Músicos del Raval en lucha por tocar

Músicos del Raval salen a la calle para protestar contra las restricciones del Ayuntamiento a las actuaciones musicales

Gustavo, en la marcha de músicos, puntea su guitarrra.
Gustavo, en la marcha de músicos, puntea su guitarrra. CARLES RIBAS

Decenas de músicos del Raval salieron ayer a la calle para hacerse escuchar por segunda semana consecutiva en protesta contra las restricciones del Ayuntamiento a las actuaciones musicales en directo que se llevan a cabo en pequeños locales y en la calle. Con guitarras, instrumentos de percusión y silbatos, los asistentes alcanzaron la plaza de Sant Jaume mientras entonaban canciones propias y pedían “que la música no calle”. También defendían que “la música en directo es un derecho y una apuesta para la cultura”.

Al frente de la movilización estaban José Manuel Sánchez y Laura Pardina, responsables del Big Bang Bar, un local ubicado en el corazón del Raval donde se solían ofrecer, de forma gratuita, sesiones diarias de improvisaciones de jazz. Hace tres semanas los responsables recibieron una notificación del Ayuntamiento que le daba un plazo de 48 horas para dejar de acoger conciertos.

El distrito de Ciutat Vella afirma que el local es un foco de quejas y denuncias por parte de los vecinos

El distrito de Ciutat Vella afirma que el local es un foco de quejas y denuncias por parte de los vecinos, y que no cumple con los requisitos de la normativa, por lo que deberían insonorizar el espacio. Por su parte, Sánchez y Pardina, que han instalado un limitador de sonido, consideran estas obras “incongruentes con las actuaciones acústicas que hacemos, donde solo hay un piano, una batería de niño y se toca jazz”.

Aseguran que, desde que ellos gestionan el Big Bang Bar, en abril de 2013, no han recibido ninguna denuncia por parte de los vecinos y tampoco ningún aviso, desde la administración de que no podían desarrollar la actividad musical hasta hace 20 días, cuando ya se les obligaba a concluir con las actuaciones.

Lo que es cierto es que la condición de los músicos se hace cada vez más precaria en Barcelona, donde muchos puntos de encuentro para ensayar frente a un público están desapareciendo. “Cada vez cobramos menos y los pequeños locales, que son los que más trabajos nos dan, están cerrando”, apunta Gustavo, dueño de la mano que ayer hacía sonar la guitarra eléctrica en plena calle.

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