LA GRAN GUERRA EN BARCELONA
Crónica
Texto informativo con interpretación

Muertos del 18

La gripe española provocó millones de fallecimientos, cerca de 6.000 en Barcelona

Una de las huellas que guarda la ciudad de la gripe del 18 son las fuentes —como la de la foto— regaladas por Richard Wallace.
Una de las huellas que guarda la ciudad de la gripe del 18 son las fuentes —como la de la foto— regaladas por Richard Wallace.CONSUELO BAUTISTA

Durante muchos años, en los cementerios de nuestro país había un espacio reservado a los muertos del 18. Fallecidos que debían ser tratados con suma cautela, pues eran el último recuerdo de una epidemia que mató a más gente que la Peste Negra, e incluso que la propia Gran Guerra. Aquella mortandad fue conocida como la gripe española, aunque se diagnosticó por vez primera en Kansas (Estados Unidos), a principios de 1918. Sin embargo, como la mayoría de países que la sufrieron estaban en guerra, sus respectivas censuras se ocuparon de esconder la magnitud de aquella hecatombe. Solo en la neutral España, la prensa pudo hablar libremente del tema. Así fue como tomó la denominación con que la conocemos.

La extensión de modernos sistemas de transporte y el continuo tránsito de tropas fue lo que extendió este virus al otro lado del Atlántico, esa primavera ya estaba en Francia y solo fue cuestión de semanas que llegara a nuestra ciudad. A finales de mayo, La Vanguardia hablaba de un brote catarral que había dejado en cama a la mayoría de los músicos del teatro Apolo, y en junio comenzó a correr la alarma ante el incremento de casos registrados. Pero el calor pareció tener un efecto curativo y la enfermedad remitió sin más importancia. Cuando ya se daba por controlada, la gripe volvió a atacar con gran virulencia en Burdeos, a principios de setiembre. El 18 de ese mes, el Diario de Barcelona informó de una nueva epidemia que afectaba especialmente a los cuarteles. Gran parte de la guarnición del castillo de Montjuïc se infectó, y las autoridades decidieron cerrar la frontera con Francia.

En los periódicos se podía leer publicidad como: “Contra la gripe, ron Trinidad”

Según El Correo Catalán, los barrios con más casos registrados fueron el Eixample, Sants, Sant Andreu y Gràcia. El 3 de octubre, el Ayuntamiento decidió destinar un crédito para un hospital de infecciosos, cuyo campamento sanitario se instaló bajo el Morrot. Seis días más tarde tuvo lugar la jornada con más muertos de toda la pandemia en Barcelona, 900 fallecidos en 24 horas. Las autoridades ordenaron que se regasen constantemente las calles con mangueras y que no se barriese para no levantar polvo. En los mercados se obligó a limpiar los suelos con desinfectante, y a las familias más pobres se les entregaron cupones de lejía para hacer lo mismo en sus domicilios. El consistorio era muy cuestionado por la prensa, que le acusaba de no tomar las medidas necesarias para proteger sanitariamente a los ciudadanos. Ante el miedo al contagio, se clausuraron los cementerios. Gran parte de la plantilla del tranvía o de Correos estaban en cama, y el 24 de octubre se comunicó que la gripe había llegado a barrios que aún permanecían inmunes, como el Raval o la Barceloneta.

Aquel otoño estaba de moda una prenda nacida en las trincheras, pensada para abrigar a los oficiales con un peso mínimo. Este tipo de abrigo ligero se llamaba gabardina y muchos barceloneses comenzaban a vestirlo. La prensa iba colmada con anuncios de remedios, mientras los farmacéuticos especulaban con los medicamentos provocando una escandalosa subida de precios. En los periódicos se podía leer publicidad como: “Contra la gripe, ron Trinidad” o “¿Queréis evitar la gripe? Tomad la tisana del Anciano Parisien”. Había las gotas de Hipodermol, la Solución Pautauberger, las Pastillas Valda, el Vino de Bayard, el Respirol Riosa, la manzanilla Aroma, el Rid-Ster. O el Resurrexit “Que hará resucitar a los que han sufrido el azote de la gripe”, las gotas de Lodarcyl, un aparato desinfectante llamado Piróforo, el Septylase del doctor Gustín, las cápsulas Cognet, y por supuesto, las Tabletas Bayer de Aspirina.

El moderno transporte y el continuo tránsito de tropas extendió el virus al otro lado del Atlántico
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Corría el rumor de que la enfermedad era debida a los gases letales, incluso decían que la marca alemana Bayer envenenaba a la gente con su aspirina. Como decía Luís Cabañas en su Biografía del Paralelo: “No había aspirina, ni ataúdes, ni bastantes brazos sepultureros. No había más que muertos, tantos —se decía— que los hay repetidos”. La mortalidad fue tan cruel que se tuvo que llamar al ejército para enterrar tanto cadáver. El 2 de noviembre se publicó que había 150.000 casos diagnosticados en Barcelona. A lo largo de ese mes, la gripe remitió. Aún volvió a aparecer en marzo de 1919, pero no con la misma virulencia.

En todo el planeta, la gripe española provocó entre 50 y 100 millones de muertos, cerca de 6.000 personas solo en la capital catalana. Una de las pocas huellas que guarda la ciudad de aquella catástrofe son las doce fuentes regaladas por el filántropo Richard Wallace. Originalmente, se bebía de un chorro situado entre las cuatro cariátides a través de un vaso metálico atado a una cadena. Por temor al contagio, aquellos vasos fueron eliminados y se tuvieron que instalar los actuales surtidores para acceder al agua.

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