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El hombre que quería un banco

Juan Carlos Escotet, presidente de Banesco, la entidad venezolana que ha comprado Novagalicia, es hijo de emigrantes españoles y empezó de chico de los recados

Juan Carlos Escotet, en la sede de Banesco en Madrid.
Juan Carlos Escotet, en la sede de Banesco en Madrid.

“Qué belleza de gol el de Juan Arango. Bravooooo” celebraba el pasado día 22 una cuenta de Twitter un gol de libre directo del centrocampista venezolano del Borussia Moenchengladbach contra el Wolfsburg. El mismo día, otro tuit alababa la presencia de un fotógrafo del mismo país en una colectiva de arte sudamericano en la Fundación Cartier de París: “Gasparini presente. Sus fotografías d la obra d Calder en la UCV son maravillosas: Latinoamérica en París. vía@el_pais”. Pero aficionados al fútbol o al arte contemporáneo aparte, los tuitsmás impactantes de esa cuenta fueron tres consecutivos, cuatro días antes: “Agradezco a todo el equipo que me acompañó hasta llegar a feliz término en la subasta de Novagalicia”, “felicito a todas las autoridades que dirigieron el proceso de subasta de Novagalicia por su transparencia”, y “comparto con la comunidad gallega mi compromiso de mantener una entidad apegada a los intereses de la región y de sus trabajadores”.

Esa cuenta, @jescotet, es la de Juan Carlos Escotet Rodríguez, presidente de Banesco, el grupo financiero de origen venezolano, que como anunciaba por ese todavía poco común sistema, había ganado el pasado jueves 28 la subasta de Novagalicia Banco (NGB). El equipo era la gente del Banco Etcheverría, la entidad financiera más antigua de España, creada de una curtiduría en Betanzos, que Banesco había comprado a la propia NGB un año antes. Escotet fue el corredor que arrancó discretamente desde atrás y superó a los favoritos, la gran banca española o al fondo internacional Gugenheim con una oferta tan superior que no necesitó siquiera una segunda vuelta. (Lo de corredor no es solo un símil, practica maratón, y ha corrido el de Nueva York).

El último tuit iba dirigido a tranquilizar a los cuatro mil y pico trabajadores supervivientes de dos entidades que fueron poderosas en tus territorios y unidas fueron podadas hasta lo básico. Y sobre todo a una sociedad que en un par de años ha visto caer a buena parte de sus grandes referencias económicas. Todo eso —y que dará en 90 días una solución, todavía no sabe cuál, a las preferentes— lo confirmó el comprador en un viaje relámpago al día siguiente en el que tocó los tres puntos neurálgicos precisos para calmar los ánimos: la capital política, Santiago, y las dos sedes de NGB, A Coruña y Vigo.

Juan Carlos Escotet, hijo de leonés y asturiana emigrados a Venezuela a finales de los años 40, nació en 1959 en el transcurso de otro viaje relámpago. Su madre venía a ver a su hijo mayor, estudiante en España, y casi da a luz en el avión, pero finalmente el niño nació en Madrid, y a los 15 días volvió a Venezuela. Los Escotet Rodríguez eran seis hermanos y el padre regentaba un negocio de productos publicitarios. Siguiendo la tradición del hombre hecho a sí mismo, Juan Carlos empezó a trabajar como chico de los recados a los 17 años en el Banco Unión (que se integraría en Banesco en 2001), a la vez que estudiaba en la universidad por las noches. Realizó un posgrado de Gerencia Profesional en la Universidad de Miami.

En su móvil sonaba un tono con la voz de Chávez: “Escotet, suelta esa plata”

En 1986 constituyó la Casa de Bolsa Escotet Valores. “La banca no se inculca en mi familia. En mi familia se inculca mucha educación y mucha perseverancia”, dijo hace un par de años a la revista dominicana Mercado, pero Juan Carlos Escotet aplicó los valores familiares a sus sueños personales. Francisco Faraco, consultor de riesgos caraqueño, señalaba hace un año justo a Bloomberg.com que la primera vez que vio “Banesco” fue en su propio despacho a Escotet, entonces un ejecutivo del Grupo Financiero Latinoamericana. “Tenía un cuaderno que estaba lleno de logotipos y el nombre. En ese momento no tenía un banco, pero tenía un montón de ganas de uno”.

