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Una escuela para la economía social

Estárter ha formado ya a una veintena de emprendedores para sacar adelante proyectos colectivos

Un momento de la clase en la que se forman emprendedores sociales. Ampliar foto
Un momento de la clase en la que se forman emprendedores sociales.

Las empresas pueden formarse en escuelas de negocios tradicionales, pero también tienen mucho que aprender de la experiencia de las entidades, los movimientos sociales, las cooperativas o la economía social en otras formas que persigan la transformación social. Y este es el punto de partida de Estárter, un centro de formación vinculado a la Escuela del Igop (Instituto de Gobierno y Políticas Públicas) de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), que en enero iniciará su segundo curso.

La segunda edición de Estárter fue presentada el viernes. Su coordinador es Álvaro Porro, experto en consumo responsable y redactor de la revista Opcions o activista en Can Masdeu y la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). Porro, que lleva más de una década vinculado a los movimientos sociales, defiende así el proyecto: “Ante el discurso de las bondades de emprender, de la empreneduría individual, nosotros ponemos encima de la mesa el discurso de la empreneduría colectiva, porque cuando lo hacemos de forma conjunta los saberes y prácticas de otros mundos diferentes al empresarial también ganan en valor”.

Entre enero y junio de 2013 por Estárter pasaron una veintena de proyectos. En sesiones teóricas y prácticas en cuestiones de legales, de financiación, relacionadas con la viabilidad económica, la gestión de relaciones entre los integrantes o la toma de decisiones estratégicas… Pero también tiene espacios menos habituales: como Los viernes arremangarse, un espacio de asesoramiento colectivo que se inspira en las asambleas de la PAH, donde los alumnos pueden intercambiar experiencias.

Estos son proyectos no buscan el bien de sus impulsores, sino de todos

Mercè Botella

Porro explica que Estárter da mucha importancia a “la dimensión relacional de los proyectos, lo que llamamos la esfera invisible”. Como argumenta Neus Andreu, se trata de la cooperativa Fil a l’Agulla: “Los aspectos no evidentes en la vida de un grupo, pero que son muy importantes y que es básico hacer visible y aprender de ellas, cuestiones relacionadas con las emociones o las relaciones de poder, que pueden llevar a la ruptura”.

Entre los proyectos que el año pasado pasaron por Estárter figuran L’Aresta, una cooperativa de Santa Coloma de Queralt que se dedica a la elaboración de pan con harinas tradicionales; o Eticom-Som Connexió, también una cooperativa de usuarios de telefonía e Internet que se inspira en Som Energia. En ambos casos valoran unos formadores “profesionalmente potentes” pero con “otra forma de entender la economía”.

Desde L’Aresta, Gemma Flores-Pons explica que aunque ya habían arrancado la panadería, el paso por el Estárter fue una forma de reforzarse “y consolidar, tanto en herramientas básicas para la comunicación, la gestión o la toma de decisiones; como para revisar cómo difundimos nuestro mensaje, un proyecto que no acaba de encajar ni con una empresa tradicional ni con una entidad sin afán de lucro”.

Mercè Botella, impulsora de Eticom-SomConnexió, explica que la idea del proyecto es “una operadora que pertenezca a quienes la utilizan”. “Hasta ahora las iniciativas que hay son hormiguitas, pero ante el oligopolio existente es necesario un proyecto alternativo grande”, lo que ellos buscan ser. “En otros espacios como pueden ser las escuelas de negocios no entienden este tipo de proyectos; estos son proyectos no buscan el bien de sus impulsores, sino de todos, buscan el bien colectivo”, añade.