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OPINIÓN

RTVV: Bienvenidos a la cruel realidad

¿Cuántas veces se ha pronunciado en esa casa aquello de que “oiga, yo soy un mandado”?

El cierre de la radio y televisión pública valenciana va a dejar sin trabajo a unos 1.600 empleados y a otros tantos de empresas externas. Tiempo hay para que los más jóvenes rehagan su vida laboral, con el despido en la mano y un período, más o menos largo, percibiendo religiosamente el subsidio, eso sí. Ahora, la concentración de profesionales sobre el centro de producción de programas de Burjassot y las delegaciones de Alicante y Castellón puede disgregarse en una diáspora que alimentará de oficio, se supone, las diversas comarcas del País Valenciano.

Más difícil, por no utilizar el término “cruel”, lo tendrán actores, especialistas en doblaje, músicos, productoras y los escasos estudios audiovisuales que todavía sobreviven a la crisis. Se quedan con una mano delante y otra detrás. Cruel se atisba así el futuro para quienes decidieron constituirse en empresa, invertir en instalaciones y haciendo frente de manera continuada en la obligada y constante renovación de tecnología. Las mercantiles constituidas para subcontratar, haciendo negocios sin poner un solo duro y que han contribuido al saqueo del ente público valenciano, son otra historia: todos a Parosa (Paro Sociedad Anónima)... y ¡a otra cosa, mariposa!

El mismo respeto que ahora claman les sea tenido en consideración también se le debió haber tenido en cuenta el pasado viernes a Francisco Signes, Paco Telefunken. Ni héroe ni villano: un currito más que se gana el pan, y no como otros, con el sudor de su frente. ¿Cuántas veces se ha pronunciado en esa casa aquello de que “oiga, yo soy un mandado” desde que Eduardo Zaplana (PP) pusiese a Juan José Bayona al frente de la dirección general y a Jesús Sánchez Carrascosa como primer capitán que botó la nave del saqueo y despilfarro?

A fe que habrá empleados que el mismo Partido Popular (PP) ya les debe tener reservada alguna trinchera desde la cual seguir fieles al impasible ademán y presente en su afán. Gabinetes de prensa, radios, televisiones, boletines municipales, comarcales o provinciales y trabajos de negro, les abren las puertas a un gran futuro... mientras la caja y las papeletas azules en las urnas lo permitan. Otros se buscarán la vida, iniciarán proyectos o encontrarán otras salidas profesionales aprovechando que todavía no se ha disuelto el aura que envuelve a quienes hacen que funcione la caja tonta y que alela al personal.

De la clase política, poco que decir, sin novedad en el frente. En el PP ya dan por hecho que la decisión adoptada por el Ejecutivo de Alberto Fabra es un suicidio político. La oposición, en su línea. Muchas promesas sobre la improvisación, que ya veremos quién las cumple, y unas cuantas tonterías más. En este mundo traidor siempre llega el momento en el que, bien por errores propios o ajenos, se regresa a la cruel realidad.