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Crisis en el socialismo

El soberanismo apuntilla al PSC

Sociólogos y politólogos sostienen que la consulta ha dividido las dos almas de los socialistas

Pere Navarro, Albert Rivera, Alicia Sánchez-Camacho y los representantes del Gobierno en Cataluña brindan en un acto por la Constitución en Barcelona. Ampliar foto
Pere Navarro, Albert Rivera, Alicia Sánchez-Camacho y los representantes del Gobierno en Cataluña brindan en un acto por la Constitución en Barcelona. EFE

Pere Navarro recordó en enero de 2013, cuando el comité federal del PSOE aceptó impulsar una reforma federal de la Constitución, que nadie tampoco creyó a Copérnico cuando sostuvo que la Tierra giraba alrededor del Sol. El ya dimitido primer secretario de los socialistas catalanes tenía —y tiene— una fe absoluta en el federalismo pero su apuesta no ha seducido a los electores. El soberanismo ha provocado un terremoto en el paisaje político catalán y se ha ensañado en el PSC que, según sociólogos y politólogos, ha perdido el espacio político transversal que le funcionó tres décadas con el pacto entre sus dos almas: la catalanista y la de raíz española.

No digo que sea un conflicto pero el soberanismo es un discurso que divide y va contra la espina dorsal del PSC", dice Collboni

Posiblemente, llovía sobre mojado porque el PSC, pese a que en 2010 acumuló todo el poder inimaginable, había perdido votos en cada cita electoral salvo en la de 2008. El paraíso se rompió en esta década con un trienio nefasto: dejó escapar la Generalitat (en 2010); Barcelona, la joya de la corona, en las municipales (en 2011) y las generales en Cataluña (2011). “El PSC ya tenía un problema electoral pero no resolvió esa paradoja”, admite Gabriel Colomé, catedrático de Ciencia Política de la Universidad Autónoma (UAB) y ahora presidente del PSC en el Ayuntamiento de Barcelona.

Tras hibernar un año, el partido celebró un congreso en diciembre de 2011 y nombró a Navarro secretario general. Sin tiempo de afianzarse en el liderazgo, vivió en 2012 la multitudinaria manifestación de la Diada y las elecciones anticipadas convocadas por Artur Mas en favor de la consulta. El soberanismo descolocó al PSC y en menor medida a CiU y de forma soterrada a Iniciativa per Catalunya. El socialista Jaume Collboni, candidato a alcalde de Barcelona, admite que el PSC, al margen de otros problemas, como el desplome de la socialdemocracia, ha pagado esa factura: “Uno de nuestros pilares es la unidad civil de Cataluña. No hablo de conflicto: pero el soberanismo es un discurso que divide, tensiona y va contra la espina dorsal del PSC”.

No duda la socióloga Àngels Pont, directora del Gabinete de Estudios Sociales y Opinión (GESOP), que el soberanismo ha tensionado a los partidos. “Convergència, por ejemplo, ha cocinado el mapa político muchos años y hay síntomas de que se tambalea. Estamos en una segunda transición. Pero es el PSC el que encarna de forma clara lo que pasa”, dice insistiendo en que los socialistas ya sufrían crisis paralelas por el desencanto de la izquierda.

Joan Subirats, catedrático de Ciencia Política, sostiene que el impacto del fallo del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto comportó un corrimiento un cambio de eje. Del catalanismo político, que apoyaban CiU, PSC o ICV, se pasó al derecho a decidir, que es, dice, el espacio natural de los socialistas. “El PSC debería haber formado parte de esa mayoría social. La consulta no quiere decir independencia”, remacha. “La foto de Navarro con Sánchez-Camacho brindando con cava demuestra que había cambiado de bando”. A su juicio, Navarro ha gestionado mal el conflicto por la presión del PSOE. “Su discurso ha dejado de ser creíble. Han roto todos los puentes como la Declaración de Granada”, señala Subirats. “Defienden el derecho a decidir cuando su partido hermano, el PSOE, no lo acepta”.

La mayoría social ha pasado del catalanismo al derecho a decidir y el PSC debería estar ahí", dice el catedrático

Joan Subirats

Colomé rechaza que el soberanismo haya hundido al PSC y cree que hubiera capeado mejor la crisis de haber estado fuerte electoralmente. “Estamos en medio de unionistas y secesionistas y los federalistas recibimos todos los palos”, lamenta. Y vaticina que le aguarda un futuro similar a CiU. Pese a todo, considera que las dos almas del partido seguirán conviviendo porque no se entienden una sin la otra. Niega que sean la catalana y la de raíz española y apunta que son el reflejo de dos tradiciones del socialismo francés: la de Jean Jaurès (jacobina, republicana, obrerista y estatista) y la de Jules Guesde (federal, autogestionaria, cooperativista y anticentralista). “Esta misma crisis se vivió en 1923 y en los años 70”, explica. “Este es el Partit dels Socialistes. El singular mata a este partido porque es plural. No se puede expulsar al otro”.

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