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El fiscal acusa a un capo georgiano de ordenar la muerte de un rival

Kakhaber Sushanashvili se expone a ser condenado a 33 años de cárcel

Kakhaber Sushanashvili (derecha), junto a otro presunto miembro de la organización georgiana, vigilados por el Cuerpo Nacional de Policía.
Kakhaber Sushanashvili (derecha), junto a otro presunto miembro de la organización georgiana, vigilados por el Cuerpo Nacional de Policía.

La Fiscalía ha pedido casi 33 años de cárcel para el hombre que dirigió, hasta su detención en marzo de 2010, el grupo más poderoso de la mafia georgiana en España. Kakhaber Sushanashvhili está acusado de media docena de delitos; entre otros, de ordenar dos veces el asesinato —frustrado por la policía primero y por el azar después— de un capo rival en Francia. Anticorrupción le sitúa como mano derecha de su hermano Lasha, uno de los principales “ladrones de ley” (líderes) de la organización criminal en Europa que fue condenado en Grecia. Junto a Kakhaber, que operaba desde Barcelona, serán juzgadas otras 19 personas, según el escrito de acusación de la operación Java, al que ha tenido acceso EL PAÍS.

Amenazó por Skype a un hombre para que le entregara un restaurante

Kakhaber dirigía la rama española de una mafia total, que tocaba casi todas las teclas del crimen organizado: robo, tráfico de drogas, falsedad documental, estafas bancarias y extorsiones. El jefeera, además, un hombre de mil caras que se empeñó en pasar desapercibido: a lo largo de su carrera, utilizó hasta diez identidades falsas. En 2005, fue contratado como empleado de una frutería —donde jamás trabajó— y más tarde amañó una boda para empadronarse en L’Hospitalet (Barcelona) a pesar de que tampoco vivió allí.

Los pinchazos telefónicos fueron clave para desbaratar (temporalmente) el plan de asesinar a un mafioso rival. El 8 de enero de 2010, llegaron a Barcelona dos “deportistas” (sicarios, en el argot de las organizaciones ruso-georgianas) para reunirse con Kakhaber, según la Fiscalía. Éste les encargó la ejecución de un “traidor”, Vladimir D., que vivía en Niza. La policía detectó cómo, unos días después, los sicarios se dirigían a Francia en un BMW. La alerta policial evitó el crimen. Kakhaber, sin embargo, dio una “nueva orden” de matarle. El 15 de febrero, la policía francesa informó a la española de que se había producido un tiroteo en el centro de la ciudad. En el lugar del incidente se halló munición de un fusil kalashnikov. El objetivo ni siquiera resultó herido. Con Kakhaber ya detenido, sin embargo, Vladimir fue asesinado de dos disparos en Marsella.

“Debe ser castigado para que sepa cómo es herir con un cuchilo”, afirmó

Casi la mitad de la pena solicitada por Anticorrupción (15 años) procede de dos delitos de intento de asesinato. Como jefe en España, Kakhaber tenía acceso a la Obschack, la caja común a la que van a parar parte de las ganancias de la mafia georgiana. En otra llamada, el jefe explica que su hermano le ha “regañado” por prestar 23.000 euros del depósito a otra persona. Lasha le había indicado que ese dinero solo puede usarse en tres supuestos: “Si ha muerto alguien y hay que trasladar el cuerpo, para contratar el abogado y para librarse de la cárcel”.

La Fiscalía relata que el grupo vendía oro a través de la Western Union y blanqueaba el dinero en negocios de paquetería. Los subordinados usaban tarjetas manipuladas para comprar en tiendas de lujo (Gucci, Louis Vuitton) del barcelonés paseo de Gràcia. Preocupado por su seguridad, Kakhaber trató de comprar un coche blindado en Alemania.

Utilizó nombres y empleos falsos y concertó una boda de conveniencia

“El agresor tiene que ser castigado para que sepa cómo es herir con un cuchillo”, dijo Kakhaber, que se ocupaba personalmente de impartir justicia y de las extorsiones. El grupo criminal pretendía hacerse a la fuerza con un restaurante de Salónica, la ciudad griega donde estaba instalado Lasha. La banda llevó a un cibercafé a su propietario, que habló vía Skype con Kakhaber. Desde Barcelona, éste amenazó con matarle y dejarle en la ruina, y le dio tres meses para entregar el local y pagar 40.000 euros. El hombre logró escapar a Georgia y denunciarle.

La operación Java se lanzó en marzo de 2010 y motivó la detención de unas setenta personas en toda Europa; una tercera parte, en España. Fue la tercera gran causa contra la mafia rusa tras Avispa —en la que fue arrestado y más tarde condenado Zakhar Kalashov— y Troika. En 2013, el juez de la Audiencia Nacional Javier Gómez Bermúdez permitió a Kakhaber abandonar la cárcel con una fianza de 50.000 euros que el acusado reunió en apenas 48 horas. Su decisión fue revocada tras un recurso de la Fiscalía. La Audiencia ha accedido a extraditarle, cuando acabe el proceso, a Georgia, donde participó en los años 90 en un plan para “repartir zonas de influencia” entre los distintos clanes hasta que, en 2005, se instaló en Cataluña.