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El mundo hecho fotos

La muestra World Press Photo lleva al Círculo de Bellas Artes las mejores imágenes en prensa

Niños albinos ciegos en India, retratados en septiembre de 2013 para Getty Images. Ampliar foto
Niños albinos ciegos en India, retratados en septiembre de 2013 para Getty Images.

Arriba, contra el cielo azulado, está la luna, que se refleja en el mar, y debajo brillan unas estrellas alzadas por unas siluetas misteriosas al borde de una playa. Pero las estrellas son en realidad pantallas de teléfonos móviles. Esta sugerente imagen bien podría ser un anuncio de una compañía telefónica pero es Señal, la obra de John Stanmeyer ganadora de la última edición del certamen de fotoperiodismo World Press Photo. Y quienes levantan los móviles (o las estrellas) no son modelos, sino inmigrantes africanos en una playa de la República de Yibuti, tratando de captar la red telefónica de la vecina Somalia. “Muchas veces se puede presentar a las víctimas de las tragedias, que lo son, de una manera diferente que resalte su lado más humano y parecido a nosotros, como estos inmigrantes que tratan de contactar con su familia y amigos”, dice Erik de Kruijf, representante de la organización.

La exposición, que se puede ver en el Círculo de Bellas Artes hasta el 12 de octubre, reúne 160 fotografías premiadas en diferentes categorías de entre un total de 98.671 imágenes que resumen los acontecimientos más señeros de 2013 a veces de manera amable (hay secciones de medio ambiente, vida cotidiana o deporte) o más dura (aquellas referidas a las sempiternas guerras y catástrofes). “Aún así muchos señalan que está edición no ha resultado tan sangrienta como otras y en muchas fotografías se reflejan los dramas de manera más sutil”, explica De Kruijf.

Por ejemplo en las imágenes Occupied pleasures de Tanya Habjouqa, que retratan los quehaceres diarios en Gaza lejos de las habituales estampas de los bombardeos (unas jóvenes preparándose para una fiesta, un hombre nadando en una piscina) o en la imagen de unas inocentes tiendas de campaña plantadas una pista de baloncesto búlgara, obra de Alessandro Penso, en las que resulta que habitan refugiados sirios (Temporary accommodation). También en el caso, más inquietante, de Fred Ramos, que en vez de retratar a personas asesinadas en Honduras, Guatemala y El Salvador, retrata su último y ensangrentado atuendo en la obra The last outfit of the missing.

Trabajos sobre la violencia de género, las tradiciones congeladas en el tiempo de los habitantes de Transilvania, el huracán de Filipinas, los niños albinos ciegos de India, o la muerte de Nelson Mandela, entre muchos otros, completan la selección. Hasta una curiosa selfie de un puma con Los Ángeles al fondo. Temas como los desnudos o la homosexualidad resultan escabrosos en ciertos países: “Nuestra regla es que si vamos con nuestra exposición a un país, tiene que ser exhibida íntegramente”, afirma De Kruijf, “si por alguna razón nos piden que quitemos una u otra foto decimos: de ninguna manera”.

Y hay representación española: el retrato de una novia bereber tomado en Marruecos por Pau Barrena, además del cortometraje (en la sección multimedia de el certamen) de David Airob y David Ramos sobre el calcio storico, una forma primitiva del fútbol que aún se juega en Florencia. El mundo, con todo su costumbrismo o tragedia, convertido en imágenes.

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