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El más polémico Unamuno, en la Biblioteca Nacional

La exposición que muestra su correspondencia política y literaria termina este domingo

Miguel de Unamuno, fotografiado de frente, obra de José Limeses y Antonio M. Saralegui.
Miguel de Unamuno, fotografiado de frente, obra de José Limeses y Antonio M. Saralegui.

Moradores y forasteros tiene la oportunidad de visitar, hasta el 20 de septiembre, la exposición Yo, Unamuno que muestra en la Biblioteca Nacional la vigorosa personalidad intelectual del pensador más influyente del siglo XX hispano, junto con José Ortega y Gasset. El montaje describe las dimensiones biográfica, poética, dramatúrgica, novelística y ensayística del pensador bilbaíno, nacido en el seno de una familia tradicional la burguesía vasca en 1864 y que llegaría a contraer fuertes vínculos con Madrid. Aquí estudió Filosofía y Letras y desplegó parte de su sustanciosa vocación de escritor, conferenciante y político: todo un ejemplo de original compromiso y combate en la búsqueda de la verdad a través de la sabiduría que emana del juicio y que él filtró en sus mejores escritos.

Dividido en paneles temáticos, el soporte que une el relato unamuniano es la profusa correspondencia que el rector de la Universidad de Salamanca mantuvo con personalidades de la vida literaria española, señaladamente José Martínez Ruiz, Azorín, y también con destacados representantes de la filosofía, la política y la escena, como fue el caso de Francisco Fernández Villegas.

Las vitrinas, que contienen un verdadero torrente epistolar, se ven sazonadas por dibujos realizados por el propio Miguel de Unamuno, que, en su adolescencia, frecuentó las aulas del pintor vasco Lecuona; de él aprendió a dibujar, eso sí, pasablemente. Llaman la atención, por su expresiva hechura, su retrato de un niño llamado Raimundín, así como de Cristo y un dibujo en el cual muestra a Don Quijote -objeto de uno de sus más célebres ensayos- crucificado en un árbol de tronco aspado.

Junto con objetos surgidos de sus manos, como una muy abundante colección papirofléxica o la escribanía con la que redactó sus numerosos textos, la exposición va desgranando los jugosos focos de atención sobre los que Unamuno posó su mirada, en un relato visual todo lo plástico que permite el soporte epistolar de la muestra, que ha sido comisariada por Colette y Claude Rabaté, así como por María José Rucio, con el patrocinio de la Universidad de Salamanca.

Socialista, republicano y antimonárquico

Lo más sorprendente del contenido de la exposición, nutrida por el copioso fondo documental de la Biblioteca Nacional, es la dimensión ideológica y política de Miguel de Unamuno, al que la escolástica franquista quiso arrinconar en las filas de un mero diletantismo existencial-cristiano, ocultándole al gran público durante toda la posguerra su comprometida beligerancia socialista, republicana y antimonárquica, así como su simpatía hacia el anarquismo, que el pensador, represaliado y exiliado varias veces, exhibió durante la mayor parte de su vida.

Desde luego, su singular adscripción ideológica le lleva a admitir, en una de sus cartas, que pudo ser identificado con todas o cada una de tales etiquetas, al aceptar que nunca supo “buscar la diagonal” a todas ellas. Vehemente contra quienes "odian a Castilla", Unamuno no parece haberse percatado de que la castellanización de España consecutiva a la crisis imperial de 1898, inducida por su ilustrada Generación para restañar así las heridas de aquella derrota, causaría profundas heridas en las filas del naciente nacionalismo periférico.

Su impugnación valiente de la dictadura pretoriana del general Miguel Primo de Rivera, en contraste con la aceptación de una concejalía salmantina en el primer gobierno local franquista en Salamanca, ya enfermo de muerte Unamuno, no fue óbice para que se irguiera contra los espadones del mutilado Millán Astray a los que espetó en el claustro de la Universidad de Salamanca su célebre frase "venceréis, pero no convenceréis". Empero, tras ser desposeído en agosto de 1936 de sus dignidades por la República, a la que había defendido bravamente hasta su tránsito ideológico, la Falange se atribuyó su entierro el 1 de enero de 1937. Con el moría uno de los intelectuales más combativos, contradictorios y creativos de su tiempo.

 

Yo, Unamuno. Sus manuscritos en la Biblioteca Nacional. De 10.00 a 20.00. Entrada libre. Biblioteca Nacional. Paseo de Recoletos, 22. Hasta el 20 de septiembre.

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