Subasta en la ópera

El Teatro Real vende más de 400 piezas de 'atrezzo' que conservaban en sus almacenes

Calesa construida en los talleres del Teatro Real para la ópera 'Los cuentos de Hoffman'.
Calesa construida en los talleres del Teatro Real para la ópera 'Los cuentos de Hoffman'.Álvaro García

¿Por qué querría alguien comprar un ataúd, una calesa o una góndola? “La verdad es que a nosotros también nos sorprende”, reconoce Álvaro Aguado, jefe de utilería del Teatro Real. Es uno de los encargados de preparar la subasta de más de 400 piezas fabricadas en los talleres del teatro para alguna de las óperas que han pisado las tablas de este coliseo en los 17 años que han pasado desde su reapertura.

Esta será la segunda edición de la Almoneda Real, que el año pasado se saldó con una recaudación superior a 50.000 euros. Antiguamente, una almoneda consistía en vender los objetos ganados al enemigo en una guerra. Se colocaban todas las alhajas del botín alrededor de una lanza y se adjudicaban al que ofrecía una suma mayor, que luego se repartía entre los que habían participado en la batalla. Ahora, el método es más sofisticado. Los interesados pujan a través de Internet, donde también pueden ojear el catálogo de piezas a la venta.

Otra opción es acercarse al Teatro Real, para ver gratis los objetos expuestos a lo largo de sus seis plantas este fin de semana. La subasta se celebrará el 20 de diciembre en la Sala Principal.

Nada más atravesar la entrada que mira a la Plaza de Oriente, lo primero que atrae a la vista es la escultura mecanizada de los Músicos Autómatas de Los cuentos de Hoffmann, creada en 2006. Un arpa, un violonchelo y un tambor percutidos por unas manos de madera que se accionan con un interruptor. Es una de las piezas que los artistas recuerdan con más cariño por el trabajo que supuso crearla. Todos participaron de una forma u otra. Cerrajeros, escultores, pintores, especialistas en efectos especiales... Cada uno aportó sus ideas. Y el día que consiguieron que funcionara el mecanismo y los instrumentos se movieran, casi montan una fiesta.

Solo exponemos los objetos más extraordinarios
y atractivos"

“Es un trabajo que lleva mucho tiempo. Primero viene el escenógrafo y te dice ‘quiero un violonchelo, un arpa y un tambor que toquen solos. Y tú te apañas”, cuenta el jefe de atrezzo, mostrando el complejo engranaje movido con motores de limpiaparabrisas rescatados en un desguace. Son pocos los directores de escena que les dan una foto o un boceto claro de lo que quieren. “Desde que se inventó Internet, ya nadie trabaja”, apunta irónico Carlos del Tronco, uno de los especialistas que más involucrado estuvo en la construcción de los autómatas. Así que su trabajo comienza por interpretar las palabras de los directores. Algo que, como señala del Tronco, resulta “más complicado cuando son extranjeros”.

El precio de salida de esta composición, una de las más representativas de Los cuentos de Hoffman, es de 3.800 euros. Es la pieza más cara, junto a la calesa de la misma ópera, que está expuesta entre las espectaculares columnas del Foyer, como se llama el salón que recibe a los visitantes. Estas cantidades pueden parecer muy elevadas para el público general, pero a cualquiera de los artistas que trabajan en los talleres les parecen irrisorias teniendo en cuenta las horas de trabajo y los materiales empleados.

Trajes de la ópera 'Il tutore burlato' subastados por el Teatro Real.
Trajes de la ópera 'Il tutore burlato' subastados por el Teatro Real.Álvaro García

Este es el caso de Rosa Caballero, responsable de caracterización, quien afirma que se quedó “a cuadros” cuando vio la valoración de algunos de sus trabajos más apreciados tanto por los trabajadores del Real, como por los compañeros de otros teatros como el Royal Opera House de Londres, también conocido como Covent Garden, que la llamaron expresamente para felicitarla por las pelucas de rastas expuestas para la subasta con un precio de salida de 50 euros. “Hasta en las casetas de navidad de la Plaza Mayor las venden más caras”, dice con un punto de indignación. El 70% de las piezas parten con un precio inferior a los 100 euros y la más barata es una corona de laurel de Orfeo (1999), que cuesta 10 euros.

