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OPINIÓN

España va bien

¡¡Por fin brotes verdes!!! Bueno, despacio que tengo prisa. Coger la parte por el todo suele ser mala práctica y la prudencia más elemental aconseja, como mínimo, un sano escepticismo

El viernes 23 de agosto fui como casi todos los viernes a comprar al Mercadona del barrio. Llegué un poco antes de que abrieran y me esperé a la puerta del garaje. Aproveché para poner otro CD del pack de sinfonías de Beethoven de Barenboim. En el cambio, se conectó la radio .Una voz masculina joven, sin duda la voz de un "experto", estaba ilustrando al personal sobre el prometedor comportamiento del sector exterior español, derivado del incremento de las exportaciones y ayudado por un record de turistas extranjeros construido sobre la desgracia del Magreb y de Egipto (los turistas "nacionales" siguen bastante remisos). Lo interesante de la homilía no estaba tanto en la explicación "técnica" del loable comportamiento (no le oí mencionar la disminución de las importaciones derivada del "bajo tono" de la economía ni la contribución del recorte salarial al incremento de las exportaciones) sino en el "mensaje": "ya no vivimos por encima de nuestras posibilidades y con la estabilización del sector exterior mandamos una señal de que ya no necesitamos pedir prestado del exterior y que nos aprestamos a devolver la elevada deuda generada en los años del boom...Evidentemente hay que seguir el camino de las reformas algunas de gran calado como la reforma laboral....."

¡¡¡Por fin brotes verdes!!! Bueno, despacio que tengo prisa. Coger la parte por el todo suele ser mala práctica y la prudencia más elemental aconseja, como mínimo, un sano escepticismo. Porque, salvo el sector exterior, el resto del panorama no es como para echar las campanas al vuelo. El cambio de tendencia que se observa a partir de Mayo en el empleo (sin entrar en la "calidad" de los empleos creados) está sometido a la lógica cuarentena de saber si estos empleos eran o no y en qué medida estacionales. En noviembre hablaremos. Por otra parte sigue la atonía del consumo privado y la disminución del consumo público afectado por la congelación salarial de los empleados públicos y los sucesivos recortes de gasto social. La formación bruta de capital inmobiliario está todavía bajo mínimos porque el stock de viviendas vacías sigue siendo muy alto a pesar de una tímida recuperación de las ventas de viviendas a extranjeros. La formación bruta de capital "productivo" depende de las expectativas empresariales y a tenor de las informaciones que van apareciendo sobre la evolución de los concursos de acreedores no parece que estas expectativas sean muy prometedoras. La fanfarria de los "emprendedores " choca con un difícil acceso al crédito a un coste muy superior al de la media de la UE, sobre todo cuando se trata de PYMES porque las empresas del IBEX, una ilustre minoría, además de seguir defraudando sin rubor, tienen más facilidades.

Por último, la bola de nieve del dueto déficit-deuda amenaza con incrementarse haciendo estériles los ahorros generados por los recortes. Una economía deprimida genera menos ingresos y una reducción subsiguiente del gasto alimenta la espiral descendente. Por lo que se refiere a la deuda privada, que es la más importante, las dificultades de devolución no son menores y el recurso al papá Estado - también llamada socialización de pérdidas- costumbre habitual como demuestra la crisis bancaria. Por estos lares (el País Valenciano) ya se ha advertido que será muy difícil cumplir con el objetivo del 1´6 del déficit y con fecha de hoy, 24 de Agosto, se insiste en que habrá que continuar recortando gasto social y congelando salarios públicos mientras que se admite que las facturas pendientes de pago y sin dotación presupuestaria ascenderán en 2013 a uno 5.500 millones de euros, una minucia. Todo esto sin que haya ninguna política de crecimiento creíble a escala de la UE a pesar de las declaraciones formales y sin que el Gobierno- seriamente atenazado por la corrupción- haya planteado un cambio de política económica. De "nuestro" gobierno, el de la Generalitat Valenciana, sólo cabe decir que es realmente difícil hacerlo peor y que seguimos siendo la vanguardia de los elefantes blancos y de la política de casino o de cortijo, según los casos.

Por tanto bienvenidas sean las buenas noticias y ojalá hubiera muchas más en poco tiempo. Ni las razonables expectativas de cambio político pueden ni deben oponerse a los buenos deseos pero la cosecha dista mucho de ser aceptable y ni siquiera la utilización bochornosa de la eterna cuestión gibraltareña consigue que el personal se olvide de la dura realidad cotidiana y del obvio y creciente desprestigio de quienes tienen la obligación de gobernar.

En el "mensaje " radiado de referencia no sólo había un optimismo tal vez excesivo sino que además se insistía en la tendenciosa muletilla de que "ya no vivimos por encima de nuestras posibilidades" que es tanto como asumir una especie de pecado colectivo que tenemos que purgar en lugar de llamar a las cosas por su nombre. Esta crisis de la que todavía no se ve la luz al final del túnel no la hemos generado "todos" y, por tanto, como mínimo, es un tema de salud mental colectiva identificar a los autores reales y , a ser posible, que lo es , ejercer el derecho de reclamar la asunción de responsabilidades por parte de los verdaderos causantes de tanto estropicio: el capital financiero, el capital inmobiliario y una política económica dominada por lo que Krugman ha popularizado como "austericidas". Por eso, porque es importante no caer en la trampa de Fuenteovejuna me atrevo a recomendar la máxima difusión de dos recientes y magníficos trabajos: "Acabad ya con esta crisis" de Paul Krugman. y "El futuro es un país extraño" de Josep Fontana. Canela fina y un magnífico ejemplo de pensamiento crítico con fundamento. Sólo a partir de la comprensión podremos no ser pasto de la propaganda más infame y, quizá, sentar las bases para que el futuro no sea un país extraño.

 

Josep Sorribes, profesor de Economía Regional y Urbana de la Universitat de València