Un modelo en busca de referentes

La flexibilidad de Mercedes se erige en el nuevo patrón del buen hacer. El cooperativismo cede el paso a una firma que genera confianza y empleo.

El Rey junto a autoridades, direcivos y trabajadores de Mercedes Benz en la planta de Vitoria.
El Rey junto a autoridades, direcivos y trabajadores de Mercedes Benz en la planta de Vitoria.David Aguilar (EFE)

El modelo industrial vasco existe, como un hecho de transformación y adaptación hacia los nuevos sectores, y unos mercados globalizados, desde las empresas públicas y pesadas de los sesenta. A partir de ahí, sin embargo, cada agente social elige sus propios mimbres para definir qué entiende por ese modelo. El anterior Gobierno de Patxi López paseó por el mundo esa transformación, construida en base a consensos por los sucesivos gobiernos de coalición PNV-PSE, y lo presentó en el Parlamento Europeo como base para la definición de una política industrial en la UE. El cooperativismo, la I+D y la colaboración público privada estaban en la cúspide del modelo. En pleno proceso de construcción de la marca Euskadi, tras el fin de ETA, el lehendakari Iñigo Urkullu puso como ejemplo esta pasada semana del Made in Basque Country, la experiencia de la multinacional alemana Mercedes Benz, que ha sido capaz de gestar y producir un nuevo modelo de furgoneta en plena crisis del sector de la automoción.

En una especie de búsqueda de mensajes positivos para compensar la cruda realidad de las empresas y de los trabajadores, el modelo vasco también ha hecho una ciaboga en la búsqueda de sus nuevos referentes. El cooperativismo era la proa que enseñaba al mundo los aspectos más solidarios de un modelo industrial basado en las personas, hasta que sus buques insignia, Fagor y Eroski, empezaron a mostrar su lado más vulnerable, su inequívoco sometimiento a las leyes del mercado, y lo que ha generado más controversia (interna), el descubrimiento que un modelo solidario como el Grupo Mondragón, a veces, es incapaz de enmendar las decisiones equivocadas de sus rectores. Aunque su peso en el PIB vasco es determinante, el grupo ya no ya no es la estrella. Fagor está en liquidación, sus trabajadores en proceso de recolocación y Eroski se reinventa, —lastrada por una deuda gigantesca—, en las aguas bravas de una competencia feroz y de un mercado cada vez más limitado.

Curiosamente hay nueva furgoneta gracias al "sindicalismo español" en acepción de ELA"

El gasto familiar no acaba de estabilizarse y crecer, y muchas sociedades cooperativas atraviesan serias dificultades y cierran pese a haber formado parte de la casta de las intocables. Son como el resto de las empresas vascas. Agravado su declive de imagen por los enfrentamientos que protagonizaron los dirigentes del grupo y los del PNV, allá por el inicio de 2013, recién llegado al Gobierno vasco, el grupo ha dejado paso en la cabeza del modelo vasco a otras experiencias de éxito. De un modelo de propiedad horizontal en el que el empleo se daba por seguro y protegido, se ha pasado a poner en valor una multinacional con palabra, cumplidora de sus promesas y que garantiza estabilidad y salarios muy dignos si los empleados se comprometen con el producto y la empresa. Curiosamente el nuevo modelo de furgoneta que ahora entronca con ese espíritu emprendedor vasco es una realidad gracias en parte al “sindicalismo español”, en acepción del sindicato mayoritario y nacionalista, ELA. En 2011 fueron UGT, con mayoría en la planta, junto a CC OO, USO y Ekintza, —una escisión de ELA—, quienes vencieron a la formación de Txiki Muñoz —que abanderaba el no a la flexibilidad del tiempo de trabajo, junto a CGT y LAB— en la votación decisiva del acuerdo social.

