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La ballena transforma Bilbao en un río de color y música

El desfile de hinchables se ha convertido en solo 13 años en una tradición de las fiestas

Los niños intentan atrapar el confeti que echa el pulpo. Ampliar foto
Los niños intentan atrapar el confeti que echa el pulpo.

“Es el mejor día de mi vida”. Eneko, de ocho años, acababa de ver a la ballena Baly, la protagonista del espectáculo infantil más multitudinario de Aste Nagusia. El desfile de la ballena se ha convertido, en solo trece años, en toda una tradición de las fiestas de Bilbao. “Primero vine con un nieto, luego con dos, y ahora son tres”, comentaba María Josefa, una de las muchas abuelas que acompañaban a los niños, que no paraban de tirar confeti y serpentina desde la primera fila.

En 2001 se estrenó la ballena Baly. Un año después, se unió su marido, el pulpo, y el broche de oro lo pusieron sus hijos: Besugo y Changurro. El mamífero gigante nadó por primera vez por la Gran Vía solo un año después de que la villa cumpliera 700 años.

Baly ha comenzado este domingo su recorrido en el Teatro Arriaga, donde un día antes habían comenzado las fiestas a golpe de txupin. Cuando los niños, con los confeti en la mano, comenzaban a oír los tambores de la Banda del Surdo ya se impacientaban. “Por ahí sube”, gritaban desde la Plaza Circular. “Nos vamos a mojar”, decían al ver los chorros de agua que echaba por la cabeza.

Cada año la tropa tiene nuevos compañeros. El circo de animales hinchables La familia Gordini, de los catalanes Xtrarradio Xpectacles. Las medusas, anguilas y demás criaturas marinas de Cal y Canto Teatro que hacían virguerías en el cielo de Bilbao. O Los Lanzailusiones de Brotons, que llenaron todos los árboles de serpentina. Los niños no sabían con quien quedarse. “Mi favorito es ese gatito... no, la Ballena... bueno, todos”, decía Aimar a hombros de su padre y con una sonrisa de oreja a oreja.

Desde las alturas, bailaba cualquiera de los ritmos del desfile. Le daba igual que fuera el estruendo de los tambores, las txalapartas y trikitrixas de los gigantes de Gure Musikari Handiak, o la música de discoteca que acompañaban a las criaturas mitológicas de Brotons.

“Lo que más nos gusta son los camiones de la limpieza. Es todo un espectáculo”, decía Cristina, otra abuela que había venido desde Orduña, a la portugaluja María Josefa.

La limpieza ha pasado, como siempre, con una sincronización sin igual. Incluso el alcalde Ibon Areso miraba desde la multitud como por un bilbaíno más. La ciudad volvía a estar reluciente para su siguiente celebración. No había pasada nada. Otro año más la ballena ha llegado a puerto.

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