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aste nagusia en vista alegre

Bajonazo a Bilbao

Otra impresentable corrida arruina el prestigio de esta plaza

Finito de Córdoba con su primero
Finito de Córdoba con su primero

Una nueva corrida con toros impresentables para Bilbao. Y ya van tres seguidas en esta feria. Por si fuera poco en el día grande de las fiestas, en el que acude mucha gente con la intención de redondear una jornada festiva y posiblemente dejarán de cumplir con ese ritual después de tardes tan decepcionantes como la de ayer.

La ficha

BAÑUELOS / FINITO, FANDIÑO Y TALAVANTE

Seis toros de Antonio Bañuelos, anovillados, faltos de trapío e impresentables para una plaza serie.

Finito de Córdoba: estocada trasera y dos descabellos (silencio) y pinchazo y bajonazo asomando (silencio).

Iván Fandiño: estocada (vuelta tras petición) y buena estocada (saludos).

Alejandro Talavante: estocada baja (silencio) y pinchazo y estocada (división).

Plaza de Toros de Vista Alegre. 28 de agosto. Séptima de las Corridas Generales. Media entrada.

Los toros de Bañuelos, que debutaban en Bilbao, carecieron del mínimo nivel de presentación. Nada de trapío; ni cuernos, ni peso, ni remate, con la cara lavada, escurridos y con menos presencia en la plaza que los erales de cualquier pueblo de Euskadi. Otra estocada al prestigio de Bilbao. ¿Dónde queda el toro de Bilbao? Hay aficionados de todo el mundo que siguen confiando en esa marca que da carácter a la Plaza de Vista Alegre.

Unos lo hacen viniendo a la ciudad y gastando su dinero por ver una feria diferente en la que el toro es el eje de la fiesta, llegan desde Nueva York, México o Venezuela, desde Valencia, Albacete o Ávila; otros, la observan a través de la televisión con el deseo de encontrar un espectáculo íntegro y con los toreros haciendo un esfuerzo en la oscura arena vizcaína. Después de esta semana, más de uno se replanteará esta apuesta, ya que si los de Juan Pedro estuvieron mal presentados y los de Garcigrande fueron pequeños, los de Bañuelos pusieron la guinda tanto por su impresentable presencia como por su comportamiento desrazado.

El público, educado a más no poder, protestó todos los toritos que salieron, hasta que en el sexto se coreó el célebre ‘toros, toros’ en los tendidos, cansados de unos animales que nada tenían que ver con lo que esperaban. Alguien ha decidido que Bilbao ya no tenga seriedad y se nota en los tendidos. Ayer ya solo había media entrada y costará recuperarlo. La responsabilidad de que esos astados salieran al ruedo es de un presidente, puesto por el Gobierno Vasco para defender a la afición, que no rechazó una corrida sin ningún trapío.

Los toros de Bañuelos

fueron un insulto

al aficionado

Pero la culpa de que viniera esa corrida es de la Junta Administrativa, que decidió comprar en la dehesa unos astados infames, alejados de los Bañuelos que triunfaron la pasada temporada. Ellos son los representantes de los aficionados y quienes deben buscar lo mejor para Bilbao. Y en 2015 algo se ha cruzado en ese camino para convertir la Semana Grande en una estocada a la fiesta de los toros en Bilbao. Salieron seis toritos, a cada cual más ridículo y con peor clase. Finito de Córdoba no llegó a despejar sus dudas y demostró que ni con esos anovillados ejemplares es capaz de echar la pata ‘palante’.

Precisamente, lo que hizo Iván Fandiño, que no dejó nada en el tintero, lástima que no había nada que escribir. El vizcaíno estuvo dispuesto, como demostró con el capote; seguro, como lució con la muleta, y certero, como selló con el estoque. El público se lo agradeció. Alejandro Talavante se aburrió con el tercero y abrevió en el sexto, en el que salió con el acero al inicio de la faena. Y los aficionados se dividieron en los que no aceptaron la postura del extremeño y los que vieron en ella una protesta a la farsa en que se había convertido la corrida. Quedan dos tardes para hacer olvidar una feria para el desánimo, pero lo que debe estar claro es que tardes como la de ayer deben servir para abrir una brecha en la fiesta en Bilbao y dar una vuelta completa a la organización de la misma. Si no, la cuesta abajo será imparable.