El 63% de los empleados de Vitoria, optaron por la cintura y la pérdida controlada de derechos a cambio de mantener y crecer en el empleo hasta 2024. Firmaron una bajada del 10% los gastos de personal (sin despidos) tomando como base los costes de 2008, un 25% de reducción de costes en materiales, un 20% en los de los servicios y otro tanto en energía. “No podemos seguir anclados al modelo de antaño de IPC más subidas”, anunció el responsable de la planta Emilio Titos desde Munich, en junio de 2011. Los trabajadores lo entendieron. Aunque por otras razones, la pérdida de referentes está en continua mutación. Ya sucedió con el BBVA. El emblema del poder económico vizcaíno, y en definitiva vasco, que simbolizaba el banco, dejó paso a otros como Iberdrola, que pese a crecer en el mundo sigue anclada en Bilbao, con más peso económico incluso que otro gigante como Gamesa.

A veces en las sinergias saltan chispas"
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Urkullu redefinió el modelo vasco ante el Rey de España: “Un modelo que basa buena parte de su éxito en la suma de esfuerzos: gobierno, empresas, centros tecnológicos, universidades...somos un equipo que se presenta de forma unida ante los retos de la globalidad”, apuntó. Un equipo en el que, de vez en cuando, también saltan chispas. En esa búsqueda incesante de sinergias, a veces el rozamiento es excesivo. Tubacex calentó mucho el debate cuando anunció que trasladaba una inversión fuera de Euskadi por el sobrecoste de unas relaciones laborales complicadas. En otras ocasiones fracasa el proyecto, o simplemente se vende. Epsilon e Hiriko estrechamente vinculadas al PNV están siendo investigadas en los juzgados y en el Parlamento vasco, y Guascor, reflotada en su día en parte con cargo al erario público, se vendió al mejor postor.

Trabajar con las personas

Las patronales echan de menos en la ecuación a un sindicalismo menos politizado y los sindicatos a unas patronales más comprometidas con una negociación colectiva en la que prevalezca la estabilidad. En un momento especialmente convulso, en el que la reforma laboral ha dinamitado los convenios sectoriales y ha abierto un nuevo ciclo en el que sin acuerdo las condiciones decaen, unos y otros buscan espacios para compartir en el seno de la empresa.
Para el secretario general de SEA, la patronal alavesa, Juan Ugarte, el empresariado vasco es riguroso, serio y comprometido con su proyecto, con sus trabajadores, con su entorno y con la sociedad en general. "Y lo ha sido incluso en las situaciones más adversas de acoso y extorsión", recuerda la época más dura del terrorismo, cuando en vez de abandonar el barco y emigrar a otras zonas de España o de Europa, siguieron en Euskadi.
"El modelo vasco se asienta en cuestiones tan fundamentales como el trabajo bien hecho, el rigor y el respeto a la palabra dada, y donde siempre ha prevalecido el hacer sobre el decir", explicó ayer.
El presidente de la patronal vizcaína, Cebek, Iñaki Garcinuño coincide en lo básico al asegurar que los empresarios vascos han apostado por las personas y por unas condiciones de trabajo dignas.  
"El alto grado de protección social, seña de identidad de nuestro territorio, sólo se podrá mantener o incrementar con empresas que tributen, coticen y paguen salarios dignos" sostiene. El empresario vizcaíno cree que el modelo se completa con cabeza y colaboración. "Las decisiones estratégicas no se pueden tomar solo con el corazón. Euskadi debe demostrar permanentemente el valor añadido de sus territorios, sus infraestructuras, el variado tejido industrial, su capacidad fiscal, seguridad jurídica y formación".
"Queremos un modelo sostenible y de bienestar social que mejore las condiciones generales", apostilló Ugarte.

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Sobre la firma

Pedro Gorospe

Corresponsal en el País Vasco cubre la actualidad política, social y económica. Licenciado en Ciencias de la Información por la UPV-EHU, perteneció a las redacciones de la nueva Gaceta del Norte, Deia, Gaur Express y como productor la televisión pública vasca EITB antes de llegar a EL PAÍS. Es autor del libro El inconformismo de Koldo Saratxaga.

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