trabajar prácticamente a oscuras, dando como resultado las Materias oscuras o las vistas nocturnas de Venecia; unas obras en la que los objetos se funden con el fondo; empleando técnicas que no le llevaron a dejar las primitivas que tanto le apasionaron y que dieron como resultado la serie de platinotipias. Para la muestra se han desenterrado seis de sus máquinas que se muestran junto a los primeros trabajos digitales.

Tras repasar otras series no conocidas como Paredes Maestras, coloristas muros de Lluchmajor, Bangladesh, Indonesia, México o Marruecos, que parecen obras de arte abstractas; la serie Cossiols (Tiestos), inmortaliza las macetas que su madre Maria “con ayuda del tiempo” tenía en su casa mallorquina en 1985. Altares profanos, su último trabajo es también su testamento artístico.

Proyecto no, dinero sí

Caballero de la Orden de las Artes y las Letras por el Ministerio de Cultura de Francia 1991 y Premio Nacional de Fotografía 2001, la exposición de Catany, se cierra, con un globo terráqueo recuperado del desván de su casa envuelto en papel de periódico, como lo fotografió en una naturaleza muerta de 1984. Le acompañan unos mapas que tenía colgados en su estudio en el que marcó los lugares donde había viajado. La exposición, organizada por Fundación Catalunya La Pedrera viajará luego a Madrid y Mallorca. Marta Lacambra, directora de la entidad barcelonesa que tiene la sede en el edificio de Gaudí recordó que con esta exposición se confirma el compromiso de la institución con la fotografía, tras programar, de forma anual, exposiciones dedicadas a Català-Roca, Chema Madoz, Colita y Leopoldo Pomés.

En noviembre el gobierno de Baleares, el Ayuntamiento de Lluchmajor y la Fundacion Toni Catany firmaron un acuerdo para impulsar el Centro Internacional de Fotografía; una vieja aspiración de Catany que no pudo ver materializarse. El convenio permite garantizar que no se perderán los 4,3 millones que el Estado concedió al gobierno balear para construir el centro. Garau está convencido que la exposición barcelonesa, que contó en su inauguración de ayer con las más altas autoridades políticas de Baleares, con la presidenta del gobierno Francina Armengol a la cabeza, ayude a su impulso definitivo. No se quiso aclarar, por no estar decidido el destino del estudio barcelonés del fotógrafo que tenía en la calle Nou de La Rambla.