“Entre Gloria Fuertes y yo habría prendido un chispazo de amistad”

La catalana Sílvia Comes pone voz y música a la escritora, convertida en su ‘alter ego’

La cantante Sílvia Comes, el lunes en el Círculo de Bellas Artes.
La cantante Sílvia Comes, el lunes en el Círculo de Bellas Artes. Claudio Álvarez

El día que Gloria Fuertes nos dijo adiós, y de eso se cumplirán la próxima semana 16 años, Sílvia Comes, no le prestó demasiada atención a los noticiarios. “Yo por entonces andaba cantando a Luis Cernuda, Gil de Biedma y los poetas de la generación beat. A Gloria solo la asociaba con sus programas de televisión y aquellos libritos de poesía para niños que nunca tuve”, reconoce esta cantante y compositora barcelonesa de 49 años que hoy comparece en la sala Galileo Galilei con su segundo disco en solitario, Fuertes. Fue una directora cubana amiga, María Elena Escalona, la que años después le espetó: “Tu música y sus poemas harían buenas migas”. Comes pidió prestados un par de libros, por curiosear. Un par de horas después, fascinada, estaba comprándoselos en la librería más cercana.

Así, casi por casualidad, prendió la mecha de un espectáculo que el año pasado ganó el premio al mejor concierto en el festival Barnasants y hace pocos meses se ha traducido en un disco de 13 canciones, el que el martes por la noche desembarca en la calle Galileo junto al pianista Mauricio Villavecchia. “Tengo sensación de comunión con Gloria”, admite Sílvia, reflexiva y cordial. “Mientras ponía música a sus versos notaba como si la tuviera sentada a mi lado. La he llegado a conocer muy bien, a tener intimidad con ella. Creo que le gustaría el disco y que habría prendido entre nosotras algún chispazo de amistad”.

Comes ha trabajado con la también catalana Lídia Pujol y con cantautores como Jackson Browne, Luis Eduardo Aute o Pedro Guerra, pero nada le dejó tanto poso como sus años en la banda de Lluís Llach. “De él aprendí una actitud, una entidad artística. Era impactante, siendo aún joven, salir a cantar en griego ante 2.000 personas”, evoca. Con el autor de L’estaca también mantuvo acaloradas conversaciones sobre la conveniencia de preservar el catalán a través de la canción. “Mi primera composición, cuando tenía diez años”, recuerda Sílvia, “se llamaba L’amistat. Pero sucede que la segunda me salió en castellano, que también es mi lengua. Y no pienso renunciar a ella”. ¿El título de aquella obra primeriza? “Caminando por la música. Ahí afloró una María Ostiz oculta”, explica con espíritu burlón.

La artista de El Prat de Llobregat admite que su homenaje a una autora madrileña puede no ser bien visto entre algunos líderes de opinión en Cataluña. “A veces pienso que en mi tierra sería más prudente cantar en inglés que en castellano, pero puedo estar equivocada”, confiesa a media voz. Sílvia, en cualquier caso, no piensa renunciar a su alter ego. “Gloria escribió un libro titulado La isla ignorada, que es como a veces me he sentido. Cantándola a ella siento que estoy contando cómo soy yo”.

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