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Y la vida pasa a toda velocidad

The War On Drugs y Martha marcan los dos polos de la primera noche del Vida festival en Vilanova i La Geltrù

Adam Granduciel cantante y guitarra del grupo The War On Drugs en el Vida Festival
Adam Granduciel cantante y guitarra del grupo The War On Drugs en el Vida Festival

Los indies envejecen. Y se ha descubierto que lo hacen al mismo ritmo que el resto de los mortales. Tienen incluso hijos que llevan a los conciertos en los que probablemente se inició el proyecto que ahora camina torpemente entre las piernas de otros indies, que con ternura les miran quizás intuyendo su inmediato futuro. Es la tónica de algunos festivales, todos ellos orientados a este perfil de consumidor. Se diferencian por el envoltorio, algo así como cambiar un disco de funda. Tener o no riachuelo, pinos en lugar de plataneros o hierba como alternativa al cemento. En lo musical todos dan cobijo a música de personas atribuladas. El Vida Festival, segundo año ya, busca su lugar bajo el sol ofreciendo confort y medidas humanas a una generación que envejece y ya valora la comodidad. Y eso que sólo entrevén los cuarenta.

Un bosque. Una explanada. Decoración chachi con nidos que alojan pelotas de pingpong iluminadas como bombillitas y nubes suspendidas entre las ramas. Amplia zona reservada a artistas, personas de importancia y aspirantes a diversos grados de celebridad. Todo muy cómodo y cuidado. Apenas cuatro escenarios y horarios digeribles. Esto es el Vida, un cruce entre el PopArb y un Doctor Music de bolsillo por aquello de la naturaleza, los espacios abiertos y el polvo en suspensión tras la hierba pisoteada. En escena, plato central, un señor despeinado con la cara que ponen los restriñidos en ese momento. Él la pone al cantar y le añade un rictus de corazón abandonado. Parece sufrir, el pobre, acongojado. Tiene problemas. Los cuenta en clave de rock americano, el granjero existencialista en el lamento de la pradera. Suena Under the pressure, uno de sus temas estimables y la gente disfruta moviendo la pierna. No pega mucho el sufrimiento en aquel contexto, con la luna y todo eso de la noche estival con su magia y tal, pero nobleza obliga, a los indies parece gustarles que les aflijan. ¿Será que no sufren?. Unas chavalillas de apenas 21 años corretean gritando entre la gente, como haciendo una improbable conga. Aún no han aprendido a sufrir en público y la épica de The War On Drugs les resulta tan ajena y adulta como un peaje a las ardillas.

Martha, otro de los grupos que actuó en el festival de Vilanova i la Geltrú ampliar foto
Martha, otro de los grupos que actuó en el festival de Vilanova i la Geltrú

Más tarde salta la sorpresa. Un grupo no se queja, ni hace rock americano, ni country heterodoxo, ni folk crepuscular, ni música para pensar. Hacen simple punk melódico, son unos chavales ingleses, tan sólo tienen un disco y lo sueltan entre estribillos soleados y la torpe prisa de unas guitarras primerizas. Present, TenseDust, Juice, Bones & Hair o Sleeping Beauty riegan con chispeante alegría a la audiencia que les sigue en el escenario más pequeño del festival. Están, todos, contentos. La otra cara de la noche, de una noche que incluyó, entre otros, a la estilizada gelidez de Benjamín Clementine, el country andaluz de Grupo de Expertos, el ansia de Nueva Vulcano y la belleza rara de Oliver, quien pone el lazo a la noche cantando Foto y entonando i passa sa vida a tota osti i a molta alta velocitat. Tu m'entens, jo se que tu m'entens. Pues eso.