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ANÁLISIS

Matices ante la consulta

Las fuerzas soberanistas llevan más de dos años rodando en compacto pelotón

Las fuerzas sociales y políticas partidarias de la independencia de Cataluña llevan más de dos años rodando en compacto pelotón. Han convertido la consulta prevista para el 9-N en una antesala de la independencia. Òmnium Cultural y la Asamblea Nacional Catalana —en el terreno social— y Convergència y Esquerra, en el político, se han definido abiertamente por la creación de un Estado propio y separado de España, y en ese camino han quedado en la cuneta los partidarios de los matices.

Parte de los votantes de Unió Democràtica, Iniciativa per Catalunya y el Partit dels Socialistes, partidarios y contrarios de la consulta, están intentando buscar su lugar al sol, incómodos por una secesión que no les interesa. Sus partidos de representación o bien han aplazado definirse sobre qué votar en la consulta (Unió e ICV), o bien han planteado propuestas que suponen unas reglas de juego —pregunta y sistema— completamente distintas a las aprobadas por amplia mayoría por el Parlamento catalán, como es el caso del PSC.

La propuesta del líder democristiano Josep Antoni Duran de potenciar un espacio de centro va en la dirección de templar los ánimos independentistas

¿Es posible que estas fuerzas confluyan? Es muy difícil, porque son un conglomerado heterogéneo, ecléctico y desorganizado que debe hacer frente a un formidable ejército movilizador —los partidarios de la independencia— y al batallón mucho menos numeroso pero activo de los contrarios a la secesión.

La propuesta del líder democristiano Josep Antoni Duran de potenciar un espacio de centro va en la dirección de templar los ánimos independentistas de sus socios convergentes y consolidar un espacio de centro amplio que busca complicidades en el mundo empresarial y profesional. Algunos dirigentes del PSC ya imaginan unos comicios plebiscitarios —la impugnación de la consulta es una verdad de fe en la dirección del PSC— en las que ellos mismos, Unió e Iniciativa integrasen un frente común no independentista ni unionista: federalista, confederalista o tercera vía. Se trataría de una especie de compromiso histórico, pero —a diferencia del que pretendían trenzar los comunistas con los democristianos en la Italia de los setenta— no sería entre fuerzas políticas hegemónicas ni tan solo mayoritarias. De momento, pensar en un cartel electoral entre las tres formaciones es ciencia ficción. Pero las iniciativas y propuestas comienzan a agitarse a medida que se acerca el 9-N.