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Lufthansa comienzan repatriar los restos mortales del accidente

El fiscal de Marsella convoca a los familiares a una reunión el próximo 11 de junio en París para informarles de sus derechos en el proceso penal

Equipos de rescate de los restos de las víctimas en los Alpes franceses.
Equipos de rescate de los restos de las víctimas en los Alpes franceses.

Los restos de mortales de las víctimas del accidente de avión de Germanwings ya están siendo repatriados a los municipios indicados por los familiares de los fallecidos. La compañía aérea Lufthansa lleva una semana poniéndose en contacto con todos y cada uno de los familiares para enviar los restos donde soliciten los parientes.

Este proceso se da después de que el pasado 15 de mayo la comisión de identificación diera por válidas las identificaciones de las 150 víctimas. Tras el validado, el 18 de mayo el alcalde de Prats Haute Bleone firmó las 150 partidas de defunción y al día siguiente Lufthansa tenía toda la documentación y ha comenzado a repatriar los restos. Xavier Prats, representante legal de los familiares del empresario leridano fallecido en el accidente Maurice Yaya Kobina está tramitando con la compañía el envío de los restos a un municipio de Costa de Marfil de donde era originaria la víctima y donde se le dará sepultura en los próximos días.

Prats además de tramitar las pensiones de viudedad y orfandad de los parientes del empresario negociará los próximos días las indemnizaciones con la compañía aérea. La mayoría de los familiares no son partidarios de acabar en los tribunales y prefieren negociar la indemnización por la pérdida de sus seres queridos y “pasar página”.

El Fiscal de Marsella, Brice Robin, se reunirá con los familiares de las víctimas del accidente de avión de Germanwings el próximo 11 de junio en París en la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores. Robin ha enviado una carta a todos y cada uno de los parientes de las 150 víctimas del accidente, 45 con apellido español, del Airbus A320.

Los familiares que acudan a la citada reunión en la capital francesa se reunirán con el fiscal de Marsella, el director de investigación aérea de la Gendarmería, el responsable del mismo cuerpo policial francés encargado dela identificación de los cadáveres, la presidenta de del Instituto Nacional de Asistencia a las Víctimas, que informarán a las víctimas de sus derechos dentro del proceso judicial abierto en Francia y representantes de Lufthansa, que darán las directrices a las familias para recuperar los objetos personales de sus familiares.

En Francia permanece abierto el proceso penal en el que podrán personarse, si lo desean, los familiares de las víctimas. La mayoría de parientes no son partidarios de encausar a los responsables de la compañía que permitieron que Andreas Lubitz, piloto que presuntamente estrelló el avión, trabajara en la empresa. Los afectados descartan constituirse como asociación y prefieren llegar a un acuerdo en las indemnizaciones y cerrar el caso.

Familiares de las víctimas ante el monolito levantado en el pueblo francés de Prads-Haute-Blóeone.
Familiares de las víctimas ante el monolito levantado en el pueblo francés de Prads-Haute-Blóeone.

Uno de los últimos informes remitidos a las familias de las víctimas fue el que les envió el pasado 6 de mayo la oficina de Investigación y Análisis para la Seguridad de la Aviación Civil (BEA), la autoridad responsable en Francia de las investigaciones de accidentes aéreo. En el citado documento, la BEA asegura que, durante el vuelo, Andreas Lubitz, el copiloto de la aeronave, “se encontraba sólo en la cabina de mando y, de manera intencionada, modificó las instrucciones del piloto automático para hacer descender la aeronave hasta impactar contra el suelo”. El mismo documento sostiene que Lubitz “no abrió la puerta de la cabina de mando durante el descenso, a pesar de las solicitudes de acceso realizadas a través del teclado numérico, el interfono de cabina y las comunicaciones de radio”. Tras llegar a estas conclusiones la BEA ha puesto en marcha dos nuevas investigaciones. En la primera pretenden averiguar si existe un correcto equilibrio entre “la confidencialidad médica y la seguridad del vuelo”. Según el organismo francés no es compatible que un copiloto estrelle voluntariamente su aeronave con las pruebas médicas, sobretodo psiquiátricas, y las políticas de reclutamiento de las compañías aéreas a las que se someten los miembros de la tripulación. Por otro lado, la aviación civil francesa ha abierto otra investigación con la que se compromete a revisar los protocolos que se siguen desde los ataques del 11 de septiembre de 2001 y que permiten bloquear las puertas de la cabina de mando de los aviones.

