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“Juerga gitana” en homenaje a Carmen Amaya en Begur

La localidad fue la escogida por la bailaora para pasar sus últimos años y la nombró hija adoptiva

Pilar Montoya, La Faraona.
Pilar Montoya, La Faraona.

El baile, el cante y los sones de las guitarras de artistas flamencos de renombre y llegados de diferentes puntos de la geografía española, se unieron la noche del viernes y el sábado en Begur (Baix Empordà) para dar forma a Juerga gitana. Este espectáculo, concebido por la sevillana Pilar Montoya, La Faraona, como homenaje a la gran bailaora Carmen Amaya, se estrenó ante las 500 personas que llenaron el patio de las Escoles Velles, entre ellos, el sobrino y ahijado de Amaya, Juan Antonio Escudero.

Carlos Murias, se inspira en la desaparecida estrella del flamenco, conocida ya de jovencita por La Capitana. “Con su frescura, sentir y estilo salvaje imprimió una huella que todavía está viva”, asegura la coordinadora del espectáculo, Isabel Ruiz. La “juerga”, revive la figura de Amaya, que impuso en la historia del arte flamenco la fuerza de la mujer gitana y su matriarcado.

El escenario, al aire libre y al pie del castillo de Begur, una fortaleza que Carmen Amaya ayudó a iluminar recaudando dinero en su último baile.

La dinastía gitana de los Farruco y otros grandes nombres del flamenco se han reunido en este espectáculo procedentes de Sevilla, Barcelona, Cádiz y Jerez de la frontera. Grandes en el baile estuvieron Juan Antonio Fernández El Barullo, hijo de La Faraona, y la gaditana María Moreno, que con sus ágiles, enérgicos, rítmicos y sinuosos movimientos encandiló al público. Tres generaciones de artistas, en el tablado, la más pequeña La Pilota, de siete años, con un innato arte calé. Como colofón, la artista invitada, Antonia Santiago, La Chana. La barcelonesa, bailaora autodidacta, revolucionó el mundo del flamenco en los setenta por sus innovadoras combinaciones rítmicas, su velocidad, expresión y una fuerza sin precedentes. Retirada desde 1992, bailó sentada y sus piernas y sus pies taconearon a un ritmo como hacía años que no hacían. Con sentimiento, con poderío, con respeto y dedicación a la gran bailaora. Hora y cuarto de espectáculo y para finalizar, las palabras de La Faraona en recuerdo al legado y la figura de Carmen Amaya.