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“Barcelona morirá de éxito”

La ley de Arrendamientos urbanos aboca al cierre al Forcada, un colmado con 140 años de historia en la calle de Mallorca con paseo de Gràcia

Jordi Forcadas en lo que queda de su colmado.
Jordi Forcadas en lo que queda de su colmado.

El Forcada es solo un colmado en la esquina de la calle de Mallorca y el pasaje de Domingo, esa franja del Eixample barcelonés que presume de turismo de boutiques y arquitectura. A pesar de sus 140 años de historia, no tiene la fama del cercano Quílez ni la elegante presencia del Múrria de Roger de Llúria.

Pero quizás por eso, su muerte inminente es más significativa: porque pone de relieve que la ley de Arrendamientos Urbanos de noviembre de 1994, que desde el 1 de enero va a dejar sin efecto en España los contratos de alquiler de locales comerciales anteriores al 9 de mayo de 1985, tendrá un impacto especialmente doloroso en el centro de la Barcelona más triunfalista, con una catarata de cierres de comercios familiares.

“Barcelona morirá de éxito, ese es mi pronóstico”", sintetiza el dueño del colmado, Jordi Forcada Muntaner, bisnieto de Josep Forcada Daví, que en el siglo XIX emigró de la Garriga a Barcelona y fundó el negocio. Luego lo regentaría su hijo Josep Forcada Padró, su nieto Jordi Forcada Bas y ahora su bisnieto. “Se están haciendo demasiadas cosas. Se está internacionalizando demasiado. Demasiado turismo. A pesar de tener muchos congresos, mucho turistas, mucha tienda de lujo, Barcelona se está quedando fría, se están comiendo lo que había en los barrios, el alma de la ciudad”", se lamenta.

La ley de Arrendamientos Urbanos, aprobada con el socialista Pedro Solbes al frente de Hacienda, dio un periodo transitorio de 20 años para que los comercios se adaptaran a una norma que elimina desde enero de 2015 unos contratos muy ventajosos, muy alejados de los precios del mercado. Pero hay mercados y mercados, y un local en una planta baja entre Rambla de Catalunya y paseo de Gràcia es especialmente codiciado.

“Ahora estábamos pagando casi 1.000 euros y primero me pidieron 7.000 euros al mes para renovar el contrato. Después, a través, del Ayuntamiento, la cosa bajó un poco pero solo el primer año. Después iba subiendo de forma paulatina y al cabo de cinco años me quedaba colgado y ya no sabía qué podía pasar. Y aún y así, es impagable. Es impagable. Nosotros no podemos pagar porque entre el alquiler, el IVA, los gastos de comunidad, el IBI y todo lo que hace falta, no puede ser. Con estos precios es imposible, se queja Forcada.

La ley ha sido la puntilla que le ha empujado a tirar la toalla, pero hay también razones más personales: “Tengo 64 años y he trabajado toda la vida. He pasado por una enfermedad muy grave, me he salvado, y he aprendido que tenemos fecha de caducidad. Y, como no sé cuál es, hasta entonces quiero vivir. Lo que no he vivido nunca lo quiero vivir ahora porque no sé lo que durará”, explica mientras atiende a los penúltimos clientes en un local ya casi vacío tras unos días de liquidación total.

“Éramos una tienda de barrio de toda la vida y vendemos productos de calidad. Siempre digo que yo como de la tienda y me gusta comer bien, por eso todo lo probaba yo antes y si me gustaba lo compraba para la tienda”, asegura. “Teníamos de todo. Vinos muy buenos. Muchas conservas, de la casa Rosara de Navarra, que son una pasada y según ellos éramos la tienda con más surtido de toda España. En fin, todo lo que ha de tener una tienda de barrio: artículos de limpieza, perfumería, congelados, queso...”.

El cierre del colmado Forcada es un paso más en la transformación de un barrio tomado al asalto por tiendas de ropa y por grandes marcas que buscan en calles como la de Mallorca los espacios que ya no se encuentran en el paseo de Gràcia o la Rambla Catalunya. Pero en el barrio sigue viviendo gente, sobre todo gente mayor que confiaba en la cercanía del Forcada y su servicio a domicilio.

“Están muy tristes porque cerramos, porque ya no queda ninguna tienda en el barrio, somos la última. El Quílez también cerrará porque creo que les piden 30.000 euros al mes. Y sobre todo la gente mayor está espantada porque dicen 'y ahora dónde iremos', 'y ahora qué haremos', y eso me preocupa”. “Yo he nacido en esta tienda. Antes era tienda y vivienda y yo vivía aquí dentro. Es toda una vida”, añade.

“Le echaré mucho de menos”, tercia Antonia Cantó, vecina, amiga y fiel clienta de Jordi Forcada. “Vino a mi bautizo. Y tengo 61 años. Aún le recuerdo paseando, jugando aquí fuera, jugando con los patines el domingo por la mañana porque aquí en el pasaje no había tráfico. ¡Y es duro, eh!”, sentencia.

Un barrio transformado

Esta zona del Eixample de Barcelona hace ya años que ve caer numerosas tiendas familiares, negocios en muchos casos de otros tiempos. Como las Granjas Hospitalet, que vendía una de las natas más densas y exquisitas de Barcelona. "Allí pusieron la zapatería Manolita. No, no, no, es una tienda de modas, no la Manolita, la Paola”, se corrije Jordi Forcada. “Y al lado estaba la fábrica de Esencias y Perfumes, que era única en Barcelona”, añade.

Aquí antes había de todo. Un barbero, una lechería, las Granjas Hospitalet, una floristería, una pescadería, una tienda de aceites y jabones, una óptica, los Calzados Mallorca, el Hostal del Sol, la Pan American, el carpintero Riveras", relata.

"En la Pan American, cada verano venían en manifestación y les rompían todos los cristales", rememora la clienta Antonia Cantó. También estaba el Drugstore, "que iba del pasaje al paseo de Gràcia", recuerda Forcada. "Tuvo mucho éxito porque cuando lo inauguraron vino Salvador Dalí, y George Hamilton y bueno, eso en Barcelona fue… Estaba abierto toda la noche, podías ir a cualquier hora", evoca Antonia. Era otra Barcelona.