El informe entregado a los familiares de las víctimas consta de 30 páginas. En ellas la oficina de aviación civil gala describe cómo siete de sus investigadores se desplazaron hasta el lugar del accidente en los Alpes la misma tarde del siniestro el 24 de marzo de 2015. Al día siguiente consiguieron los registros de voz del aparato lo que permitió que el fiscal de Marsella, Brice Robin, anunciar que Andreas Lubitz estrelló deliberadamente el Airbus A320 falleciendo los 144 pasajeros y los seis tripulantes de avión incluido el propio copiloto.

Además de los siete investigadores de la Bea también han participado en el informe un representante de la autoridad aérea alemana y otro de la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil española además de técnicos de la Agencia Europea de Seguridad Aérea.

Los datos del informe oficial

ALFONSO L. CONGOSTRINA

En el documento se realiza una descripción pormenorizada de los hechos. El fatídico martes 24 de marzo de 2015 el Airbus A320-211 con matrícula D-AIPX de Germanwings despegó en Barcelona a las 9.00 desde la pista 07R. Los seis tripulantes y el avión eran los mismos que habían salido de Düsseldorf a las 6.01 y aterrizado en Barcelona a las 7.57.

El trayecto se caracterizó por la normalidad hasta que a las 9.30 el comandante le comunicó a Lubitz que iba a abandonar la cabina de vuelo porque necesitaba ir al lavabo. En cuanto el copiloto se hizo con los mandos del avión el aparato comenzó a perder altura. No había pasado ni un minuto de la ausencia del comandante cuando la altitud paso de “38.000 pies a 100 pies”. Desde entonces hubo hasta once intentos por parte del centro de control de Marsella de comunicar con la tripulación sin conseguirlo. También intentó comunicarse en tres ocasiones el sistema de Defensa Aérea de Francia. No lo consiguió. Tampoco consiguió ninguna respuesta la tripulación de otra aeronave cercana.

Entre las 9.35 y las 9.40 de nada sirvieron los timbres solicitando el acceso a la cabina de mando, las llamadas por el interfono o la forma con la que golpeaba la puerta el comandante para intentar entrar en la cabina. A las 9.41 la grabación se detuvo. El avión acababa de impactar contra los Alpes. No hubo supervivientes.

El documento de la aviación civil francesa también detalla las capacidades formativas de los tripulantes. Sobre Lubitz asegura que tenía una experiencia de 919 horas de vuelo. Lubitz comenzó el 1 de septiembre de 2008 su entrenamiento en la escuela de entrenamiento en vuelo para pilotos de Lufthansa en Bremen (Alemania). “El 5 de noviembre de 2008 tuvo que interrumpir su entrenamiento por razones médicas” y no retomó su formación hasta el 26 de agosto de 2009. Tras los cursos de entrenamiento fue evaluado como “superior al estándar” por sus instructores. El 9 de abril de 2008 obtuvo un certificado médico que le permitía volar sin restricciones durante un año. Al año siguiente (9 de abril de 2009) no le revalidaron el certificado “debido a una depresión” y a la medicación que tomaba para combatirla. El 14 de julio de 2009 no le renovaron el certificado médico y no fue hasta el 28 de julio de 2009 cuando pudo renovarlo con normalidad.

En cuanto a la revisión del avión, el informe asegura que estaba en condiciones para volar aunque reconoce algunos desperfectos. Uno de ellos en la luz de cabina. El documento asegura que en el momento del siniestro el cielo estaba despejado y la visibilidad era superior a 10 kilómetros. "Durante el descenso, el avión atravesó una fina capa de cirros dispersos y después algunos altocúmulos... el resto del descenso se realizó sin nubes", asegura.

El impacto fue en municipio de Prads-Haute-Blóeone a 1.550 metros sobre el nivel del mar. Los restos quedaron diseminados en una superficie de cuatro hectáreas en un barranco. Las partes de mayor tamaño recuperadas de la aeronave sólo tenían tres metros.

Los testigos que presenciaron el accidente declararon que “habían visto la aeronave en continuo descenso, en vuelo rectilíneo y con las alas en posición horizontal".

Solo ha habido seis accidentes de transporte aéreo comercial causados por maniobras intencionadas de uno de los miembros de la tripulación. El último accidente similar tuvo lugar el 29 noviembre de 2011 en Namibia. En aquella ocasión tampoco hubo supervivientes. Fallecieron 33 personas.

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