Fomento estudia otra autovía a la Meseta con un coste de 1.200 millones

El corredor entre Ourense y Ponferrada afectaría a espacios naturales protegidos

La carretera entre Ourense y Ponferrada a su paso por Monforte
La carretera entre Ourense y Ponferrada a su paso por Monfortenacho gómez

La Autovía del Cantábrico (A-8), cuyo último tramo en Galicia se abrió pasado día 3 tras 10 años de obras, es la primera gran conexión no radial con el resto de España. Pero con la cinta inaugural de esta vía transversal recién cortada, el PP gallego apuesta por reforzar nuevamente los enlaces con la Meseta y, con el respaldo de todo el Parlamento, apremia al Gobierno central de su mismo color para que en plena crisis avance con una tercera autovía. Denominada A-76, Ourense-Monforte-Ponferrada, en realidad no será más que el desdoblamiento de la actual N-120, lo que no impedirá que cueste más de 1.200 millones de euros y afecte a numerosos espacios protegidos.

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 Que tanto el Estado como la Xunta, con independencia de quien gobernase, han apostado siempre por conexiones radiales frente a las transversales se comprueba revisando las obras de las grandes autovías. Fomento terminó los dos accesos actuales desde A Coruña y Vigo a la Meseta (A-6 y A-52) mucho más tarde que otras autovías radiales del resto de España, en 2002 y 1999 respectivamente, pero, una vez que decidió iniciarlos, todos los tramos se ejecutaron mucho más rápido que la década que ha costado finalizar, aún ahora, la A-8. También la Xunta presionó mucho más para agilizar la dos conexiones con la Meseta, incluso con una comisión bilateral de seguimiento. Y el Gobierno gallego llegó a poner de sus arcas para construir cuanto antes la autopista parcialmente de peaje AP-53 Santiago-Ourense, también con vocación radial.

Carlos Nárdiz, decano de los ingenieros de Caminos gallegos, es de los que lamenta esa concepción de las infraestructuras estatales, orientadas a Madrid, y considera que la Xunta ha caído en esa visión al planificar buena parte de sus vías con Santiago como referencia. El ingeniero cree que “con dos autovías de acceso a la Meseta llega”, y más con las actuales restricciones presupuestarias y la necesidad de terminar el AVE. Nárdiz lamenta “la filosofía de esos años en los que se creía que todo se podía construir”, lo que, a su juicio, llevó a planificar mal algunas infraestructuras. Y recuerda que cuando se pensó en la Autovía del Cantábrico la “Administración central tenía dudas, pero ahora el tráfico creciente demuestra que era necesaria”.

Es ahora, con la Autovía del Cantábrico recién inaugurada y con las obras de la A-54 Santiago-Lugo y la A-56 Lugo-Ourense paralizadas, o casi, cuando el PP gallego apuesta por agilizar la A-76 Ourense-Ponferrada. Una vía que alcaldes y empresarios de la zona, tanto de Valdeorras (Ourense) como del Bierzo (León), reclaman combinando el argumento de la articulación interna de ambas comarcas con el del tercer acceso a la Meseta. Fomento acaba de publicar en el BOE la aprobación definitiva del Estudio Informativo de la vía. Pero incluso antes, el PP gallego exigía a la ministra, Ana Pastor, que redacte ya los proyectos constructivos. El portavoz popular de infraestructuras en el Parlamento de Galicia, Alejandro Gómez, logró aprobar con la unanimidad del resto de grupos una proposición en la que insta a Fomento “a licitar los proyectos constructivos y de trazado de la futura autovía”, por su “importancia para Galicia”.

El estudio de Fomento prevé que la A-76 tendrá 125 kilómetros con un coste de 1.221 millones de euros. El trazado aprovechará en su mayor parte el sinuoso recorrido de la N-120 entre Ourense y Ponferrada para añadirle otros dos carriles, como ya se hizo con algunos tramos de la A-6 o el peligroso acceso a Vigo de la A-52. Como comparación, los 86 kilómetros de la A-8 en Galicia, todos de nueva planta, supusieron unos 500 millones de euros. Aunque se aproveche el trazado de la actual carretera nacional, eso no evitará nuevas afecciones a espacios protegidos, incluido el Parque Natural Serra da Enciña da Lastra. La reducción de ese impacto fue lo que retrasó el avance del proyecto durante el mandato del socialista José Blanco, al que la Xunta objetó precisamente los efectos ambientales del trazado.

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