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Valls salva la reprobación apoyada por el ala soberanista de la Cámara

El presidente logra la mayoría de apoyos en una votación que juzgaba su gestión

El presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, Miquel Valls.
El presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, Miquel Valls.

Miquel Valls ha logrado salir airoso del mayor cuestionamiento que ha sufrido en los 13 años que acumula como presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona. Discutido en julio por el empresario Ramon Masià, hasta hace poco su mano derecha en la corporación empresarial, respondió ayer improvisando un plebiscito sobre su gestión durante el pleno extraordinario que lo acabó reafirmando en el cargo. Logró 40 votos a favor, cinco en contra y siete abstenciones —además de uno nulo— en una votación nominal y secreta planteada por él mismo de forma voluntaria pero forzada por el apoyo del ala soberanista de la cámara a la reprobación encabezada por Masià. Seguirá en el cargo al menos hasta que haya elecciones.

A sus 72 años, Miquel Valls tuvo ayer que afrontar su mayor desafío al frente de la Cámara de Comercio de Barcelona, después de que en el último pleno antes de las vacaciones estivales Masià pusiera en duda su trabajo y el del comité ejecutivo al frente de la institución. Cuestionaba el funcionamiento interno de la organización y las continuas pérdidas económicas generadas desde el fin del pago obligatorio de las cuotas camerales, en 2010. También que Valls acumule un año más en el cargo al no haberse convocado elecciones a causa de que la Ley catalana de Cámaras está pendiente de aprobación. Por ello proponía crear una junta transitoria que se hiciera cargo de la institución, tal y como ayer informó La Vanguardia.

El desafío fue posible gracias a los catorce apoyos logrados por Masià entre los miembros del pleno. Algunos de ellos proceden del sector más soberanista de la Cámara de Comercio —del que el promotor de la iniciativa no forma parte—, empresarios que integran también el lobby nacionalista Femcat. Uno de esos miembros señaló, no obstante, que el apoyo a Masià tenía más que ver con un ejercicio de democracia y transparencia interna que de un posicionamiento político.

El presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona se tomó en serio el órdago y en las últimas semanas se ha dedicado a llamar y a entrevistarse con cada uno de los empresarios que están en el pleno de la entidad para recabar las diferentes opiniones. Sus explicaciones, no obstante, no convencieron a Masià, que abandonó la sala enfadado —junto a algún otro empresario— porque apenas tuvo tres minutos de tiempo para rebatir a Valls.

Del pleno de ayer surge una conclusión clara: No habrá cambios evidentes en la cámara, aunque ayer existía expectación y hubo más quorum del que es habitual en un pleno. Fuentes consultadas albergaban esperanzas de que sí haya cambios en la forma de gestionar.

El grueso de las explicaciones de Valls se centraron en la gestión al frente de la institución. Pero antes, al inicio, dedicó unos minutos para intentar calmar el enfado de los más nacionalistas, críticos porque Valls decidió ausentarse de un acto empresarial de apoyo al derecho a decidir celebrado en septiembre, a las puertas de la campaña electoral del 27-S. La cámara suscribía el manifiesto que allí se defendía. Valls preside la Cámara de Comercio de Barcelona, pero también es vicepresidente de la Cámara de Comercio de España, presidida por Josep Lluís Bonet, un empresario muy crítico con los postulados independentistas. Valls decidió excluirse de ese acto al considerar que era un acto electoral.