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El Sincrotrón Alba abre sus puertas

La instalación científica puntera organiza visitas guiadas para todo el público

Grupo de visitantes en el Sincrotrón Alba.
Grupo de visitantes en el Sincrotrón Alba.

“La oportunidad de conocer una instalación pionera como esta no se da cada día”, comenta Joan Claveria, de 52 años y economista de profesión, pero aficionado a la ciencia. “Tengo curiosidad de ver qué se ha hecho con el dinero invertido y conocer qué experimentos hacen”, añade Albert Parera, de 60 años y empleado de banca. Ambos han participado este miércoles por la mañana, junto a una veintena de personas más, en una visita guiada al Sincrotrón Alba, el acelerador de partículas situado en Cerdanyola del Vallès. Los gestores de la instalación aprovechan el mes de agosto, en que esta permanece parada para realizar tareas de mantenimiento, para organizar visitas guiadas al público en general. Es la segunda vez que se hace. En diciembre se realizó una jornada de puertas abiertas que recibió cerca de un millar de personas.

El Sincrótón Alba, inaugurado en marzo de 2010 después de seis años de obras, es un edificio singular en forma de caracol de 140 metros de diámetro situado al lado de la Universidad Autónoma de Barcelona. Con un coste de 200 millones, financiado entre el Gobierno y la Generalitat, el también conocido como laboratorio de luz acelera los electrones hasta una velocidad cercana a la de la luz. El haz de electrones genera la llamada luz de sincrotrón, que tiene como particularidad más longitud de onda, cosa que da los científicos más posibilidades para trabajar con rayos X duros, rayos X blandos o infrarrojos, entre otros.

El Sincrótón se inauguró

en marzo de 2010 y costó

200 millones de euros

Los visitantes atienden las explicaciones del guía sin apenas dudas. La mayoría de los visitantes no son novatos en el tema y de hecho lanzan algunas preguntas muy técnicas, que al guía le cuesta responder. Este ilustra al grupo el funcionamiento del acelerador con una maqueta. Posteriormente la visita llega a una de las siete estaciones investigadoras que existen, bautizada como Mistral (cada una se ha bautizado con un nombre diferente). La compleja máquina instalada allí, rodeada de cables y tubos, resulta ser un gran microscopio que permite ver las moléculas en tres dimensiones.

Unos metros más allá, en otra de las estaciones a las que la visita no llega, está Lucía Aballe. Ella es la responsable de la línea bautizada como Circe. Con la luz de sincrotrón, aquí se estudian las propiedades físicas, químicas y magnéticas de las capas más superficiales de los materiales, algo especialmente atractivo para los investigadores que se dedican a la nanotecnología. “Nos permite saber cómo debe ser el chip más pequeño y de qué material hacerlo para que sea más estable, guarde más información y durante más tiempo, que use menos energía…”, abunda Aballe.

Los visitantes ante una de las líneas de investigación.
Los visitantes ante una de las líneas de investigación.

Anna May, ingeniera química, echa a faltar “más contenido científico y que el guía fuera un investigador”, pero aplaude que se divulgue al gran público los experimentos que ahí se realizan. “En un momento de recortes está bien que se sepa el papel tan importante que tienen la ciencia y los investigadores”, añade esta joven de 28 años. En esta idea coincide Joan Claveria, que ha venido a la visita acompañado de su esposa. “Aquí se está construyendo el futuro y no somos conscientes. Me preocupa que los recortes impidan que el sincrotrón crezca y que haya una fuga de talentos”, comenta este aficionado a la ciencia, que también ha echado en falta más detalle sobre las investigaciones que se llevan a cabo.

De hecho, Claveria no iba desencaminado. El subdirector del Sincrotrón Alba Gastón García asegura que, en un principio, las administraciones mantienen su financiación, pero alerta de que la falta de nuevas inversiones puede impedir que la instalación crezca hasta las 30 líneas de investigación para las que fue construida. “Alba está pensada para crecer y actualmente ya tenemos dos líneas aprobadas científicamente que podrían incorporarse. Hace ya tiempo que esperamos los fondos, pero no sería conveniente aguardar mucho más, porque si no sería una instalación infrautilizada”, lamenta García.