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OPINIÓN

Simplemente privatizados

Sucede ahora que las tensiones acumuladas a lo largo de un lustro parecen desbordarse y pueden derivar en explosiones de cólera

Cualquier día, sin darnos cuenta, nos privatizan a usted y a mí. Quién sabe si no estamos ya privatizados, por Facebook, Apple o Coca Cola, pero también por los grandes almacenes de la política que son los bancos de datos sanitarios, de Hacienda o cualquier otro. Estén donde estén. Se llamen como se llamen. Las posibilidades de que seamos ya de la propiedad de intereses (comerciales y políticos) concretos es altísima. ¿No dicen que lo saben todo sobre nosotros y lo hacen todo por nosotros? Están convencidos de que somos objetos de su propiedad. ¿Qué es el consumidor salvo un objeto del deseo y el no consumo una distorsión a eliminar de la faz del mundo privatizado? Esa es la idea.

¿Exagero? ¿Quién no? En días de confusión y caos, bastantes nos sentimos incapaces de entender las locuras que suceden, una tras otra, en todas partes, con acumulación. Un vértigo. Los viejos sabemos —experiencia contrastada— que julio es propicio a desvaríos desquiciados, inauditas sobreactuaciones y explosiones de cólera social, sean o no, legítimas. Sucede ahora que las tensiones acumuladas a lo largo de un lustro parecen desbordarse. Que la gota que colma el vaso está preparada.

¿Pueden cerrarse más camas en sanidad pública? En el Hospital de la Vall de Hebrón, en cuatro años 400 camas; en Bellvitge ni se sabe, la cifra debe ser parecida. Todo lo cual es molt nostre, ¿no fue el gobierno Mas el que se proclamó bussieness friendly y el que desmiente siempre el desmantelamiento de la sanidad pública, cosa que los hechos confirman, mientras su aliado, ERC, mira para otro lado y proclama su defensa de lo social? Hace dos años esta política del negocio sanitario privado recibió el impulso colaborador del Gobierno Rajoy: en dos años la sanidad pública ha perdido 28.496 empleos en toda España. Gran hazaña. Prohibido ponerse enfermo. La alternativa es: o pagas o allá te las compongas.

Frente a tanto desmán, hay que reconocer que aún existe algo de una estructura sanitaria de profesionales generosos y humanos al servicio de quién sufre: es el coraje de estos profesionales sanitarios y sociales lo que hoy da fuerza a los ciudadanos. Un ejemplo de entrega a los demás frente a esa dudosa moralidad —desmentida con impenitente cinismo— del hacerse rico con el “sector del dolor”. Qué escándalo.

Vean la alternativa en las televisiones públicas: TVE se endeuda, pierde audiencias masivas y así queda dispuesta para la anhelada privatización. En el caso de TV-3, aunque no queramos verlo, se pone un potente intermediario mediático al servicio del monocorde pensar (¿solapadamente privatizado?) que hace de lo catalán epopeya de héroes, víctimas de la maldad ajena. Qué pena: la televisión, ventana al mundo, fue creada (lo dijo McLuhan) para estar "en manos de artistas y no de ejecutivos (o políticos) tipo Peter Pan”.

Lo último que completa la visión de los humanos como objetos de usar y tirar es la idea (ver Lluís Pellicer, EL PAÍS 2/7/2014) de los barrios premium (eufemismo para barrios privatizados) lanzada por el PP. Hay un proyecto en marcha, 200 zonas españolas identificadas. Así se desmonta lo logrado en casi 40 años de democracia. Barcelona, con gobiernos socialistas hasta hace tres años, fue ejemplo de lo que se alcanza con la colaboración y el buen gobierno. Así veremos aparecer, como pude ver en el Brasil de los años 90, policía privada, metralleta en ristre, protegiendo a los niños ricos: vida feliz en el barrio privado. Muy moderno.

Como complemento, el Govern tiene la brillante idea de aplicar a los funcionarios un sistema de evaluaciones y controles —New Public Management es la doctrina neoliberal que lo impulsa (ver Ruiz Simón La Vanguardia 1/7/2014)— que pretende crear un cuerpo semi/privado de altos directivos de la administración. ¿Wall Street en la Generalitat? ¿Why not? Es como si la mitificada eficacia fuera idónea sustituta del siempre ignorado servidor público. Un gran éxito cultural que se completa con la doctrina Wert: becas para ricos, 24.000 profesores menos en dos años.

No es raro que Juan Rosell, jefe de la patronal, sea jaleado cuando culpa del paro a un millón de amas/os de casa que piden el subsidio. O que Gallardón intente colar el no al aborto, o que el PP y CDC traten de utilizar la figura del nuevo Rey. O que la corrupción esté a salvo de una cárcel abierta a huelguistas inquietos. Mientras esto sucede, se negocia el reparto del mundo en opacas conversaciones sobre el Gran Mercado Trasantlántico, el libre comercio entre Europa y EEUU, donde mandan los intereses económicos, políticos y culturales de los grandes grupos económicos globales.

Si recapitulamos lo sucedido entre 2010 y 2014 podemos encontrarnos instalados en un paisaje desconocido, incómodo, rodeado trampas, hipocresías e inhumanidad. Pasan cosas ocultas tras biombos/excusa: la crisis o el problema catalán camuflan políticas rastreras, anticuadas. ¿Por qué siempre llegamos tarde al despertar del mundo? El capitalismo salvaje hoy se auto devora.

Margarita Rivière es periodista.