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Intensidad

Danilo Pérez, John Patitucci y Brian Blade ofrecen uno de esos conciertos que no permiten respirar a la audiencia en el Festival de Jazz de Barcelona

La actuación de Children Of the Light.
La actuación de Children Of the Light.

Prosigue el Festival de Jazz barcelonés en un local tan atractivo como es el auditorio del Conservatorio del Liceo de Barcelona con buena visibilidad, mejor acústica y un aforo idóneo para conciertos que no aspiran a conseguir asistencias multitudinarias (no porque no las merezcan sino porque la industria musical es así y no la cambiaremos, por ahora).

Un buen ejemplo fue el magnífico concierto del trío que se presenta como Children Of The Light y que, en realidad, es, nada más y nada menos, que el cuarteto de Wayne Shorter sin, lógicamente, Wayne Shorter. El patriarca, a sus 82 años, ha decidido no embarcarse en una nueva gira y ha enviado a sus retoños a seguir proclamando su mensaje, el del mejor jazz, uno de los más intensos y, por ende, reconfortantes de las últimas décadas.

FESTIVAL DE JAZZ DE BARCELONA

Children Of The Light: Danilo Pérez, John Patitucci & Brian Blade.

Conservatori del Liceu, 28 de octubre

Y así fue, Danilo Pérez, John Patitucci y Brian Blade ofrecieron el pasado miércoles uno de esos conciertos que no permiten ni el mínimo respiro en la audiencia. De los que te clavan en el asiento y te mantienen casi dos horas en constante tensión. Una tensión que va variando sin obedecer a reglas preestablecidas, sino a sentimientos, a sensaciones. Una de esas músicas que te penetra por los poros de la piel creando inicialmente una sensación de desasosiego que rápidamente se torna en entrega total.

Los tres músicos se conocen a la perfección, llevan trabajando juntos desde el año 2000, cuando los reunió Shorter, y se nota desde el primer acorde. Sonrisas, complicidades y constantes sorpresas llenan una música turbulenta que encuentra sus componentes más rítmicos, esos que te golpean el estómago, en un Brian Blade absolutamente magistral e impredecible ante sus tambores.

El toque latino y sonriente surge del piano de Danilo Pérez y el indiscutible virtuosismo sigue en las manos de John Patitucci que volvió a mostrarse como uno de los contrabajistas más seguros e inventivos de la actualidad pero que, al coger su bajo eléctrico de seis cuerdas levantó al personal de sus butacas.

Una velada memorable, intensa como pocas, de las que por si solas justifican la existencia de un festival de jazz.