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Los muebles se quedan en casa

La colección de 826 piezas formada por Nuria Pla se abrirá al público en Barcelona el 5 de marzo

Una de las salas de la parte rehabilitada de Mas Ravellat donde se exhibirá la colección de muebles. Ampliar foto
Una de las salas de la parte rehabilitada de Mas Ravellat donde se exhibirá la colección de muebles.

Los muebles de Nuria Pla Monseny (Barcelona, 1917-2011) se quedarán en Barcelona. Hace un año, el destino final de la espectacular colección formada a lo largo de seis décadas por esta experta en mobiliario estaba en el aire. Sus herederos legales, la Fundación Ramón Pla Armengol, amenazaban con trasladar las piezas fuera de Cataluña —tras el interés de centros de Madrid, Toledo o Valladolid— si no se llegaba a un acuerdo con el Ayuntamiento de Barcelona. Pero la sangre no ha llegado al río. El 5 de marzo (coincidiendo con el tercer aniversario de la muerte de Pla) medio centenar de estos muebles, casi todas piezas únicas de los siglos XVI al XVIII, podrán verse en una zona rehabilitada de la enorme Mas Ravellat, casa situada en la esquina de las calles Cartagena con Mare de Déu de Montserrat, en el barrio del Guinardó, justo encima del recinto modernista del Hospital de Sant Pau.

Al final se han inventariado 826 piezas: 157 sillas, 109 meses, 92 arquimesas o bargueños (considerado el conjunto más completo del mundo), 64 armarios, 56 espejos y 42 arcas, además de objetos litúrgicos, cajoneras, taquillones y camas. Son, sobre todo, mueble español de Alta Época, la mejor, pero también 100 piezas de orfebrería y 72 esculturas románicas y góticas repartidas por las 52 habitaciones que cuenta esta casa construida por Adolf Florensa en 1930 y en la que nació y murió Nuria Pla.

Bargueño realizado en 1609 en ébano y marfil, con dibujos en mapamundi y planos de 10 ciudades, considerada una joya única de la historia del arte. ampliar foto
Bargueño realizado en 1609 en ébano y marfil, con dibujos en mapamundi y planos de 10 ciudades, considerada una joya única de la historia del arte.

Cada estancia está amueblada con un conjunto único de piezas del mismo estilo o época completo: dormitorios barrocos, comedores y salones renacentistas o, incluso, un exquisito estudio art decó amueblado por completo con muebles y piezas de decoración de ese momento.

En la planta baja —justo donde estaba la zona de producción del laboratorio que hizo una gran fortuna vendiendo un fármaco contra la tuberculosis a partir del suero de los caballos que corrían por la finca— “se han habilitado 300 metros cuadrados como si fuera un museo”, explica Juan Ramón Ferrero, presidente de la fundación constituida en 2011, tras fallecer Nuria Pla. Los especialistas en muebles Miguel Ángel Alarcia y Mònica Piera han seleccionado las piezas. “No son las más importantes, sino una muestra de todos los gustos que tenía su dueña: el mueble llamado español; el mueble popular, más sencillo pero bien acabado, y los muebles pintados”, explica Piera, presidenta de la Asociación para el Estudio del Mueble. Con todo, el resumen cuenta con piezas excepcionales, como el bargueño realizado en 1609 en ébano y marfil, con dibujos en mapamundi y planos de 10 ciudades, considerada una joya única de la historia del arte.

Será la primera vez que estos muebles se vean en público en Barcelona. Hasta ahora, sólo unos cuantos privilegiados habían podido acceder a la vivienda a contemplarlos o estudiarlos, tras pasar el examen que les hacía su dueña. Piera recuerda que cogiéndole la mano, le decía: “Nena, toca, que primero hay que sentirlo con las manos y luego mirarlo”. Por su parte, Alarcia, que ha realizado el inventario de todas las piezas patrimoniales que hay en la casa, asegura: “Es la mejor colección de muebles entendida como tal que existe. Ella compró durante años piezas de los siglos XIV al XIX para ir completándola, sin repeticiones, e incluso vendía algunas para poder adquirir otras aún mejores. Ella solo compraba piezas puras: si observaba algún elemento no original, lo rechazaba”, explica. Por eso, los desmontaba antes de comprarlos y si lo que veía le convencía los compraba, y si no, los devolvía desmontados.

El nuevo parque de Mas Ravellat

Imagen de Mas Ravellat.
Imagen de Mas Ravellat.

La casa de estilo paladiano en su fachada sur y aspecto de masía catalana del XVIII en la norte, conocida como Mas Ravellat-Pla, está en una finca de cuatro hectáreas con vistas privilegiadas de Barcelona. La zona verde, hoy algo descuidada, se abrirá al público tras el acuerdo entre la Fundación Ramon Pla Armengol y los servicios jurídicos del Ayuntamiento de Barcelona.

Este preacuerdo (que deberán ratificar los políticos municipales) es el primer paso para superar las desavenencias entre las dos partes que arrancan en 1989, cuando el Ayuntamiento expropió la parte inferior del jardín de la finca para prolongar la Ronda del Guinardó. Entonces se incoó un expediente para convertir el área en una zona verde pública. Una medida que no prosperó tras un acuerdo final con el matrimonio Alfonso Carro y Nuria Pla, por el que podrían seguir viviendo en la casa a cambio de que la donaran al morir.

Pero en 2000 el consistorio aprobó un plan urbanístico para partir el jardín por la mitad con una calle, y Pla cambió su testamento dejando todos sus bienes (además de la casa, 150 pisos y fincas rústicas en el Penedès) a una fundación que llevaría el nombre de su padre. Ferrero dice que el acuerdo es el mejor para todos: “Nosotros mantenemos la unidad de la colección al disponer de la casa para exponerlos, que era la voluntad de Pla, y la ciudad gana un enorme jardín". Y añade: “Además, costearemos la restauración y mantenimiento de la casa”. Tras invertir un millón de euros en la cubierta y en renovar las instalaciones de la vivienda, prevén gastar otro millón y medio en acondicionarla. La idea es ir abriendo cada vez más espacios de la casa para que todos, mediante cita previa, pero gratis y sin pasar el examen al que obligaba la señora Pla, pueda ver los muebles que ella tanto amó.