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ANÁLISIS

Una mujer que no iba para alcaldesa

La tragedia del Madrid Arena, con cinco fallecidas, cambió la suerte política de la regidora

La alcaldesa, Ana Botella, en la bajada del cuadro de la Virgen de la Paloma por los Bomberos de Madrid.
La alcaldesa, Ana Botella, en la bajada del cuadro de la Virgen de la Paloma por los Bomberos de Madrid.

La carrera de Ana Botella al frente del Ayuntamiento de Madrid se ha parecido mucho a una partida de billar. Carambolas. De hecho, no fue la candidata que el PP eligió para encabezar las listas municipales a la capital en 2011. Su nombre iba justo detrás del entonces invencible Alberto Ruiz-Gallardón. Pero este fue designado por Mariano Rajoy para ponerse al frente del Ministerio de Justicia, por lo que Botella pasó así a dirigir el mayor Ayuntamiento de España, al que había llegado en 2003 y donde había desempeñado las concejalías de Empleo y Medio Ambiente.

Gallardón se marchó, pero le dejó un regalo envenenado: el Consistorio debía en 2011 a los bancos 6.348 millones de euros, que un año después se convertirían en 7.430. La alcaldesa comenzó entonces un draconiano plan de ahorro y empezó a vender todo lo vendible, además de renegociar todos los contratos de mantenimiento de la ciudad. Comenzaron las críticas políticas y ciudadanas, aunque ella las fue bandeando con mejor o peor fortuna. Pero el 1 de noviembre de 2012, a las 3.33 de la madrugada, su suerte política volvió a cambiar de dirección. La muerte de cinco muchachas durante la celebración de una macrofiesta en un pabellón municipal fue el principio del fin. Botella, que tenía programado un viaje de asueto a Portugal esos días, no lo suspendió, aunque siempre mantuvo que estaba pendiente de lo que estaba sucediendo y “a solo una hora de Madrid” en avión.

Luego vinieron varias pifias, algunas olímpicas, como la del “relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor”, que llevó con bastante deportividad, a pesar de que las encuestas le eran cada vez más desfavorables. El sondeo de Metroscopia para EL PAÍS del pasado mayo la convertía en la precandidata peor valorada, incluso, para los votantes del PP. Pero la partida no estaba acabada. En las últimas elecciones europeas, los resultados del Partido Popular en la capital fueron mejores que en la Comunidad de Madrid, al frente de la que se halla Ignacio González. El círculo cercano a la regidora vio en estos números un presagio de que todo estaba cambiando. Botella, poco a poco, “remontaría”. Sería difícil, pero podría intentar ser candidata. Ella quería.

Su plan económico —fuerte contención del gasto intentando mantener los servicios sociales esenciales— comenzaba a dar sus réditos, a pesar de las críticas de la oposición, que destacaba los recortes en todos los apartados, incluido el del mantenimiento de las zonas verdes. En el PP, en cambio, se hablaba sin tapujos de una “buena gestión económica”: las cuentas municipales ya no presentaban el panorama desolador que había dejado Ruiz-Gallardón. Mientras, González miraba de reojo: Botella no era buena candidata. Sin una victoria en el Ayuntamiento, no se podría ganar la Comunidad. Pero las carambolas continuaban. El 21 de junio pasado, un militar de 38 años moría aplastado por la rama de un árbol mientras se hallaba sentado en un banco de El Retiro. Las críticas arreciaron. Su equipo de gobierno se desgañitó intentando demostrar que el céntrico parque madrileño no estaba afectado por las medidas de contención del gasto. ¿Qué les pasa a los árboles de Madrid? Nada, respondía Botella, se caen como siempre: un 0,006%.

Sin embargo, el fallecimiento de un hombre de 72 años el pasado lunes cuando paseaba por una calle de Vallecas, aplastado por otra rama, fue el último golpe en el tapete político municipal. La gota final: renunciaba a ser candidata. Sus allegados, no obstante, afirmaban que no, “que no ha sido por eso, que lo tenía decidido desde hace tiempo, que es que ha coincidido con la reunión con Rajoy donde se lo iba a comunicar”. Esperanza Aguirre, una de las posibles candidatas al Ayuntamiento si su imputación por un incidente de tráfico lo permite, escribió ayer en Twitter el siguiente epitafio político tras la renuncia de la alcaldesa: “Ana Botella siempre ha hecho lo mejor para el Partido Popular”. Carambola final.

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