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crítica | teatro

Don Quijote, de Guinea a Lavapiés

Mirage Teatro establece un paralelismo certero entre las fantasías de Alonso Quijano y las de los inmigrantes en un espectáculo asombroso

Actores de Quijotadas. Ampliar foto
Actores de Quijotadas.

“En España, el dinero cae de los árboles en otoño, las hipotecas son de pan de azúcar y te contratan si llevas la peluca de Mambrino a una entrevista de trabajo”. —Marchemos mejor a Portugal, donde las casas se empapelan con billetes, o a Francia, donde cada noche cambias de mujer... “A España, pues si Benzema y Messi están allí, será por algo”, sentenció Hamete Benengeli, quien, de tanto ver telepropaganda y partidos de La Roja, se creía a pie juntillas que todo el occidente es orégano.

Quijotadas, espectáculo documental revelador y divertidísimo que la compañía madrileña Mirage Teatro ha puesto en escena con 14 inmigrantes subsaharianos, establece un paralelismo certero entre las malhadadas fantasías caballerescas de Alonso Quijano, inducidas por una literatura escapista, y las no menos quiméricas creencias que empujan a tantos hijos de África a poner rumbo a El Dorado.

Quijotadas

Dramaturgia: Juan Ayala y Miguel Oyarzun, a partir de la novela de Cervantes. Escenografía: Tomás Muñoz. Luz: David Alcorta. Vestuario y coordinación del grupo de actores: María L. Madrigal. Música: Miguel Pérez-Muñoz, A. Sylla, A. Touré Bangura. Producción: Isla Aguilar. Dirección: Daniel Gallardo, Miguel Pérez-Muñoz, J. Ayala y M. Otarzun. Teatro Español. Del 12 al 17 de noviembre.

Todo cuanto narran en primera persona sus intérpretes les sucedió: los viajes de hasta siete años atravesando 10 fronteras (con temporadas entre barrotes de por medio), para recibir en algún caso una buena paliza al llegar a destino; el salto de valla y foso en la frontera de Melilla, que garantiza que en España solo entren atletas; el miedo de uno de ellos a volver a salir a la calle después de que algún servidor del orden le reordenase los bolsillos… Pero todo, lo dulce y lo crudo, está escenificado con maravilloso sentido del humor y con una ironía cuyo primer blanco son ellos mismos.

Miguel Oyarzun y Juan Ayala, autores de la dramaturgia; Miguel Pérez-Muñoz, director musical; Daniel Gallardo, codirector (junto a los anteriores), y todo su equipo, nos trasladan con alada ligereza de una aldea de Guinea Conakry a un lugar de La Mancha, del baobab de los ancestros a la cueva de Montesinos, de la liberación de los galeotes a la de los recluidos en un Centro de Internamiento de Extranjeros…, y nos regalan una insólita jota manchega afro y una versión ingrávida de Más vale trocar, del prerrenacentista Juan del Enzina, con la que Abubacar Sylla (a la kora) y Ansumane Touré Bangura (a la calimba) sobrevuelan épocas y continentes.

Los intérpretes son magníficos actores naturales todos ellos; la dirección les deja un margen de improvisación textual amplio, para no cercenar su expresividad innata; la puesta en escena es a cuerpo desnudo, ingeniosa y exacta, y el resultado, asombroso de veras. El breve foro final abierto con el público sabe a poco. Quijotadas (el título no hace honor al espectáculo) se merece una buena temporada en cartel: ojalá que el Teatro Español u otro se la den.

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