Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Mas aplaza el pulso soberanista a 2016

El líder de CiU acepta ahora que tendrá que retrasar la consulta si el Gobierno la frena

Artur Mas.

Artur Mas definió el lunes el momento del proceso soberanista como “un avión que está a punto de despegar”, con una velocidad tan elevada que es imposible parar. Pero este jueves el presidente de la Generalitat tomó los mandos del aparato y sus palabras supusieron un frenazo para buena parte del independentismo catalán: el líder de CiU aseguró en una entrevista en Catalunya Ràdio que si no obtiene el permiso del Gobierno de Mariano Rajoy para la consulta sobre la independencia —como es previsible— retrasará el pulso soberanista hasta 2016, cuando deben celebrarse las elecciones autonómicas en Cataluña.

Mas insistirá a Rajoy en la necesidad del referéndum, prometido para 2014, pero este jueves dibujó su plan b y retrasó su aplicación dos años. El líder de CiU puso el foco en la convocatoria de unas elecciones plebiscitarias. Son formalmente unos comicios ordinarios, pero la idea de Mas y otros defensores de esta vía es que los partidos favorables a la secesión se presenten con un punto en común: la proclamación de la independencia desde el Parlamento catalán.

Fiando el derecho a decidir a las elecciones autonómicas de 2016, Mas gana tiempo y trata de tomar la iniciativa política a la espera de la mejora de la situación económica. “Mi voluntad es, si no hay más remedio que hacer estas elecciones, que sean en 2016. Tenemos que llegar con una economía diferente, habiendo dado la vuelta a una situación dramática. Debemos llegar con las políticas públicas del Estado de bienestar recuperadas, y una serie de decisiones tomadas para que haya una recuperación de la confianza en la ciudadanía”, subrayó.

Mas aplaza el pulso soberanista a 2016

El presidente catalán ha cambiado de táctica a cinco días de una Diada muy complicada, un 11 de septiembre en el que el independentismo quiere repetir la prueba de fuerza que mostró el año pasado. Si en 2012 a Mas le sobrevino la masiva manifestación de Barcelona y se vio obligado a convocar elecciones con la promesa de una consulta, en 2013 el dirigente nacionalista ha querido tomar las riendas antes de la cadena humana que organiza la Assemblea Nacional de Catalunya (ANC). Mas ha movido ficha para que el éxito de la movilización no le pille desprevenido.

El líder de CiU no acudirá a la cadena, pero llama a participar porque considera que un éxito de la protesta —que pretende cruzar toda Cataluña— le servirá de argumento de presión a Rajoy para que permita la consulta.

Pese a definir claramente su plan b, Mas insiste en que su prioridad es lograr autorización para el referéndum: “Mi intención, y estoy haciendo todo lo posible, y no solo lo puedo decidir yo, es hacer esta consulta el 2014 y hacerla de acuerdo con las instituciones del Estado”. Pero el relato de Mas ha cambiado. Si hace un año, cuando concretó su intención de convocar una consulta, resaltó que la votación popular se haría con o sin el permiso del Estado, este jueves subrayó que el referéndum solo podía celebrarse si lo autorizaba el Gobierno central. “Como necesitamos hacer la consulta dentro de los marcos legales, necesitaremos hacerla sin que el Estado la dificulte”, mantuvo. Las elecciones plebiscitarias, agregó, son un escenario que prevé, pero que no desea, porque “es un instrumento legal que lleva a la confrontación”. El éxito del independentismo en unas elecciones ordinarias no está claro. Solo 61 diputados del Parlamento autonómico forman parte de los partidos que apoyan la secesión (Convergència, Esquerra, y la CUP), frente a los 74 del resto de formaciones.

El líder nacionalista se aferra ahora al permiso del Gobierno central para cumplir su promesa de convocar la consulta en 2014 que ya tiene pactada con sus socios independentistas de ERC. Pero, pese al optimismo mostrado por su consejero de Presidencia, Francesc Homs —ve un cambio de actitud en La Moncloa—, Mas es pesimista: “El clima que se vive allí es el que es [en contra de la consulta]. PP, PSOE, instituciones, medios de comunicación... El presidente Rajoy cree que si hace un paso a favor de esto se le tirarán encima”, dijo, antes de definir al jefe del Ejecutivo como “una persona que acostumbra a cerrar puertas pero deja hacer y no impone sus dinámicas”.

La Generalitat está a la espera de una respuesta a la carta que Mas envió a Rajoy en julio explicándole su intención de convocar la consulta. En el envío iba adjunto el informe que el Consejo Asesor de la Transición Nacional, que colabora con Mas en el proceso soberanista, redactó definiendo las cinco vías por las que Cataluña podía consultar su estatus político a los ciudadanos: en un referéndum convocado por el Estado; la vía escocesa, una cesión temporal de la competencia para convocar votaciones de este tipo; que el Ejecutivo lo permita a través de la ley de consultas catalanas; una reforma de la Constitución; o el plebiscito dentro de unas elecciones autonómicas.

El argumento de Mas para convencer a Rajoy es que el proceso soberanista no es una iniciativa de CiU, sino un deseo que los catalanes expresaron en la Diada de 2012 y reiterarán en la de este año. “Escuchad bien, poned el termómetro. Cataluña ha cambiado mucho. Ya no es esto de ir a La Moncloa, hacer un acuerdo y convocar unas elecciones para ver si algo ha cambiado. Esto lo hemos hecho durante 30 años. Ahora se debe resolver a través de una consulta”, aseveró el presidente catalán, que retó una vez más al PP a ofrecer una alternativa atractiva a la independencia.

Las palabras de Mas enfrían el triunfalismo del independentismo que ve la secesión ya para 2014 y tranquiliza la inquietud de los sectores que temen el choque de trenes con el Estado. El presidente catalán deberá lidiar con ERC, a la que insiste para que entre en su Gobierno, y con Unió, cada vez menos tolerante con los deseos independentistas de Convergència. Mas subraya que su hoja de ruta sigue invariable, pero el matiz introducido este jueves da dos años más a Rajoy para encarar este conflicto con Cataluña.