“Él era el principal director ejecutivo y financiero del grupo, presidente de las juntas directivas, y yo era el presidente ejecutivo del Banco Progreso. En los 90, el Banco República en el que yo había trabajado, fue subastado por el Estado en un proceso de privatización y lo ganó el grupo Latinoamericana. Los artífices fuimos los dos”, escribe desde Caracas, Panamá o Miami, José Luis Lagoa, economista venezolano de origen gallego. “Fundamos Banesco en 1992 con otros socios. Juan Carlos fue designado presidente de la Junta Directiva y yo presidente ejecutivo. Era un sueño que teníamos, el tiempo de probarnos a nosotros mismos como empresarios, la ilusión cumplida de unos hijos de emigrantes”, recuerda Lagoa, que cuatro años después vendió su participación a su socio, al que considera “una persona muy preparada, trabajadora y responsable” y un gran conocedor de la economía española y gallega. “Para su padre hubiese sido un gran orgullo que su hijo comprase la caixa”, cree Lagoa.

Ser el primer banquero de Venezuela (y su tercera fortuna personal, estimada por Forbes en unos 1.003 millones de euros), además de presidente de la patronal bancaria no haría prever que Juan Carlos Escotet fuese una persona del agrado de las autoridades bolivarianas. De hecho, en enero de 2012 fue interpelado directamente por el entonces líder Hugo Chávez en su programa Aló Presidente, para saber si el banco apoyaría al gobierno en un programa de créditos agrícolas: “Escotet, dígame si puede. Si no, deme el banco. Dígame lo que cuesta y lo nacionalizamos de inmediato”.

“No sé cómo lo hará, pero arreglará lo de las preferentes”, dice uno de sus hombres

Sin embargo, en una entrevista en la televisión estatal, el banquero apoyó la intervención del gobierno en un problema de incumplimiento de un programa de construcción de viviendas. “Nada nos puede afectar a los banqueros más que los problemas sociales, porque al final, estos son nuestros clientes”, dijo. Ese equilibrio también se mantiene, al parecer, con Nicolás Maduro. (Alex Cuadros en Bloomberg.com lo atribuía a que gracias al enorme incremento de la deuda pública para financiar gastos sociales, los bancos de Venezuela están entre las más rentables del mundo). Esa situación de ambivalencia en una sociedad polarizada se resuelve “con buen humor”, señaló Escotet en un talk show en el que desveló el tono de llamada que le había puesto en el móvil uno de sus hijos. La voz de Chávez diciéndole: “Escotet se te va a podrir esa plata... Suelta esa plata, desembucha”.

Al mismo tiempo que se expandía en Santo Domingo, Panamá, Puerto Rico o Miami, Banesco creó en 2006 en Madrid Banesco Holding Financiero, bajo el que han ido agrupando las sociedades con activos de Banesco fuera de Venezuela. “Se hizo por tres razones: por las buenas condiciones fiscales, por la seguridad jurídica y porque se quería implantar comercialmente en España. De hecho ya entonces se quiso comprar algo, pero entonces no se podía. Después se intentó con el Banco Gallego pero se adelantó el Sabadell”, asegura uno de los miembros del equipo de Banesco en España.

Sobre las dudas que despierta en el sector el hecho de que el comprador tenga la mitad del tamaño del comprado, o las dificultades para mantener las promesas sobre oficinas o plantilla la fuente del Etcheverría indica que de 67 oficinas que se compraron ya antes a NGB en Asturias y León, “no se ha cerrado ni una, no se ha despedido a nadie, y ya están dando beneficios”. “Cuando Juan Carlos dice algo, no es porque se le escape, es que quiere decirlo. No sé cómo arreglará lo de las preferentes, pero lo hará”. Habrá que estar atentos a que lo cuente en @jescotet.