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OPINIÓN

¿Quién teme a Ferrer i Guàrdia?

Lluís Companys fue asesinado en octubre de 1940 en el ‘fossar’ de Santa Eulàlia. Ferrer i Guàrdia, en octubre de 1909 en el ‘fossar’ Santa Amàlia. Nadie ha recordado la coincidencia

La primera vez que tuve noticias del anarquismo español fue a través de una novela de Pío Baroja, La dama errante. En ese libro (y en otro posterior también de Baroja y con prólogo de Ramón del Valle Inclán) tomé contacto con Mateo Morral, el anarquista badalonés que en 1906 atentó contra la comitiva nupcial del rey Alfonso XIII. Leí más cosas sobre Morral. Sobre todo porque me interesaba el personaje. Metáfora perfecta de las trágicas contradicciones que propició el industrialismo a principios del siglo XX. Pero yo no voy a hablar ahora de Morral. Me interesa un personaje emblemático que tuvo una relación intelectual con el anarquista. Me refiero a Francesc Ferrer i Guàrdia, el gran pedagogo catalán al que en un principio se acusó de estar relacionado con el atentado contra Alfonso XIII.

A partir de este hilo histórico, me quedó para siempre grabada la figura del fundador de la Escuela Moderna. Una idea avanzadísima de enseñanza laica y racional para su tiempo. Tan avanzada que muchas escuelas europeas la trasladaron a sus aulas. Incluso el fotógrafo y compañero de insurrecciones surrealistas Man Ray hizo lo posible porque dicha pedagogía fuera exportada a los Estados Unidos.

El recuerdo de Ferrer i Guàrdia se me fue difuminando hasta que un día, hace unos cinco años, en una plaza de Bruselas me encontré con una estatua suya. Traté de hallar en mi memoria algo parecido en Barcelona y me fue imposible. Sé que en el cementerio de Montjuïc existe un monolito dedicado a su figura, erigido en 1990 por el Ayuntamiento. Durante el juicio sumarísimo al que fue sometido Ferrer i Guàrdia durante aquellos lejanos días de octubre de 1909, en muchas ciudades europeas se convocaron multitudinarias manifestaciones de repudio a ese amañado juicio. Entre ellas Praga, a las cuales se sabe que asistió Franz Kafka.

Estos días hemos visto reportajes sobre el juicio y posterior fusilamiento de Lluís Companys. Buenos reportajes, sobre todo el dedicado en TV3 a los últimos días del presidente de la Generalitat en octubre de 1940, donde se rescata una figura casi ignorada en toda esa triste historia: la del defensor de Companys, el militar sublevado Ramon de Colubí, mereciendo él solo un reportaje. (Colubí se dio de baja del ejército franquista unos años después y marchó a Venezuela, donde se licenció en Ingeniería y se convirtió en uno de los grandes especialistas mundiales en husos horarios).

En medio de esos reportajes, necesarios desde el punto de vista de la pedagogía histórica en cualquier país normal, se veía la figura de Mas acompañado por multitudes de correligionarios saliendo del edificio del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, con motivo de su imputación en el simulacro de plebiscito convocado el 9 de noviembre de 2014. El interrogatario a Mas, los reportajes y series dedicadas al fusilamiento de Companys, en TV3, se vio subrayado de manera sospechosamente nada inocente por la coincidencia de fechas, coincidencia que posibilitó imprudentemente el mismo TSJC y que el movimiento independentista supo aprovechar con harta eficacia en beneficio de su líder.

Lo cierto es que la semana pasada sufrimos un empacho de Mas. Al president lo veíamos por la mañana en olor de multitudes llorosas. Ahora mismo me hago un lío y no me acuerdo si había acudido en la madrugada a un ofrenda floral ante la tumba de Companys y después a declarar, o al revés. Pero creo que también lo vi el mismo día o el anterior asistir a un homenaje poético musical a Companys. Menos mal que alguien, por estos mismos días, se tomó el trabajo moral de recordarnos en Twitter que un 13 de octubre de 1909 fusilaron a Francesc Ferrer i Guàrdia.

Lo cierto es que la semana pasada sufrimos un empacho de Mas

Se le acusó de ser el inspirador de la Semana Trágica. Lo sentenció a muerte un tribunal militar en Barcelona, como a Companys, después de un fulminante y arbitrario juicio. Con pruebas inventadas y el apoyo logístico de la Iglesia, la burguesía, la Lliga Catalana e importantes diarios de la época.

Lluís Companys fue asesinado la madrugada del 15 de octubre de 1940 en el fossar de Santa Eulàlia de la prisión del castillo de Montjuïc. Francesc Ferrer i Guàrdia lo fue treinta y un años antes. También una fría madrugada de octubre, y en el fossar de Santa Amàlia de la misma prisión de Montjuïc. Pero en TV3 nadie aprovechó la coincidencia. No la de de Mas y Companys, que sí. Sino la de Companys y Ferrer i Guàrdia.

J. Ernesto Ayala-Dip es crítico literario