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Mas presume de hacer un Gobierno independentista “sin complejos”

Munté asciende a vicepresidenta para destacar las políticas sociales de un Ejecutivo que el presidente define como “cohesionado” con la independencia

El presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas, aprovechó ayer la remodelación de su Gobierno —obligada por la ruptura con Unió— para cerrar filas ante el próximo ciclo electoral. Mas quiere recalcar el perfil social de su Ejecutivo con el ascenso de Neus Munté, ahora consejera de Bienestar, a vicepresidenta y portavoz. Sustituye en esa última tarea a Francesc Homs, que seguirá al frente de Presidencia y lo compaginará con la coordinación de la campaña de Mas para el 27-S.

El líder de Convergència tendrá en las próximas elecciones una doble rivalidad. Por un lado, los partidos soberanistas que quieren arrebatarle el liderazgo del proceso independentista con un discurso más progresista. Por otro, las formaciones emergentes, que ya desplazaron a CiU de la alcaldía de Barcelona y contra las que alertó Mas en su discurso del sábado: avisó de los peligros para el soberanismo del movimiento que bautizó como el del “sí se puede”.

El ascenso de Munté de consejera de poco peso a número dos del Gobierno es relevante: “Su rango es claramente más notable del que tenía, no por una cuestión personal, sino por la función que desarrolla. Hemos querido situar lo que es la justicia social en el frontispicio del Gobierno catalán”, destacó Mas en la toma de posesión de los nuevos consejeros.

Liberado de las ataduras del pacto con Unió, que rompió la semana pasada tras más de 37 años de relación, el presidente catalán destacó que su Ejecutivo es más independentista que nunca. “Es un Gobierno 100% cohesionado, que defiende sin complejos ni pesadumbre el sí/sí del pasado 9 de noviembre”, dijo, para referirse a la opción de los independentistas en la consulta. El objetivo del presidente catalán es convertir las elecciones autonómicas, previstas para el 27 de septiembre, en un plebiscito sobre la independencia, y a ello pondrá a trabajar a su nuevo Gobierno. “Garantizaremos que el pueblo se pueda pronunciar de manera definitiva sobre la constitución de un Estado en Cataluña”, proclamó Mas. El consejero Homs, liberado de sus funciones de portavoz, dedicará su tiempo en el Gobierno a preparar las “estructuras de Estado” que la Generalitat quiere tener a punto para esos comicios.

Para los otros dos cargos de relevancia, el líder de CDC ha confiado en dos veteranos nacionalistas, con una larga carrera a sus espaldas, pero con papeles discretos hasta ahora: Meritxell Borràs, diputada en el Parlament desde 1995, será consejera de Gobernación, sustituyendo a Joana Ortega. Jordi Jané, vicepresidente cuarto del Congreso y uno de los parlamentarios más veteranos del grupo catalán, asumirá la cartera de Interior que tenía Ramon Espadaler. Para sustituir a Josep Maria Pelegrí al frente de Agricultura, Mas ha recurrido a Jordi Ciuraneta, conocedor del sector, y que hasta finales del año pasado, cuando fue elegido diputado, era secretario general de Pesca.

La elección de estos tres militantes de Convergència y la marcha de Unió deja un Ejecutivo monocolor, con solo dos consejeros —Ferran Mascarell, de Cultura, y Boi Ruiz, de Salud— como independientes. Todo un gesto en un momento complicado para CDC: los casos de corrupción que han salpicado al partido, empezando por la confesión de su fundador, Jordi Pujol, le obligan a una refundación cuyo primer paso ha sido la ruptura con Unió. El segundo supone la disolución de las siglas de CDC en la lista que Mas está configurando para el 27-S. El presidente catalán quiere hacer su candidatura con las entidades soberanistas y dejar al partido en segundo plano, pero el nombramiento de Borràs y Jané, veteranos de la segunda fila convergente, supone un reconocimiento a los cuadros del partido.

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