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El legado suizo de Muñoz Ramonet se dispersa por culpa de sus herederas

Las hijas del industrial impidieron crear una fundación en el país helvético con las miniaturas

Un centenar de obras han sido subastadas en Londres y Ginebra

Retrato de Isabel II, de Luis Cruz y Rios fechado en 1836, una de las miniaturas del legado suizo que ha sido subastada.
Retrato de Isabel II, de Luis Cruz y Rios fechado en 1836, una de las miniaturas del legado suizo que ha sido subastada.

El testamento realizado en 1988 por Julio Muñoz Ramonet en el que legó a la ciudad de Barcelona su finca de la calle Muntaner con su contenido, incluyendo una excepcional colección de obras de arte, por la que el Ayuntamiento pelea en los tribunales con las cuatro hijas del industrial, tenía otro legado: “Mi colección de miniaturas, de valor incalculable, íntegra pasará a una fundación que lleve mi nombre y radique en Chur. La finalidad de la fundación la constituye el mantenimiento y conservación de esos objetos de arte y su exposición al público. Deberá solicitarse la contribución y ayuda de las autoridades públicas”, tal y como dejó escrito en su testamento.

Pero tras morir en 1991, las hijas del industrial, tras impugnar el testamento como falso, alegando que estaba escrito en alemán, emprendieron una feroz lucha por hacerse con toda la herencia, sin respetar legado alguno. En el caso de las obras de arte dejadas en herencia a Barcelona, su recuperación todavía está en el aire, mientras que a las de Suiza se les ha perdido la pista, hasta ahora.

Para que sus últimas voluntades se llevaran a cabo, Muñoz Ramonet nombró como albacea para sus asuntos en España al abogado barcelonés Enrique Granados Jarque, y para los asuntos en Suiza al notario Romano Kunz, amigos tras conseguirle la residencia suiza en el cantón de los Grisones.

Muñoz Ramonet había dividido en 1976 su colección de miniaturas, formada por unas 1.200 piezas que provenían de la colección de Ròmul Bosch i Catarineu que adquirió el industrial en 1950 junto al resto de la colección. La mayor parte, alrededor de 1.000 obras , fue a parar a Suiza, donde residía por entonces, y el resto quedó en Barcelona tal y como se desprende de dos inventarios a los que ha tenido acceso este diario. Los dos conjuntos fueron guardados en sendas cajas fuerte: las obras en Suiza en el Banque de Dépot de Ginebra a nombre de Julio Muñoz y no de alguna de sus empresas, mientras que las que se quedaron en Barcelona se guardaron en la caja fuerte del sótano de la vivienda aneja al palacete de la calle Muntaner, que donó a la ciudad de Barcelona.

Retrato de Elizabeth Bradshaw, de Gervase Spencer y fechado en 1767, actualmente en la colección de Paul Mellon. ampliar foto
Retrato de Elizabeth Bradshaw, de Gervase Spencer y fechado en 1767, actualmente en la colección de Paul Mellon.

En Suiza, tras defender el albacea Kunz los legados de Chur y Barcelona, en contra de la opinión de las hijas, éstas le retiraron los poderes. El 5 de marzo de 1993 en una carta que le envían las cuatro hermanas y a la que ha tenido acceso EL PAÍS le amenazan con no pagarle sus honorarios. En la misiva le acusan de lanzar “gratuitas informaciones con respeto a propiedades inmobiliarias de D. Julio y colecciones pictóricas en España fantasiosas” y tras asegurar que los únicos bienes que hay en Suiza son las miniaturas “pues las enfermedades, manipulaciones y estancia en hotel hicieron que el efectivo se gastase totalmente”, le reprochan que “antes de velar por los intereses de las hijas y herederas, parece que todo su interés es para el Cantón y el Ayuntamiento de Barcelona”, por lo que aseguran que actúa con “negligencia profesional”, “de forma temeraria”, “mala fe manifiesta” y de forma “perjudicial en una herencia que en definitiva, es de muy poca importancia en España e irrelevante en Suiza”, además de recordarle que no tiene competencia en los asuntos españoles. Según algunos cálculos la herencia recibida se elevó a unos 20.000 millones de pesetas, unos 120 millones de euros de 1991.

Retrato anónimo de Joham Duke Questemberg, hoy en la colección Tansey Collection de Alemania. ampliar foto
Retrato anónimo de Joham Duke Questemberg, hoy en la colección Tansey Collection de Alemania.

