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Turismo sostenible en Sant Pau

El recinto modernista recibe 130.000 visitas en los seis primeros meses de funcionamiento

El antiguo hospital se abre a sesiones de cine y conciertos

Roman Trekel y el pianista Ulrich Eisenlohr durante la celebración del concierto en el pabellón de Sant Rafael de Sant Pau.
Roman Trekel y el pianista Ulrich Eisenlohr durante la celebración del concierto en el pabellón de Sant Rafael de Sant Pau.

Los latidos del corazón se oyen de fondo en el audiovisual que explica a los visitantes la historia de Sant Pau en la primera sala que pisan. Para que ya, desde el primer momento, sean conscientes del recorrido turístico por parte del recinto histórico del antiguo hospital. El Sant Pau rehabilitado se abrió al público en marzo pasado y desde entonces ha recibido cerca de 130.000 visitas, además de otras 127.000 en el primer mes de funcionamiento de puertas abiertas.

La primera sensación, extraña en una ciudad “hiperturistizada”, es la comodidad del paseo. No hay aglomeraciones, no hay colas. Nada que ver con la masificación de otros monumentos modernistas de la ciudad, especialmente los de Gaudí, con la Sagrada Familia, la Pedrera o Casa Batlló a la cabeza. Por la avenida Gaudí, la avenida que comunica la Sagrada Familia con Sant Pau se empiezan a ver turistas que se dirigen al antiguo hospital pero muy lejos de las aglomeraciones de unas cuántas calles más abajo.

Los gestores del recinto quieren que el turismo sea una de sus fuentes de ingresos y poco antes de abrirlo apuntaban unos 120.000 turistas año, como una cifra sostenible. De momento, en los seis primeros meses ya la han superado. El 42% de los visitantes han pagado la tarifa de visita libre (8 euros), y un 42% la reducida —hay descuentos para los usuarios del Bus Turístic, los que tienen el carné BCN cultural y el bibliotecas, entre otros— y un 12% han entrado gratis.

Además de los barceloneses, el mayor número de visitantes procede del resto de España seguido por franceses, italianos, alemanes y japoneses. Para los barceloneses que han conocido los pabellones cuando tenían uso hospitalario la visita es, en muchas ocasiones, un doble descubrimiento. Por la rehabilitación del que es el mayor conjunto modernista de Europa y porque no se podían imaginar qué escondían los paneles y todo tipo de edificaciones que se añadieron a lo largo de los años.

De algunos de los espacios, como el kilómetro de túneles que servían de comunicación entre los pabellones en la historia reciente y de carruajes en los primeros años del siglo pasado, la visita solo deja ver la parte que está restaurada y da acceso a los jardines. Dos proyectores reflejan en las ahora relucientes baldosas blancas una recreación de lo que allí pasaba: camillas, pacientes en sillas de ruedas, médicos. “No se puede reconocer. Yo había estado de visita en uno de los pabellones y no recordaba nada de lo que estoy viendo ahora", explicaba Piedad, que el viernes lo visitaba con un grupo de profesionales que participarán en el Congreso de Psicólogos de Cataluña que este año se celebrará en Sant Pau. El alquiler de los espacios es otro tipo de ingresos y los responsables del recinto reconocen que va bien, aunque en ocasiones obliga a hacer una suerte de tetris entre las visitas, los actos que se celebran en las salas alquiladas y el ir y venir de las aproximadamente 200 personas que trabajan en los pabellones que ya tienen actividad, como el de San Manuel (Casa Asia) y el de Nuestra Señora de la Mercè (Organización Mundial de la Salud y la GWOPA, la agencia del agua de la ONU).

Esa cohabitación con organismos de las Naciones Unidas a veces supone cierta limitación de movimientos. El recinto está cerrado y solo se puede acceder como visitante o acreditando previamente a dónde se va. Esa limitación a poder entrar y salir libremente es la crítica que se formuló desde entidades vecinales que consideraban que se había privatizado un espacio que siempre había sido público. El recinto puso en marcha el programa Amic Veí para los residentes en los barrios de la Sagrada Familia, el Baix Guinardó, Camp de l’Arpa que con un pago de cinco euros anuales posibilita el acceso libre y, por ahora, tienen 1.365 amigos.

La otra pata de las actividades del recinto de Sant Pau son las culturales. Como los ciclos de cine que han programado este otoño que incluye Sherlock Junior de Buster Keaton y una selección filmográfica de Segundo de Chomón, con el acompañamiento musical en directo de Jordi Sabatés, pianista y compositor. La sala tiene capacidad para cerca de 200 personas. “Ya hemos vendido todas las entradas para hoy”, aseguraron el viernes, un día en el que el pabellón de Sant Rafael acogió también el primer concierto del Lied Festival Victoria de los Ángeles.