Crítica
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Beethoven sin chispa

No funcionó la confección del programa que la OBC ha ofrecido bajo la batuta del director de orquesta Stéphane Denève y con el violinista danés Nikolaj Znaider

El día a día en la temporada de una orquesta siempre depara sorpresas. Tan pronto se disfrutan las mieles de éxito – el concierto de la violinista Janine Jansen y el director Jakub Hrusa, a finales de abril, con obras de Britten y Chaikovski, fue electrizante - y en el siguiente programa, sin saber muy bien por qué suceden estas cosas, la rutina toma la voz cantante y convierte en algo anodino lo que podría haber sido un concierto excitante.

De entrada, no ha funcionado nada bien la confección del programa que la OBC ha ofrecido este fin de semana bajo la batuta del director de orquesta francés Stéphane Denève y con el violinista danés Nikolaj Znaider como solista del gran concierto de Beethoven. Cualquier aficionado podría enumerar media docena de conciertos para violín del siglo XX que habrían sido más adecuados compañeros de viaje que el sordo de Bonn en un programa muy centrado en la música francesa, con el Bolero, de Maurice Ravel y El aprendiz de brujo, de Paul Dukas, como platos de gancho popular.

Nikolaj Znaider

Nikolaj Znaider, violín. Stéphane Denève, director. OBC. Obras de Beethoven, Connesson, Dukas y Ravel. Auditori, 16 de mayo

Si la interpretación de Beethoven hubiera sido memorable, la falta de sintonía con el resto del programa habría sido más disculpable. Pero Znaider, que también es director de orquesta y la próxima semana se pone al frente de la OBC en un monográfico con obras de Elgar, se quedó en la superficie, exhibiendo un sonido bellísimo, cierto, pero sin transcender la pulcra ejecución de un clásico del repertorio en el que otros solistas de su generación, como Frank-Peter Zimmermann o Isabelle Faust, por citar solo a dos violinistas que han actuado este año con la OBC, han sabido encontrar nuevos detalles más ajustados al estilo, con menos azúcar y un espíritu más vivo. Por no hablar de la memorable versión ofrecida en el mismo escenario hace poco por Pinchas Zukerman al frente de la Royal Philharmonic. Al Beethoven de Znaider le falto chispa; tampoco ayudó mucho, por cierto, la plúmbea dirección de Denève.

El director francés cuidó mejor la primera audición en Barcelona de Une lueur dans l´âge, una pieza que le dedicó el compositor Guillaume Connesson (Boulogne-Billancourt, 1970), de sugerentes texturas, que forma parte de su Trilogía cósmica: ideal por su comunicativa factura para tranquilizar a los que temen la aridez de la música contemporánea. Las cosas se animaron un poco con el encantador poema de Dukas y la velada se cerró con una versión del espectacular Bolero de respuesta desigual en una plantilla que ha tenido noches mejores.

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