“Es muy difícil tasar los objetos”, admite el jefe de utilería. “Si lo vendiéramos a precio de mercado sería mucho más caro. Pero esto no es una empresa con ánimo de lucro. Lo hacemos para dar salida a una serie de elementos que si no se quedarían en un almacén olvidado y sería una lástima”. Solo se exponen las piezas que ya no se van a utilizar porque el contrato con el creador tuviera una fecha de caducidad y una vez pasado el tiempo no se puede volver a representar la obra; porque sea un objeto demasiado raro, creado expresamente para una ópera, y no se pueda reutilizar; o porque la producción no tenga salida en otros países porque estén escritas en español. “Hay muchos motivos. El caso es que cuesta mucho mantener estos objetos sin que se deterioren”, explica Graça Prata, del departamento de comunicación del teatro. Ante esta situación, hay dos opciones: “el autoreciclado o la venta”.

La subasta sirve para quitarnos
la etiqueta de elitistas"

“Las piezas de repertorio, susceptibles de ser utilizadas en otras óperas, las guardamos”, aclara Aguado. “Solo exponemos los objetos más extraños. Los más extraordinarios y estéticamente atractivos”, dice señalando un vestido de fiesta verde y dorado, con pedrería, de los años veinte del siglo pasado, adquirido en un anticuario de París y adaptado a la ópera Giulio Cesare, de 2002, que parte con un precio de 900 euros. A los artistas les da pena desprenderse de los objetos en los que han estado trabajando tanto tiempo, pero a la vez reconocen que les enorgullece poder compartir su trabajo con el público. “Las personas que vienen habitualmente a ver las obras, ya conocen el nivel de calidad del equipo artístico del Real, pero esta subasta sirve también para abrir el teatro a todo el mundo y quitarnos la etiqueta de elitistas”, opina Ovidio Ceñera, jefe de sastrería y caracterización.

Aunque la motivación económica no fuera la razón principal por la que la dirección del teatro tomara el año pasado la decisión de hacer una almoneda, está claro que las subastas suponen otra vía para conseguir ingresos ahora que la financiación pública del Teatro Real se ha visto tan mermada. El Ministerio de Cultura redujo un 33% su aportación en 2012 y poco después también lo hicieron la Comunidad y el Ayuntamiento. De forma que la balanza que antes caía en el lado de la subvenciones públicas, ahora está totalmente desequilibrada hacia lo privado. “El teatro está siempre buscando nuevas fórmulas que permitan mantener su proyecto artístico y la viabilidad de la empresa”, explica la responsable de comunicación. “Hoy día ya nadie te critica porque se alquile el teatro a David Bisbal, pero a lo mejor hace años eso podría haber devaluado la marca del Real”.

Máscara de la ópera 'La Dolores' subastada por el Teatro Real.
Máscara de la ópera 'La Dolores' subastada por el Teatro Real.Álvaro García

Pero, ¿por qué compraría un particular cualquiera de los extraños objetos que inundan los salones del Real? Uno de los asistentes a la subasta del año pasado que más dinero gastó —5.000 euros— contesta a la pregunta: “Porque son cosas curiosas que no encuentras en ningún otro sitio”. Alberto Arranz se llevó un carromato, dos coches de choque que tiene expuestos en un garaje de vehículos antiguos y un féretro del tamaño de un niño “para un local de magia”. Su hijo de 10 años fue el comprador más joven de la puja. “Rompió su hucha y gastó todo lo que tenía ahorrado. Antes de que empezara la subasta habíamos hablado de un límite, pero se emocionó y lo tuve que parar”, cuenta el padre riendo. Este año todavía no ha ojeado el catálogo, pero está seguro de que volverá a pujar para darles “una segunda vida a los objetos después de su muerte artística”.

Visitas gratuitas: 29 y 30 de noviembre, de 15.00 a 20.00; 6 de diciembre, de 15.00 a 20.00; y 12 y 19 de diciembre de 10.00 a 17.00

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