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fuerzas sociales

La foto fija del sindicalismo vasco

Las cuatro grandes fuerzas se mueven en pocas décimas desde hace tres lustros y mantienen unos porcentajes de representación similares desde 1986

Los cuatro sindicatos vascos unidos en 2004
Los cuatro sindicatos vascos unidos en 2004

El mundo cambia a pasos agigantados, la economía se globaliza y las crisis azotan a todos los rincones, así como las reformas que afrontan los gobiernos para superarlas, cambiando en ocasiones el orden establecido: Estados Unidos, el paradigma del capitalismo dejó caer a una parte de la banca para salvar la economía mientras que en España una de las integrantes de la Europa del Bienestar, optó por salvar a los bancos y dejar caer a los ciudadanos. En el caso de los países del sur de Europa esas reformas se han saldado con elevadas tasas de paro, crispación social, e incluso convulsión política y en esa especia de revolución han aparecido incluso nuevas formaciones políticas que amenazan la estabilidad de un resignado bipartidismo. En el plano sindical, sin embargo, todo sigue igual.

La foto de la representación de las cuatro fuerzas sociales vascas, no se ha movido sustancialmente, desde finales de la década de los 80, cuando LAB se estabilizó como el sindicato de la izquierda abertzale, a costa de CC OO y de UGT. “Es un fenómeno interesante”, reconoce el catedrático de Economía Aplicada de la UPV, Felipe Serrano más si cabe cuando la percepción social “de los sindicatos no es en este momento demasiado buena”. En su opinión pueden contribuir a ese hecho que todos los que votan se encuentren en situación de empleo en ese momento y “valoren el esfuerzo de sus delegados” por mejorar o mantener las condiciones salariales, o el empleo. El hecho es que en 1986 ELA se convirtió por vez primera en el primer sindicato en las tres provincias vascas, con el 43% en Gipuzkoa y un 34,9% de media en las tres provincias.

UGT obtenía sus mejores resultados en Álava y en Bizkaia, con más fuerza en la industria pesada, hasta el 18,9% mientras que CC OO tenía un reparto más homogéneo en las tres provincias y era la tercera fuerza con el 16,7% de la representación. LAB, que ya llegaba al 15% en Gipuzkoa y pero no superaba el 9% ni en Álava ni en Bizkaia se quedó aquel año como la cuarta fuerza con un 10,75%. En aquella época, curiosamente, ELA y LAB crecían a buen ritmo mientras que UGT y CC OO decrecían, posiblemente lastrados —más UGT— por las grandes reconversiones del sector público. Es cierto que a 31 de diciembre de 2014 LAB era ya el tercer sindicato, pero la imagen sindical no dejaba de tener un enorme parecido pese a que en 1986 el cómputo total de delegados fue de 14.870, mientras que en 2014 se quedó en 16.997 —casi 2.000 menos que en 2013 por el elevado desempleo—.

ELA logró por vez primera

en 1986 ser el primer

sindicato en las tres provincias

El pasado año ELA seguía en cabeza con un 39,7% de los delegados, CC OO iba después con el 19,3%, LAB acaparaba ya el 18,3% y UGT tenía el 11,8%. Ese orden permanece inalterable con pequeños movimientos de décimas desde hace tres lustros. “En el mundo sindical es difícil un vuelco”, asegura el secretario general de UGT, Raúl Arza, entre otras razones “porque votas a personas que tienes delante en las empresas, a los que conoces y hablas, y además no se vota el mismo día sino que se dilata a lo largo de muchos meses con lo que se atenúa el posible enfado por una mala gestión”, precisa Arza. “Los centros de trabajo son como una burbuja”, interpreta el responsable de Organización de CC OO, Sabino Santolalla.

“Se da la circunstancia de que hay empresas que llevan seis años sin convenio y salen los mismos representantes. Quizás la presencia hace que se interpreten mejor los esfuerzos y los fracasos”, dice, y podría explicar además que, pese a todo, la participación en los procesos electorales dentro de los centros de trabajo que cumplen los requisitos, es muy alta, por encima del 75% y del 80%. En el proceso electoral sólo participan quienes trabajan en empresas con más de seis trabajadores, y eso excluye a dos terceras partes del tejido industrial vasco. “Si votaran todos, empleados y desempleados, y sobre todo los jóvenes, posiblemente el resultado sería radicalmente diferente”, sugiere Serrano. “Esa es la foto fija de una parte muy concreta del tejido productivo, pero hay que tener en cuenta que sigue siendo la menor parte”, subraya. En su opinión, a partir de ahora, la batalla sindical debiera de centrarse en abrir el catálogo de servicios hacia los nuevos perfiles que están apareciendo y en atraer a los integrantes más jóvenes del mercado laboral, posiblemente los más formados y más flexibles, con propuestas que les hagan considerar la utilidad de la sindicación.