Un palacio tomado por el pueblo

Boadilla restaura la mansión de Luis de Borbón, ideada por Ventura Rodríguez

La mansión del Infante de España Luis de Borbón y Farnesio, en Boadilla del Monte.
La mansión del Infante de España Luis de Borbón y Farnesio, en Boadilla del Monte.

La mansión del Infante de España Luis de Borbón y Farnesio, príncipe hermano del rey Carlos III, erigida en el siglo XVIII por el arquitecto Ventura Rodríguez, es el emblema de la localidad madrileña de Boadilla del Monte. Hoy se encuentra en pleno zafarrancho, sometida hasta fin de año a una restauración de amplio alcance —dirigida por el arquitecto José Ramón Duralde— concerniente a los 120 metros de su fachada occidental, a su rica arquitectura barroca y neoclásica y a sus jardines de inspiración renacentista, retrazados por la paisajista Lucía Serredi sobre planos recién recobrados de 1868.

Cuenta con un presupuesto de cinco millones de euros, dos de ellos procedentes de fondos europeos FEDER y tres aportados por el Ayuntamiento de Boadilla, actual propietario del palacio, según informa el alcalde e ingeniero, Antonio González Terol. “Hemos obtenido un superávit mediante la renegociación de algunas contratas municipales que permanecieron inalteradas durante una década”, explica. El objetivo final de la actuación persigue incluir la visita al palacio, a su entorno medioambiental y a Boadilla del Monte entre los principales circuitos turísticos de la región, según el propósito declarado de la Secretaria de Estado de Turismo, Isabel Borrego, reciente visitante del recinto palaciego.

Las 33 oficinas turísticas de España promocionarán
la visita palaciega

El palacio del Infante, hijo de Felipe V y de la italiana Isabel de Farnesio, es uno de los edificios con más peso en la historia cultural de la campiña madrileña. De su entorno arbóreo y cinegético se benefició siempre. Sin embargo, las peripecias sufridas por avatares patrimoniales, políticos y bélicos —como la batalla de Brunete— derivados asimismo de sucesivos cambios de titularidad —y de actuaciones “de calidad deplorable”, según el arquitecto Duralde— sepultaron a este magno conjunto durante los años 70 del siglo XX en una situación próxima a la ruina.

No obstante, un potente movimiento vecinal iniciado entonces, acompañado por una pertinaz labor de denuncia, conciencia y difusión liderada por Paloma Olmedo, presidenta de la Asociación de Amigos del Palacio del Infante Don Luis, consiguió convencer a las autoridades del valor de esta mansión, de su entorno medioambiental y de sus dotaciones. Entre estas se encuentra una espléndida fuente ornamental, así como una explanada adoquinada y dos portones de alzado romano ahora restaurados por Duralde; una valla mampostera dieciochesca, a restaurar; más amplios sótanos criptoporticados, a la manera itálica; y un Pabellón de Aves, conocido como El Gallinero, que va a ser remozado mediante una operación de microfinanciación vecinal.

Quince huecos de ventanas y balcones jalonan cada fachada palaciega, de hasta 120 metros de longitud. Ambas se ven signadas por faldón pétreo al modo italiano, llamado brugnato; dos impostas de piedra; cornisa con modillones y algunas columnas pareadas en las jambas del acceso. Tienen tres y cuatro plantas en sendas facies a Levante y a Poniente. El edificio queda rematado por dos torretas, una de las cuales alberga la cúpula del templo que posee el palacio. La fachada occidental exhibe a sus pies una espectacular escalera bramantesca a través de un extenso jardín aterrazado, remozado al completo por la paisajista florentina Lucia Serredi y su adjunto, Cervantes Martínez. La mansión se encarama a un extremo de la localidad madrileña junto a la campiña, signada por 800 hectáreas de bosque y apenas a un suspiro, tres leguas, del centro de Madrid.

Tal fue, precisamente, la distancia impuesta por el rey Carlos III a su hermano Luis, nombrado obispo a temprana edad, sobre quien recaían derechos sucesorios prevalentes sobre los del futuro Carlos IV, hijo de aquel y vetado por la ley Sálica para reinar, habida cuenta de que su nacimiento acaeció fuera de España, concretamente en Roma.

La obra cuenta
con un presupuesto de cinco millones
de euros

Para eludir tal veto, Carlos III decidió exiliar de Madrid a su hermano Luis: vividor, cazador, coleccionista y mecenas, adquirió predio y señorío en Boadilla del Monte, erigió sobre una mansión prexistente, propiedad del marqués de Mirabel, el nuevo palacio, que encargó al arquitecto mayor de Madrid, Ventura Rodríguez, e instauró en él una suerte de Corte cultural alternativa a la de la Corona en Madrid. Frecuentaron los salones palaciegos Goya, la duquesa Cayetana de Alba, la embajadora y florista británica lady Holland, el músico Luigi Boccherini... El valido real Manuel de Godoy fue uno de sus propietarios. Y sobre sus muros, los dueños consecutivos, desde el propio don Luis hasta el conde Rúspoli, emparentado por casamiento con una hija del valido real, colgaron en habitaciones y pasillos palaciegos lienzos como el Cristo crucificado de Velázquez o el Retrato de la condesa de Chinchón, de Goya, más otros de Brueghel, Durero, Murillo y Van Dyck. Sus conciertos de música barroca cobraron nombradía a escala europea.

Pese a haber sufrido innumerables vicisitudes, el palacio conserva elementos arquitectónicos originales, como su capilla neoclásica, columnada por pilastras estriadas de desbordantes capiteles y rematada por cúpula encasetonada sobre pechinas, alumbrada desde cuatro óculos. Incluye esculturas de Valeriano Salvatierra y Antonio Solá. Posee amplios vestíbulos; espaciosas salas y una enorme cocina, decorada con cerámicas atribuidas a Daniel Zuloaga; todo ello en el interior del gran palacio. Y en su contorno se distingue un soberbio gradiente de tres terrazas, en su día ajardinadas, que componen un conjunto único en Madrid.

El alcalde de Boadilla destaca que, “tras finalizar los trabajos de restauración de los portones de acceso al Palacio, ha comenzado ya la recuperación de la primera terraza del jardín, la de las fachadas y la de explanada oeste, que será un espacio para uso y disfrute de los visitantes”.

Por todo ello, la Secretaría de Estado de Turismo, que dirige Isabel Borrego, durante su visita a las obras de restauración, remarca: "El propósito es que este palacio sea incluido en los principales recorridos turísticos de la región", Y añade: "Boadilla va a estar presente en toda la promoción internacional que se haga de la Comunidad de Madrid a través de las 33 oficinas turísticas españolas en el exterior".

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