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La Generalitat ultima su entrada en la estación de esquí de Boí-Taüll

El Gobierno se quedará con la instalación a cambio de un crédito de 7,5 millones del ICF

Estación de esquí de Boí-Taüll.
Estación de esquí de Boí-Taüll.

La Generalitat ultima su desembarco en la estación de Boí-Taüll. Durante el día de hoy tiene previsto reunirse con representantes del actual propietario, el grupo inmobiliario Nozar, para acabar de definir el modelo que le convertirá en el dueño de seis de las ocho instalaciones de esquí alpino de Cataluña. El Gobierno catalán ya controla La Molina, Vall de Núria, Espot, Port Ainé y Vallter.

La Administración autonómica se quedará con la instalación a cambio del crédito de 7,5 millones de euros concedido por el Instituto Catalán de Finanzas (ICF), mientras que los actuales propietarios seguirán como gestores del recinto mediante una concesión y con una opción de recompra, según explican diferentes fuentes conocedoras de las negociaciones.

Se trata de una solución intermedia para dar estabilidad a medio plazo a la estación de esquí alpino. La operación deja al margen los hoteles que conforman al resort, que tienen todos los números para ser traspasados a la banca que financió su construcción mediante daciones en pago.

El Gobierno catalán tendrá que entrar en el accionariado pese a que había buscado otras alternativas para evitarlo. En los últimos años la Administración ha facilitado créditos para que la compañía pudiera abrir la temporada, pero en esta ocasión la compañía había reclamado una solución más definitiva. De ahí que se haya negociado en los últimos meses para encontrarla, pero con una negativa de plano del Gobierno: no acepta que Boí-Taüll se incorporara a la red de cinco estaciones que actualmente gestiona Ferrocarrils de la Generalitat (FGC).

Fuentes consultadas por este diario explican que esa inclusión hubiera desequilibrado la balanza económica de la unidad de turismo y montaña del operador público de ferrocarriles, que además de las estaciones incluye algunos ferrocarriles turísticos, como el cremallera de Núria o la explotación vinculada a la montaña de Montserrat.

Gracias a los negocios ajenos a las estaciones, el área de Turismo de FGC pudo conseguir una tasa de cobertura del 105% o, lo que es lo mismo, unos ingresos un 5% superiores a los gastos.

Como la gestión de Boí-Taüll no correrá a cargo de la Generalitat, tampoco es necesario que se incluya en el perímetro de FGC, que ha creado un sistema de explotación conjunto para generar ahorro de costes y, sobre todo, crear una política comercial conjunta con la que atraer al mayor número de esquiadores. Ese segundo objetivo funcionó el año pasado, al vender algo más de 562.000 forfaits, un 12% más que un año antes.

La temporada de Boí-Taüll también mejoró el año pasado gracias a los buenos gruesos de nieve que aportó el invierno. Vendió 105.000 forfaits, un 20% más que en la campaña de invierno anterior. Pero se quedó lejos de sus objetivos de 128.000. Este año ha empezado ya a comercializar forfaits y, según fuentes del Gobierno, el proceso de venta de estos iba a condicionar la fórmula de alianza entre la Generalitat y Nozar, en la que no se descartaba un nuevo crédito. No será así a no ser que se produzca una sorpresa de última hora.

Boí-Taüll logró levantar el concurso de acreedores al que se vio abocado al acumular unas deudas de más de 40 millones de euros pero no ha sido capaz de cumplir con su plan de viabilidad. No es una excepción entre las estaciones de esquí catalanas pero sí por su estructuración: es el único resort de esquí en Cataluña, lo que tendría que permitir que los ingresos hoteleros revirtieran en las cuentas de pérdidas y ganancias de la estación de esquí.

Un experto en el sector del esquí explicaba esta semana que el complejo tiene algunos problemas. Uno de ellos es la distancia de al menos un kilómetro entre los hoteles y la estación, lo que tampoco lo hace tan atractivo para familias en las que hay más de un miembro que no esquía. Y, además, su millar de plazas hoteleras tampoco es suficiente para rentabilizar una estación. Otro problema es la distancia: Boí-Taüll está lejos de Barcelona y no está mucho más lejos que la estación de Baqueira-Beret, con una oferta mucho más completa.

Todo acaba convertido en una espiral: si no hay esquiadores suficientes no hay recursos; si no hay recursos no hay inversión; si no hay inversión no hay incentivo para que crezca el número de esquiadores. “Aquella explicación de que las personas ricas se están convirtiendo en más ricas y las pobres en más pobres funciona perfectamente para las estaciones de esquí catalanas”, señala el especialista, que pide que no se desvele su nombre.