Las cuatro hijas de Muñoz Ramonet y sus representantes legales convencieron a las autoridades cantonales de que el testamento no era válido, tal y como ellas defendían y en cuanto a las miniaturas, consideradas por todos los especialistas como uno de los conjuntos más importantes reunidos hasta entonces en Europa, aseguraron que las obras “no tenían valor, más allá del sentimental”. El gobierno del cantón de Grisonia, en una carta enviada a Kunz el 5 de mayo de 1993, en respuesta a una del notario de febrero en la que les pedía que asumieran el riesgo financiero para soportar el pleito con las herederas, le contesta que no está dispuesto a gastar fondos públicos por una fundación por que “las expectativas del proceso para los demandados son escasas”, además de que “al día de hoy no consta con certeza el valor de la colección”.

Al final, el notario Kunz acabó renunciando de su cargo como albacea a cambio de cobrar 230.000 francos suizos, pasando de defender la validez del testamento y asegurar que llevaría el caso a los tribunales a declarar el testamento no válido y basar en ello el no haber informado a la ciudad de Barcelona.

Retrato de la señora Duthé atribuido a Jean Pierre Thiboust, de 1794. ampliar foto
Retrato de la señora Duthé atribuido a Jean Pierre Thiboust, de 1794.

A los dos años de fallecer Muñoz Ramonet, la ciudad de Chur perdió la oportunidad para crear una fundación para conservar y difundir unas miniaturas que tenían un valor económico enorme. En una de las tasaciones de la colección completa de Muñoz Ramonet realizada en 1958, el conjunto de miniaturas tenía un valor de 23,7 millones de pesetas, superior a la valoración económica que se le dio entonces a las pinturas (22,2 millones), a los retablos y tallas (15,7 millones) y a los tapices (1,7 millones).

Un estudio realizado recientemente por la investigadora Mireia Viñas para la Universidad de Girona ha permitido recuperar el rastro de algunas de estas miniaturas suizas. En su trabajo ha podido comprobar cómo entre 1992 y 1995 se subastaron en las ciudades de Ginebra y Londres un total de 100 miniaturas, algunas en varias ocasiones. Es el caso del exquisito retrato de Isabel II realizado por Luis de la Cruz y Ríos en 1836, vendida en 1994, 1995 y 2012 y del que se desconoce su paradero y propietario actual. Viñas ha comprobado que la mayor venta de las piezas procedentes de la colección se realizó en la casa Christie’s de Ginebra, el 17 y 18 de mayo de 1994, en la que se pusieron a la venta 84 de estas pequeñas obras. También ha podido comprobar como en muchas de las miniaturas las trazas de los inventarios han sido borradas intencionadamente para poder ser vendidas sin levantar sospecha. La relación de Christie’s con esta historia es estrecha. En 1995 la sala de subastas encargó un estudio y valoración de las tablas góticas del palacete de Muntaner y en septiembre de 2005, en el último inventario judicial realizado de los bienes de la casa, el experto que participó en representación de las hermanas Muñoz fue su consejero delegado en España desde el 2000.

De las miniaturas que quedaron en Barcelona también sabemos su destino final. En septiembre de 1991, seis meses después del fallecimiento de Julio Muñoz, Inmobiliaria Lles, una de las compañías familiares, contrató los servicios de dos empresas: una para derribar una de las paredes del edificio de la calle Muntaner y otra para extraer, cargar y transportar dos cajas blindadas a un edificio de Madrid, tal y como publicó EL PAIS hace un año.

Cuando Barcelona descubrió en 1995 su legado —tras la publicación de una información en este diario—, consiguió que el juez de paz de Maienfeld y el tribunal de segunda instancia del cantón suizo declararan válido el testamento. Las hijas de Muñoz Ramonet recurrieron al Tribunal Federal, pero poco después retiraron su recurso. El motivo no fue otro que si hubieran ganado, se habría aplicado el testamento anterior (Julio Muñoz realizó 11 diferentes), que al parecer les era menos favorable.

Desde esa fecha la comunicación entre las hijas y el ayuntamiento de Barcelona se ha producido en los juzgados. En julio de 2013, después de 23 años, entregaron las llaves del palacete de la calle Muntaner que permitió acceder. Desde hace un año han interpuesto 17 recursos para retrasar todo lo posible la entrega de los cuadros e impedir que la sentencia se ejecute tal y como ordena un juez de Barcelona.

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