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Galicia pone a prueba a la nueva izquierda

Candidaturas que unen partidos clásicos y emergentes con activistas y ciudadanos sin pasado político optan a gobernar A Coruña y Santiago

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, a la derecha, aplaude al candidato a la alcaldía de A Coruña, Xulio Ferreiro.
El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, a la derecha, aplaude al candidato a la alcaldía de A Coruña, Xulio Ferreiro. EFE

“Aquí he visto codo a codo a personas que nunca pensé que podrían trabajar juntas. Los ciudadanos sin afiliación política le han enseñado a la gente de los partidos a trabajar en grupo”. Marcial Blanco, 40 años y empleado de una tienda de agricultura ecológica, ha saltado en apenas unos meses del desinterés por la política al equipo de campaña de Marea Atlántica en A Coruña, una de las contadas candidaturas a las municipales que en España han logrado aunar a partidos clásicos como Izquierda Unida (IU) con emergentes como Podemos, nacionalistas como Anova o Compromiso por Galicia, Equo, movimientos sociales o personas sin experiencia política.

Una probeta más de la nueva política nacida de la gran recesión en la que los Ayuntamientos gallegos son pioneros -de las cinco capitales de provincia en las que IU y Podemos concurren juntas el 24-M, dos están en esta comunidad (A Coruña y Pontevedra) y a ellas hay que sumar Santiago de Compostela- y que, a diferencia del resto de España, no hunde su ancla en el estallido del 15-M sino en las profundidades de Nunca Máis, el movimiento que tras el naufragio del petrolero Prestige abrió una vía de agua en la Galicia del todopoderoso Manuel Fraga. Los sondeos electorales otorgan a Marea Atlántica y a Compostela Aberta, la candidatura unitaria de Santiago, posibilidades de convertirse en segunda fuerza rebasando al PSOE. La candidatura coruñesa ha recibido este martes el apoyo del líder de Podemos, Pablo Iglesias, en un mitin en el abarrotado palacio de congresos de la ciudad. "Quédate con la copla, Feijóo, la Marea va a ser el principio del fin del PP gobernando en Galicia", advirtió Iglesias.

El líder de Podemos cargó contra el presidente de la Xunta -"la corrupción se hace en los reservados de los restaurantes y en barcos de narcotraficantes" o "a mí no me harán una foto en un barco con un narcotraficante", le lanzó a Alberto Núñez Feijóo por la vieja amistad del popular con Marcial Dorado- pero no se olvidó de Mariano Rajoy: "Deje de esconderse como una gallina, como un avestruz. ¡Debata, tenga agallas!". Para Iglesias, "un presidente que no atreve a debatir no es un presidente, es un cobarde".

El tanteo de la confluencia, de los frentes amplios de izquierda al estilo del de José Mujica en Uruguay, comenzó en Galicia en las elecciones autonómicas de 2012 con Alternativa Galega de Esquerda (AGE), una alianza del partido del histórico nacionalista Xosé Manuel Beiras, Izquierda Unida y otras formaciones izquierdistas que irrumpió en el Parlamento gallego con nueve diputados apenas un mes después de nacer pero que en este tiempo ha ido languideciendo entre las paredes del hemiciclo erosionado por destructivas luchas internas. De momento, el mestizaje en la Marea Atlántica fluye sin excesivas tensiones.

Los promotores de esta última remarcan que AGE es “técnicamente” una coalición de partidos mientras que la candidatura coruñesa busca una alternativa a la “lógica de las coaliciones”, ese reparto de la tarta entre partidos aliados que desde los noventa y a través de bipartitos entre el PSOE y el Bloque Nacionalista Galego (BNG) ha sido la única alternativa de gobierno al PP en las corporaciones locales y la Xunta de Galicia. “Uno de los motores de la Marea es la frustración ante los gobiernos de coalición, que se reparten cuotas y acaban siendo dos gobiernos”, apunta Iago Martínez, coordinador de campaña de la candidatura coruñesa.

Hubo un montón de momentos en los que estuvo a punto de no funcionar

¿Y por qué en A Coruña se ha hecho aparentemente con facilidad lo que en otras partes de España ha sido imposible? El candidato de la Marea Atlántica a la alcaldía de A Coruña, el juez Xulio Ferreiro, esgrime para explicarlo la “fuerza” de los movimientos sociales en una ciudad en la que durante décadas las instituciones estuvieron copadas por el ubicuo y peculiar socialismo del exregidor Francisco Vázquez. Ferreiro, que hasta que fue elegido como cabeza de cartel era magistrado suplente de la Audiencia Provincial de Lugo con una biografía política de discreta militancia en el BNG y una afiliación más activa al sindicato nacionalista CIG, añade a su diagnóstico el hecho de que los partidos que se han unido a la candidatura, tanto los clásicos como los emergentes, careciesen de “grandes aparatos o expectativas individuales”, así como una “metodología” que desde hace casi un año ha mantenido trabajando codo a codo y durante “muchísimas horas” a “personas que ni se conocían”. “En un partido se tiene carné, se paga una cuota y se va a alguna reunión a levantar la mano. En la Marea Atlántica no hay ni carné ni cuota y se pertenece a ella en la medida en que se trabaja y participa”, añade el coordinador de campaña.

“Hubo un montón de momentos en los que estuvo a punto de no funcionar”, rememora Marcial Blanco, miembro del equipo de campaña, “pero la parte ciudadana, la no afiliada [a partidos], es numerosa tanto en personas como en capacidad de trabajo. Ellos han sido el cemento de todo y lo que ha dado equilibrio”. Silvia Cameán, de IU, admite los recelos y el fuerte debate interno que la renuncia a las siglas de cara al 24-M provocó en su formación pero achaca el éxito a la “madurez” tanto de los procedentes de partidos tradicionales como de los activistas sociales.

Los que como ella vienen de la política clásica aportan su experiencia, por ejemplo, en el funcionamiento de un grupo municipal o su atención a las luchas sindicales, mientras que de los movimientos sociales dice haber aprendido a tomar las decisiones “por consenso, no por mayoría simple”. La Marea Atlántica cuenta con un equipo de mediación y resolución de conflictos que actúa cuando los debates se vuelven ásperos y la asamblea se parte en votaciones ajustadas.

La gran prueba para la Marea Atlántica llegará, sin embargo, el día después de las municipales. Si las encuestas atinan, este frente político puede ser llave de gobierno en A Coruña y entonces deberá enfrentarse a las negociaciones con otros partidos y a los riesgos y tentaciones de la vida institucional. Como vacuna contra las enfermedades que han azotado otros cuerpos políticos, la Marea ha regulado al detalle el proceso para decidir posibles acuerdos poselectorales e incluso ha pautado cómo deberá rendir cuentas fuera del Ayuntamiento (a sus miembros y al resto de coruñeses) el hipotético grupo municipal que salga de las urnas. “Aquí no habrá aislamiento”, vaticina la portavoz de IU cuando se le recuerda el laberinto partidista en el que se perdió AGE.