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Historias de Usera

Una aplicación para móviles rescata sucesos del barrio en forma de ficción teatral sonora

Presentación de la aplicación de historias de Usera Storywalker. Ampliar foto
Presentación de la aplicación de historias de Usera Storywalker.

Poco sabe de lo que pasa en Usera el resto del mundo. Sabemos que es un barrio periférico, de orígenes obreros, que está ahí, al otro lado del río, y que es el Chinatown madrileño. Pero hay muchas otras historias en Usera: de serenos ahorcados, de tranvías apedreados, historias de amor, claro, en bibliotecas o antiguas salas de fiesta olvidadas, y hasta la de un vampiro chino que sobrevuela las calles en busca de cuellos frescos repletos de sangre. Todas ellas se pueden escuchar en la aplicación para móviles Storywalker (disponible para Android y iPhone por 1,79 euros), creada por la sala y fábrica de creación teatral Kubik Fabrik, ubicada en el barrio, y coproducida por el Teatro Español.

Para ello, los promotores investigaron las pequeños sucedidos cotidianos y las leyendas urbanas que, a poco que uno rasque, afloran en todo barrio. Hablando con asociaciones de vecinos o viejos habitantes del lugar, repasando añejas ediciones de periódicos de sucesos, fueron apareciendo los relatos. Sobre ellos trabajaron dramaturgos de renombre para crear ficciones sonoras que uno puede escuchar en su teléfono móvil en el mismo espacio donde ocurren: calles, bibliotecas, bares, restaurantes o descampados de la geografía de Usera. Un viaje por diferentes lugares hilvanados por las siete historias que se cuentan, con una duración total de unas dos horas.

“Queremos sacar el teatro a las calles e implicar a los vecinos en el movimiento cultural, hacer que sea accesible a todos ellos y lo sientan como algo suyo”, explica Fernando Sánchez-Cabezudo, director de Kubik. La aplicación hibrida diferentes medios o lenguajes artísticos: “El teatro es la base o elemento principal, pero Storywalker tiene mucho de cine, mucha música, ilustraciones [de Ana Bustelo]… Todo ello para un nuevo producto o experiencia cultural transmedia”, explica Juan García Calvo, cocreador  de la idea, quien también señala que esto puede ser “una nueva manera de hacer turismo, descubrir las ciudades a través de las historias de los lugares, la memoria oral y no tanto de los monumentos”.

El 20 de junio de 1980, en el estadio Román Valero, se lió el llamado Motín de la Mosca: Lou Reed tocaba en Usera y los retrasos calentaron el ambiente y provocaron el lanzamiento de algún objeto, lo que hizo que el músico cancelara el concierto. “Se montó una batalla campal y dicen las crónicas que la gente empezó a robar el material del concierto. También se dice que las salas de La Movida estaban equipadas con los aparatos de Lou Reed”, cuenta Sánchez-Cabezudo. Sobre este hecho trabajó el director Miguel del Arco en su pieza El lado salvaje.

“Cuando, en 1959, Usera todavía no pertenecía a Madrid y llegó el tranvía, los vecinos solían apedrearlo para protestar contra el Ayuntamiento”, dice el dramaturgo José Padilla. De ahí parte la idea de El 37, una historia de un triángulo amoroso en tranvía, que fue grabada en el Museo del Ferrocarril (esta vez en Delicias) y con sonidos tomados del tranvía de Oporto (el de Portugal). También el amor es protagonista de Auge y caída de un amor en Usera, de Denise Despeyroux: “Más que en historias, me basé en distintos lugares, como la chatarrería, el famoso restaurante chino Royal Cantonés, la biblioteca o una taberna”, dice la creadora. Por ahí transcurre una historia de amor y desencuentro interpretada por Ariadna Gil y Fernando Cayo.

“Un vecino del barrio nos contó la historia de un sereno que apareció colgado de un poste de luz y rajado, al parecer, porque se iba mucho de la lengua”, dice Sánchez-Cabezudo. Esta es la base para la historia Sereno, de Alberto Sánchez-Cabezudo con las voces de José Sacristán y Sergio Peris-Mencheta. En la azotea de la biblioteca municipal José Hierro transcurre parte de El vampiro chino, del novelista Alberto Olmos, ese que sobrevuela el barrio en busca de sangre.

En la antigua sala de fiestas Copacabana, donde han celebrado su boda buena parte de los vecinos, ocurre la creación de Alfredo Sanzol, Copacabana. Trata de dos ancianos que se encuentran en las actuales oficinas de la Agencia Tributaria, donde antes estaba la sala, y recuerdan un antiguo romance. Y, por último, está la historia sobre La Narcisa, una exprostituta del barrio que creía que su hijo perdido era el torero El Cordobés. En este caso la dramaturgia proviene de tres alumnas del curso de escritura creativa de la biblioteca José Hierro.

“Cuando llegamos a Usera esto era un desierto cultural”, dice Sánchez-Cabezudo, “ahora ha aparecido un espacio de coworking y las asociaciones se empiezan a mover. La ocupación de vecinos en nuestra sala ha pasado del 3 al 45%. Trabajamos, aunque de forma precaria, para darle identidad cultural a esta zona y alejarla de los prejuicios”.

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