Silenciosa movilización de unos astilleros sin barcos que construir

Las únicas opciones de contratos militares para la ría de Ferrol están ralentizadas por la crisis o en proyectos que maduran sobre las mesas de Armadas extranjeras

VIDEO: ATLAS (atlas)

Los astilleros públicos de Navantia en Galicia han iniciado su cuenta atrás hacia la nada. El mes próximo, los 2.358 operarios que suman Fene y Ferrol no tendrán ningún barco que construir y sólo en la división de reparaciones navales (carenas) tienen el trabajo asegurado revisando gaseros y adaptando plataformas petrolíferas.

Este mediodía, el grueso de la plantilla directa y los pocos centenares de operarios de las industria auxiliares (800) que quedan todavía en activo se echaron a la calle por segunda vez en 15 días para reclamar carga de trabajo urgentísima para dos factorías que son el motor económico de una comarca deprimida y castigada por el desempleo y la despoblación con especial crudeza. Con este telón de fondo, la movilización  discurrió pausada y muy tranquila para un otoño que los sindicatos había pronosticado que sería 'caliente' en la intensidad de sus protestas. Apenas un par de petardos aislados y algunas consignas contra el PP, el partido que gobierna en Ferrol, la Xunta y Madrid, coreadas con poca fuerza para romper la monotonía de una marcha a pie extrañamente silenciosa que salió por la puerta de Esteiro del astillero ferrolano a las 10:45 y regresó minutos después del mediodía con la misma parsimonia.

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“La gente está cansada ya”, justificaba un veterano sindicalista de CCOO. La plantilla se concentró delante del edificio administrativo de la Xunta en la plaza de España. Su intención era ocupar el rellano pero la seguridad del edificio echó el pestillo antes de que llegaran los primeros manifestantes que dejaron sus huellas empapelando la fachada con folios que criticaban la “incomPPetencia” de los gobernantes. Los dos comités de Navantia en la ría señalan a la dirección de la empresa como la principal responsable de que gradas y talleres estén vacíos por primera vez en décadas. Las únicas opciones de contratos militares para la ría de Ferrol están ralentizadas por la crisis o en proyectos que maduran sobre las mesas de Armadas extranjeras donde el grupo español es sólo un candidato más entre muchos astilleros internacionales.

Pero las gradas vacías de Navantia, una compañía pública que el Gobierno controla a través de la Sepi (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales) tiene otros culpables, insisten los sindicatos. Señalan directamente a la Xunta y a su presidente, Alberto Núñez Feijóo, que en septiembre del 2012 en plena precampaña, dio por seguros dos contratos con Pemex para Ferrol y Vigo que no se adjudican hasta el 27 de noviembre. El PP dice que son “firmes” y pide “paciencia” pero el Comité desconfía y señala, que según la petrolera, hay otros 10 candidatos más que optan a construir los dos floteles que están rodeados de controversia desde que el primer minuto en el que Feijóo los publicitó sin mostrar el contrato. En el limbo de las dudas sigue también otra promesa del Ejecutivo gallego para el naval ferrolano que se llama dique flotante. La Xunta comprometió y presupuestó un anticipo para financiar la construcción de una plataforma móvil que serviría para reparar grandes buques portacontenedores que ahora no pueden recalar en la ría porque falta un 'taller' naval adecuado a sus dimensiones.

Después de crear una comisión con alcaldes de la comarca y dilatar el proceso durante meses, Navantia elevó en julio la consulta formal a las autoridades europeas de la Competencia para ver si el dique, y las fórmulas que el Gobierno central plantea para financiarlo, encajan o no en el marco legal de la UE. Bruselas todavía no ha respondido. Mientras, en los talleres de aceros de los astilleros ferrolano no hay chapas que cortar para nuevos bloques y los despidos entre las subcontratas del naval pasan de 2.500 operarios que han ido directos a engordar las listas del desempleo de una comarca con 19.800 personas sin trabajo. La tasa del paro creció en septiembre -últimos datos de la EPA- un 3,3%, el triple que la media gallega.

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